UNA PRIMAVERA PARA DISFRUTAR -SAINETE-
Una primavera para disfrutar
Sainete
PERSONAJES:
RICARDO.- Un anciano de aspecto bastante decadente, con
bastón, torpe de movimientos.
JAIME.- Un joven agradable, bien vestido, de sonrisa fácil.
Ambiente: Primavera. En la casa, salón comedor y un teléfono
antiguo.
Música de Radio
Tormes, Torre de Arena o similar en tono muy bajo mientras habla por teléfono.
En la escena segunda ruido de tráfico, muy suave, en el banco del
paseo.
Escena Primera
En escena
Ricardo, con un paño en la mano limpia los muebles, una mesa, dos sillas, un
aparato de radio sobre el aparador y unas
fotos de familia.
Se oye Torre
de Arena en la voz de Mary Fé de Triana
mientras Ricardo limpia el polvo a los muebles tarareandola muy mal. A
los veinte segundo aproximadamente suena
el teléfono. Sigue la música (ahora más bajo para oír la conversación),
Ricardo
.- Sí, dígame, ah, hijo, ¿cómo estás?.
-silencio unos instantes- ¿que te han despedido? ¡Vaya, lo siento muchísimo, ya
te dije que tarde o temprano… -nuevo silencio- No hijo no, no te estoy riñendo,
bastante tiene tú con que te hayan
despedido de la fábrica - nuevo silencio -, no, claro, no puedes, lo entiendo,
¿lo sabe ya Raquel?, claro… a fin de
cuentas es la más afectada, y a la niña, ¿se lo dijisteis ya?, ¿cómo lo ha
tomado?… claro, claro, es para tomarlo mal, seguro que entre las dos te habrán
puesto mirando a Toledo…- nuevo silencio -, que no, hijo, que no te estoy
riñendo… ¿has ido por el sindicato?… ¡que no hijo, que no soy nadie para
decirte lo que tienes que hacer… por lo mio no te preocupes, si no me puedes
ayudar a pagar la Residencia o, me quedo en casa, no creas que me hacía ninguna
gracia -nuevo silencio-, claro, hijo, ya
te digo, yo me apaño y ¡sanseacabó!, pero, ¿y tú? …- nueva pausa- si, hijo si, no
se me ha pasado por la cabeza la idea de ofenderte, Dios me libre… Adios. -Cuelga el teléfono y se
pasea hablando para sí.
“¡Como si no lo hubiera visto yo venir!, con la
dichosa crisis y las famosas localizaciones, en estos casos, las
multinacionales son las primeras ratas en saltar del barco, primero el ere ese
de los huevos, luego los despidos incentivados, las prejubilaciones… en fin,
que el pobre Anibal está en un brete y no sabía como decirme que le era
imposible mandar el dinero para la
dichosa Residencia…!Y quien le ha dicho a él que yo quiera irme a una
Residencia!. Bien sabe Dios que fue cosa de Raquel… Quizá he estado un poco
áspero con el chico pero es que es duro verse así y encima que ni tengan a bien
preguntarte cómo te encuentras cuando hace dos meses que murió su madre y no se
han dignado venir ni un fin de semana en todo este tiempo, ahora, para coger
las cuatro perras del banco sí, para eso les faltó tiempo… ¡ten hijos para
esto!, a punto he estado de mandarle a buen sitio… -Durante unos segundos
guarda silencio y golpea con el trapo los muebles de mal humor, después de
limpiarse con un pañuelo de forma estridente, vuelve a monologar- Pobre hijo
mio, con lo calzonazos que es ¡a saber
si no habrá dejado de pagar las cuotas del sindicato! No estaría yo muy seguro,
siempre ha sido un tarambana para los pagos. Dijo que sí, pero vete tú a saber…
-nueva pausa, apaga la radio y se queda un momento pensativo- treinta años
trabajando en la cadena de montaje de la fábrica de lavadoras y ahora… a los cincuenta
y cinco … a la puñetera calle, de “acerero”, a rumiar la pena de saberse bueno
para nada. ¡hay que fastidiarse!. Y esos golfos presumiendo de que se bajan el
diez por ciento sus sueldos… ¡que me dieran a mí uno de esos diez por cientos…!
Y luego dicen que tranquilos, que vamos a salir… Yo al menos sí que voy a
salir, con los pies por delante más pronto que tarde… Hay que fastidiarse con
esta tropa…
“ Yo, -se palpa el pecho al decir esto-, ningún problema, total, ya voy aprendiendo a guisar un poco, y
limpiar… ya limpiaba, con lo de la enfermedad de Aurora, ¡decidido!, rompo los
papeles de la Residencia y me apaño con lo que sea… el que tiene un buen marrón
es el pobre Aníbal, ¡menuda es Raquel
para tenerlo en casa todo el día! Y encima, teniendo que recortar gastos, no
quiero pensar en el momento en que le hable de vender el coche y reducir la
asignación a la niña… ¡que esa es otra! a ver quien es el guapo que le dice
a la “niña” que lo de lo de los treinta
euros a la semana no se puede soportar ya. - Se queda pensativo, sale de escena
y vuelve con un bote de cola-cao.
“Esta sí que es buena, un bote de Cola Cao por
todo haber… ¡como no me haga un colacao con agua! Nada, decidido, iré al Pryca y compraré un poco de todo,
¡total, para mí solo! con la pensión y el alquiler del local… ¡cómo un
maharajá!.
Cae el telón
Escena Segunda.
NARRADOR.-
Ricardo está sentado en un
banco del paseo, ve pasar a la gente, habla para si.
RICARDO.-
(Hablando para sí)
“Compraré de todo, carne, pesca, verduras, leche…
de todo, poco de cada cosa, claro, pero, de todo, me tocará hacer varios viajes, pero ¡cómo no hay prisa! - respira hondo -Se está bien aquí al sol,
pronto abrirán el Pryca. ¡qué prisa tengo! Lo meto todo en una gaveta y poquito
a poco, ¡a casa! ¡quien dijo miedo!.
Tiempo es lo que le sobra”.
NARRADOR.-
Mientras
Ricardo habla para sí, se ha sentado a su lado un hombre joven, con un
periódico doblado bajo el brazo, tiene los ojos bajos, de pronto se queda
mirando a Ricardo de hito en hito.
JAIME
¡Buenos días!
RICARDO.-
Buenos días nos de Dios.
JAIME.- (Mira de hito en hito la camisa de
Ricardo, mal abotonada)
Perdone, señor… pero es que… tiene mal
abrochada la camisa, no le parezca mal… por si acaso coge algo de frío,
JAIME.-
(Jaime se adelanta a sus torpes movimientos)
Si me permite, - en un momento le ajusta
correctamente la camisa - no hay que
fiarse del sol de abril, es muy traicionero.
RICARDO.- (Dubitativo)
Claro, claro, es que… ¡hay días que no está uno
para nada… usted ya me entiende.
JAIME.-
(sonriendo)
Nos pasa a todos, ¡si yo le contara!.
.
RICARDO.-(hablando
para sí, con la cabeza baja)
La soledad es muy mala… estoy haciendo tiempo, ¡como hasta
las diez no abren el PRYCA!, aquí, en España ¡ni sé como podemos comer!, Yo viví
más de quince años en Alemania… y allí, a las siete ya estaba todo el mundo en
la fábrica, a toque de sirena, ¡como en un cuartel!,… Aquello es otro mundo, ¡Dónde va a parar!,
luego pasa lo que pasa, aquí parece que todos somos capitalistas… ¿sabe? En mis
tiempos trabajábamos hasta dos turnos… ¡hay quien hizo su buen capital!, no crea usted que lo regalaban, había que
sudar la camiseta…, y se ahorraba para volver, se vivía peor, el frío, ¡ya
sabe!, pero algunos hicieron su pequeño capitalito, conozco a varios que tienen
buenos bares, pisos, y hasta alguna tienda, bueno, a esos es a los que peor les
va, pero, los que compraron pisos en los años setenta y ochenta, ¡cuando yo me
vine!, esos están muy bien… - se rebulle en el banco, hace intención de incorporarse,
parece incómodo - pero, tal vez le estoy molestando con mi cháchara, ¡cómo paso
tanto tiempo solo!, usted, si le molesto, me lo dice y ¡tan contentos!.
.
JAIME.-
(poniéndole la mano derecha sobre el hombro)
No, por favor, ¡todo lo contrario!, a mi
también me viene bien tener compañía, tengo hora para el médico a las once y
media, he dejado a la niña en el colegio y, sinceramente, no tengo nada mejor
que hacer, ¡si es que a usted no le
molesta!.
RICARDO.-
(con cara de asombro)
¿Le ocurre algo malo?, no tiene pinta de estar muy mal, desde luego, la cara…
JAIME.-
No, desde luego no se ve, es cosa del trabajo,
Estrés, estrés laboral, demasiadas horas ante los ordenadores, demasiadas horas
pendiente del público, demasiado tiempo sin estar en casa, siempre de viaje,
comidas fuera, en fin, usted ya me entiende…
RICARDO.-
Claro, claro, el mundo de hoy, ¿y no podrían
ustedes?. Y perdone que me meta dónde no me llaman, trabajar menos, con la
cantidad de paro que hay… que unos trabajen tantas horas y otros… en fin, usted
sabrá, pero podría evitar ese mal que dice, pasear con la niña, estar con su
esposa, salir, pero salir a pasear… a
comer por ahí, en fin, ¡yo que sé!. Otra vida, miré, cuando vivía mi pobre
Aurora ¡a quien Dios tenga en su gloria!, tampoco teníamos tiempo para nada,
cuando estuvimos en Colonia, en Alemania, para que usted me entienda,
trabajábamos los dos, por la cosa de ganar dinero y venirnos, por ahorrar,
apenas hacíamos más que comer patatas,
verduras y cosas así, la carne, los quesos, eso era artículo de lujo… en
fin, al volver… cogimos un local y yo seguí trabajando, ¡de zapatero remendón!,
que en mi vida me había
visto en otra, viendo a mi padre, había
aprendido a manejar la lezna, ya sabe, la cosa tenía las letras gordas y era cuestión
de aplicarse un poco, ¡entonces!, ahora no, ahora las cosas son muy distintas
para todos, bueno, ¡a lo que iba!, ¿sabe lo que hicimos?
JAIME.-(mirando
con simpatía a Ricardo)
No sé, si pusieron una zapatería, trabajar, supongo.
RICARDO.-
Claro, hijo, claro, trabajar como burros, Y nos
fue bien, quizá fuera que no había otro zapatero remendón en el barrio, o que
trabajaba bien, o que cobraba poco…, ¡lo que fuese!, el caso es que no tenía un
momento de sosiego, Aníbal, el muchacho,
se nos fue a trabajar fuera, a una empresa muy fuerte, a una fábrica de
lavadoras, se caso por allí, cerca de Madrid, en el cinturón industrial, y de
guindas a brevas viene a vernos, ¡quía!, miento, hace dos meses que murió su
madre y desde entonces… bueno, desde entonces solo me llama para darme
disgustos. Hoy el último…
JAIME.-(con
timidez)
Ya, claro, ya me parecía a mi que estaba usted
un poco tocado del ala, la soledad debe ser … terrible
RICARDO.-
Sí, hijo, sí, muy mala, ¡el tiempo que hemos perdido de
estar juntos mi Aurora y yo!, ¿para qué
queríamos trabajar tanto? Si al final, ahora que ella no está,
no me llega ni para irme a una
Residencia de pago donde tener compañía, por eso, ¡ya le digo!, si le molesto,
usted me lo dice, me callo, que tampoco es cosa de darle la tabarra a la gente
con las penas de uno...
JAIME.-
No, por Dios, ¡que cosas dice usted… ¿cómo se llama?
.
RICARDO.-
Ricardo, para servirle… ¡oh!, ¿qué le parece? La costumbre
de toda la vida, ¡cómo si estuviera uno para servir a nadie!.
JAIME.-
Bien, bien, Ricardo, mire, yo soy Jaíme, ¿qué le parece si vamos a hacer esas
compras y seguimos con la conversación? Total, apenas son las diez, me sobra
tiempo y seguro que a usted no le molesta que le acompañe.
RICARDO.-
Lo que yo hubiese dado por tener una conversación como esta
con mi Anibal. ¿Le he dicho que mi hijo se llama Anibal? Si, claro, pues esta mañana - Ricardo se incorpora del
banco, Jaíme le toma del brazo, se siente extraño, - me llamó para decirme que
le han despedido, a lo que parece han
hecho una criba, no sé cuantos, varios miles… a la calle, es una empresa que
está en toda Europa, fabrica lavadoras, me llamó para decirme que no me podía
ayudar a pagar la Residencia y ¿sabe que
le dije?. ¡Casi le he mandado a freír gárgaras …!, el pobre…
-Ricardo suspira profundamente - bastante tiene con lo suyo, ¿que
necesito yo que me ayuden para encerrarme en vida con viejos que se apartan a
morir como los elefantes?. Por eso, sabe usted, Jaime, he decidido que no me
voy a ninguna parte, ¡me apaño solo!, como Dios me de a entender y ¡santas
pascuas!, bastante tiene él con aguantar a la parienta y a la niña, ¡menuda
niña!, tres años lleva con el último
curso de Periodismo, un dineral le cuesta… ¡y encima darle treinta euros a la
semana para tabaco y vicios!, ¡menudo saque tiene la cría!.
JAIME.-
Perdone, Ricardo, quizá se está usted agobiando y no es
para tanto, si solo tiene una hija
estudiando… y ¿dice usted que lleva
treinta años trabajando en la empresa?… - Jaime saca una calculadora del
bolsillo interior de la chaqueta y empieza a hacer cálculos - entre la
indemnización, -teclea varias cifras, hace algunos cálculos y luego sonríe-, ¡le
queda suficiente, algo menos de lo que gana ahora, ¡naturalmente!, pero puede
vivir bien, peor está usted… y se muestra dispuesto a luchar...
RICARDO.-(sonriendo
con un poco de sorna)
Cabal… ¿no voy a echarme a morir porque me
falte mi Aurora?.
JAIME.-
Ahora vamos a PRYCA, nos tomamos algo en cafetería, yo le
invito, usted no lo sabe, ¿cómo va a
saberlo?, pero… -hace una pausa - cuando
me senté a su lado, no sabía que iba a
hacer con mi vida, pero, ha sido charlar unos minutos con usted y también he decidido que viviré! Le pediré el
alta al médico, aceptaré la reducción de
jornada y de sueldo… para tener un aumento de vida… gracias a usted he visto el
camino, ¡Y eso vale, ¿o no opina usted lo mismo?, por lo menos un café con
tostadas. ¡Lo acepta!
RICARDO.- (retraido)
Bueno, si…, pero luego iré con usted a hablar con ese médico,
no me fío, ¡me parece que usted cambia de opinión con demasiada facilidad!
JAIME.-
Vale, papá, vale, -
dice en broma -¿a ver si va a resultar
que hemos hecho una componenda más allá de un café con leche?.
RICARDO.-
Bien, Jaime, -, duda un instante, sonríe - de acuerdo, hago
la compra, la dejo en una gaveta y vamos a ese médico, ¡hay que hablarle claro!, y luego… al
trabajo, ahí si que la negociación tiene que ser dura, tiene que demostrar
entusiasmo, con esto de la crisis hay que hacerles ver que puede trabajar menos
para dejar horas a otro, no es fácil que entiendan que pretende trabajar lo justo para vivir,
¿tienes mucha familia?
JAIME.-
Sí, de sobra, Margarita, mi mujer, la niña… y
mi amigo Ricardo, ¡ah! y tiempo… y una primavera para disfrutar, ¿qué más
necesito?
Telón.
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