QUE ME QUITEN LO BAILAO
Que me quiten lo bailao. Pepe Ramos ¿Quién puede creerse que me subí a horcajadas a la barandilla de un quinto piso a tensar las cuerdas de la ropa? Ellos, solo ellos, que están en otra onda. ¡Mira que no darse cuenta de que ese diablo de Rubén me había dejado tocada de ala al marcharse de aquella manera!… Todo el mundo entendió que me había quedado sin ganas de vivir… Y si vas a ver, estaba justificadísimo, porque, desde que murió mi Antonio, no habían entrado en casa más pantalones que los de mi hijo y es más que probable que, conociéndola, Enriqueta temiera por la herencia con la llegada de ese chico, porque, de la noche a la mañana, me convertí en una mujer coqueta, juguetona, alegre, que amaba la calle, las compras, vivir la noche… Ese chico me tenía sorbidito el seso y los chismorreos de las vecinas me hacían gracia. ¡Como que ponía pimienta a la vida…!Si hasta el señor Andrés me canturreo una mañana, que bajábamos juntos en...