BRUMAS Y SECRETOS -Relato breve-

 

                                    Brumas y secretos.

                                      Relato breve

Pepe Ramos

 

Hospital General Yagüe.  Despacho de psiquiatría. Consulta del Dr. Izquierdo Gamarra

El doctor Izquierdo revisa una carpeta azul en la que apenas hay un par de folios, frente a él, al otro lado de la mesa, un hombre de unos cuarenta años, vestido con bata azul y zapatillas de felpa,  parece indiferente a cuanto le rodea.

El sol de la tarde entra a raudales, reflejando la imagen de un árbol en la pared del fondo.

-Vamos a ver, Marcelo ¿Realmente no recuerda nada del accidente?

-Nada del accidente… -responde el interno.

-No repita mis palabras, por favor,… llevamos demasiado tiempo estancados, algo tiene que recordar…

-Recordar… no doctor, solo sé lo que ustedes me dicen… solo sé…

-Sí… pero nadie aparece de la nada en un accidente de tráfico… junto a un coche hecho chatarra sin que nadie reclame nada, nadie pregunte nada, ¡es que nadie se ha interesado por usted!… ¿no le parece extraño?…

-No sé, ¿Es extraño?

-En su chaqueta encontraron los restos de una carta y un nombre, Marcelo… ¿cree usted que realmente es ese su nombre?

-No sé, es probable… ¿qué decía la carta?

El doctor le tiende un trozo de papel en el que lee deletreando con cierta dificultad: “ … puedes prescindir de mí, no lo sueñes… cosas de por medio Marcelo, no creas…”

El rostro del interno permanece  impasible. . El doctor escruta el movimiento de sus manos, de sus ojos… nada.

Se mantienen en silencio unos instantes, después, el doctor se incorpora y sale del despacho, el trozo de papel ha quedado sobre la mesa.

Desde la habitación contigua, el doctor observa en el espejo que cubre toda la pared como el supuesto Marcelo sonríe, se frota las manos y secándose el sudor en la bata, mira por la ventana.

Después, vuelve sobre sus pasos, toma el trozo de papel y lee detenidamente el texto una y otra vez, lo dobla y vuelve a dejarlo sobre la mesa. De nuevo ante  la ventana, contempla el jardín unos instantes,  apoya un codo en el alfeizar y sonríe mientras murmura. “Esperaré, no me cabe otra, si me descubren tendría que…

Se abre la puerta, es el doctor que vuelve, se sienta y espera a que el paciente tome asiento frente a él, guarda silencio durante un par de minutos, Marcelo, impaciente, se remueve inquieto. Por fin, tras un largo silencio, el doctor explica:

-Marcelo, su mujer le aguarda en el jardín. ¿Desea verla?

-Mi mujer… No, mi mujer está en… -Se interrumpe cubriéndose la cara con ambas manos,  rompe a llorar, cuando se calma balbucea:

        – es... es una trampa… ¿verdad?

-Lo siento, no me ha dejado usted  elección,  nos ha estado engañando.

-No, doctor, usted no puede hacerme eso, usted…

-Sea usted quien sea, tendrá que afrontar la realidad ¿qué hacía  en ese coche? ¿Qué quieren decir las palabras de esa carta? ¿De qué  intenta escapar? Usted conoce el misterio que se esconde tras ese extraño accidente… Esto es un hospital psiquiátrico, no un refugio en el que uno pueda ocultarse cuando no se ve capaz de  afrontar la realidad… Pase por Administración y recoja sus cosas… Aquí no tiene nada que hacer…

-Pero yo… no tengo…

--Usted, como todo el mundo, tendrá alguien que le espera en alguna parte. Alguien que sufre su ausencia…

- Sí, claro,  pero…

-Vaya usted en su búsqueda, Marcelo… O como se llame…

El hombre abandona el despacho cabizbajo en tanto que el doctor descuelga el teléfono.

-¿Saben ya el resultado de las huellas…?

-Sí, doctor, le esperan en Salamanca, un buen elemento… tiene varias causas pendientes… En realidad se llama…

-¡No me lo diga, no quiero saberlo! En la carpeta anoté Marcelo X, no merece la pena estropear el expediente. Estoy cansado y me esperan en casa.

Se hace un silencio, después, desde el otro lado surge la pregunta.

-Dígame doctor  ¿cómo se dio cuenta?

-No me di cuenta, jugué de farol…  tres meses es mucho tiempo para no cometer errores…

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