Una visita inesperada.
UNA VISITA INESPERADA. La lluvia caía fina sobre los ventanales cuando llamaron a la puerta. Clara dudó antes de abrir. No esperaba a nadie. Su marido estaba en el despacho y la casa, demasiado grande, solía ser un refugio de silencios bien elegidos. Pero aquel timbre, insistente, tenía algo distinto. Al abrir, lo vio. Un joven, empapado, de no más de veintidós años, de pelo oscuro pegado a la frente y una carpeta de plástico sujeta contra el pecho como si fuera lo único que lo mantenía en pie. —¿Señora Clara Rodero? —preguntó con voz firme, aunque cansada. Ella asintió, incómoda. —Necesito hablar con usted. Es importante. Había algo en sus ojos. Algo, que le resultó inquietantemente familiar. Lo hizo pasar. El chico no se sentó de inmediato. Recorrió el salón con la mirada, deteniéndose en los retratos familiares, en los muebles antiguos, en cada detalle que hablaba de una vida ordenada. —Me llamo Daniel —dijo al fin—. Y creo… no, estoy seguro… de que soy su hijo. El s...