Carta a Javier.

 


                                        Salamanca a 22 de abril 2025 

Querido sobrino Javi:

Te habrá extrañado no tener noticias mías desde hace tanto tiempo, lo cierto y verdad, querido sobrino, es que hemos estado en un carrusel de cambios, no hemos tenido tiempo ni para rebullir.

Me alegra mucho lo que nos cuentas de lo bien que estás en la Mercedes aunque te toque trabajar en cadena, que eso debe ser muy pesado de llevar. ¡Cuántos quisieran estar, en estos tiempos que corren, en Alemania!, no por nada, solo por la tranquilidad que da la rutina y la seguridad, ya me entiendes.

Como te decía, por aquí todo está cambiando de día en día, recuerdo con nostalgia cuando estábamos pasando esa racha terrible que fue el Covid-19, las vacunaciones, que aquello me recordó la época del racionamiento que viví de crío, un descontrol, un miedo al contagio, por un lado te estaban diciendo a todas horas que evitases las aglomeraciones de gente, y por otro, tenías que hacer colas para todo, pero, sobre todo, para que te pusieran la vacuna dichosa, tardaban mucho para cada uno y los sanitarios que nos atendían estaban más que hartos de tanto trabajo y tantas horas pinchando, el que pinchaba, y corriendo por las teclas del ordenador, el que tenía que darte el carnet de vacunación
.
Ese día ya lo tenías hecho, ni pensar en ir después a trabajar, el que tuviese trabajo, derechito a casa y a descansar, por si te venía algún mareo, o fiebre o... vamos, cualquier otra cosa, que de todo hubo... y sigue habiendo, aunque han pasado tres años largos.
La verdad es que, a pesar de que aquello fue pesado y triste, muy triste, colas para todo y caras de acelga todo el mundo, de verdad, Javier, no parecía España, cerraron la mayor parte de los bares, y los que quedaron eran prohibitivos para nuestra economía, cambió mucho todo, empezó a cambiar entonces, a lo largo del 21 pero después, ¿cómo te diría?, todo fue, demasiado normal, sabes, demasiado igual para todos, bueno, para todos los que teníamos dinero, yo, y que no falte, aún puedo contar con la pensión, que hay otros... los de las colas del hambre, que están mucho peor.

A veces, pienso que si yo fuese más joven me habría tocado estar entre ellos y se me pone una cosa en el estómago que... porque, con el trabajo que tenía... ¡de qué iba a vivir!, siempre hay que dar gracias a Dios, porque, después de tres años y pico, ya se nos va yendo el miedo, a todo se hace uno, solo nos queda la pena de los que están peor, no poder ir a las tertulias, ¡con lo que me gustaban!, ni al teatro, ni al cine... por los precios, ¿sabes?

Con la vacuna vamos un poco más tranquilos, solo un poco, porque, si te contagias, de pasar un par de semanas en el hospital no te libra nadie... ¡Y cómo sale uno luego!.

Ya te digo lo que hay por aquí, la alegría de antaño se fue, todo está muerto, me refiero al ambiente, más que nada por miedo a contagiarse, y porque hay pocas actividades sociales que no cuesten dinero. y eso no abunda.

Ya me contarás como vais vosotros, ¿qué tal le va a tu pareja en la frutería? ¿Gana suficiente? Perdona que sea tan indiscreto, es que, la verdad, sería para mí motivo de mucha alegría recibir buenas nuevas vuestras.

Aquí, en España, se ven pocas cosas del extranjero, los corresponsales envían sus crónicas  con fondos de avenidas desiertas, las declaraciones de los dignatarios no se traducen, todo el mundo viene en versión original y hay que saber inglés, ¿y si no?, pues, no se entera de lo que pasa y punto.

No te cuento más, querido, de verdad, no quiero amargarte el día, pero tú, si quieres, me cuentas todas las mejoras que disfrutas por ahí. ¿Vale?

Te quiere, y os desea lo mejor a los dos, tu tío Pepe

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