LA IMPORTANCIA DE DEJAR HUELLA
La importancia de dejar
huella
Dedicado, con mucho cariño a
Dª Adoración Holgado por todo el bien que hace la Universidad de la Experiencia
que ella potenció y sigue potenciando.
¿Qué me hubiera perdido de
no haber hecho caso a Claudio?
Muchas cosas, la primera de todas, no
hubiese conocido gente estupenda, entregada, que comunica ilusión y entusiasmo
a los mayores cuando todo a nuestro alrededor es indiferencia..
No hubiese conocido a doña
Adoración Holgado, nuestra querida “Dory”, promotora entusiasta de la idea y
gestora infatigable de la misma, a Mary Tere, ¡Qué memoria, Dios mío!, ni al
profesor Flecha, ni al profesor Sanchez
Caro, que tiene toda la Biblia en la cabeza y lo cuenta con pasión, ni a Maria
Eugenia, que nos hace sentir jóvenes, ni a Sergio, que me impulsó para hacer
ese blog en el que dejo “mis cosillas” para que todo el mundo pueda leerlas, ni
a Mercedes y su amor a la radio bien hecha, ni me hubiese reencontrado con
Julia Villa y su interés por los mismos escritores que me entusiasman, a don
Antonio y sus reflexiones sobre el proceso de la memoria para encontrarnos, lo
más tarde posible, con el primo alemán… Al profesor Senabre, que nos despertó
el amor por Castilla y León, a doña Ana María Carabias, que nos hizo amar a
Carlos V, Isabel la Católica y Juana la Loca, en fin, que nos hizo comprensible
a los Reyes de España…
Todo ese plantel de
estupendos profesores que consigue mantener, pese a los recortes
presupuestarios, nuestra querida Dory…
¿Qué hubiese sido de mí sin
la Ponti?
Lo ignoro, pero, lo que es
seguro es que me hubiese divertido menos, hubiese aprendido menos, en definitiva, hubiese sido menos feliz.
¿Por qué?
Porque en la “Ponti” he encontrado el
“Balsamo de Fierabrás” aceptación, cariño, respeto, reconocimiento, ilusión y,
sobre todo, el convencimiento de que sirvo para cosas que ni soñaba.
En la “Ponti” me acostumbre
a abrir las antenas a la aldea global en la que estamos, me descubrieron que
era capaz de escribir, de cantar, de relacionarme con los otros…
¿Qué me hubiese perdido?
¡Me hubiese perdido tantas cosas buenas! Por
ejemplo, no hubiese nacido, aunque a
nadie le importe, Virgilio Justo, el “alias” tras el que se esconde un profundo
amor a mi padre, que cuenta lo que me pasa,
lo que me entristece, lo que me alegra…
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