GLORIA (CUENTO)
Gloria,
Gloria, irritada por
la tardanza de Carlos, se desploma sobre el sofá-cama dispuesta a tener una
larga conversación con él, está harta de consentir su forma de proceder.
“Es una más, pero
esta, me la paga, ¡vamos si me la paga!, desaparecer sin decir a cómo lo
venden. Sale a las cuatro para la tienda y estas son las horas que no se ha dignado hacer una llamada y decir,
aunque sea mentira, solo por tranquilizar “oye Gloría, que me ha surgido un
imprevisto y llegaré tarde, te acuestas, un beso”… lo que sea, el caso es que una pueda saber a qué
atenerse, ahora que esta, me la paga,
vamos si me la paga… Que ya me tiene hasta el moño de que siempre tenga
una que hacer lo que a él le da la gana y encima, nunca está conforme… Treinta
años sirviendo al señorito… Vamos, que no, que la hija de mi madre no pasa
más por ahí…”
Raúl, el hijo
mayor, la encuentra en posición fetal en
el sillón de la sala de estar a las ocho, y sin ningún miramiento, la zarandea
mientras le pide el desayuno.
- Pero, mamá, ¿otra vez os habéis enfadado?
Anda, levanta que es muy tarde, mientras me ducho ¿por qué no me preparas un
cola-cao y unas tostadas?
Gloria se sobresalta,
¿qué ha ocurrido?...de pronto recuerda, el golfo de Carlos no se ha dignado aparecer, eso es lo que ha
pasado. Bosteza, se estira y hace un gesto de saludo a Raúl, pero sigue en
silencio.
- Anda, guapa, haz el favor… a ver si puedo
adecentarme un poco, que tengo un examen a las 10 y fíjate que horas son.
Solo cuando se pone en
píe Gloria contesta, de mal humor.
- Ahora voy, Raúl, ahora voy, que una, con
este desbarajuste no da a basto… tu señor padre no se ha dignado aparecer y
yo…Estoy baldada, tengo un dolor de riñones…
- ¡Vaya con el viejo!, y luego nos da la
brasa con el sonsonete ese de los
principios… No te preocupes, ya me encargo yo de decirle cuatro frescas
en cuanto se persone, a ver si reacciona…
- No adelantemos acontecimientos… Puede
haberle pasado algo…
-Tu misma, si quieres
seguir eternamente así.
Raúl hace el gesto de
atornillarse la frente con el dedo índice y sale en dirección a la cocina.
Carla está
preparándose un café con leche y tostadas, Raúl se sienta a la mesa y comenta
con sorna.
- ¿Qué te parece, hermanita?… el viejo no ha dormido en casa y mamá
está…
Sin volverse, Carla pregunta.
- Supongo que querrás un cola-cao y tostadas
¿no?..
- Vale, hermanita, vale, porque si esperamos
a que reaccione mamá nos pueden dar las uvas…y yo, la verdad es que de rollos…
como que paso.
* * * * * *
Media
hora más tarde han salido los dos hermanos dando un portazo y Gloria, al verse
sola, da rienda suelta a su preocupación, precipitadamente se arregla y sale,
con las llaves en la mano a la comisaría de policía para denunciar la
desaparición de su marido.
El
comisario que la atiende no puede ser más lacónico.
-
Créame señora, entiendo su preocupación, pero, ¿se da usted cuenta de que solo
son las diez de la mañana? ¿A qué hora
salió su marido de casa?
Gloria
responde nerviosa mientras jugueteando
con las llaves.
- ¿Ayer? No sé, a las 4 ó así.
- Ni
siquiera han pasado 24 horas, mi consejo es que haga algunas llamadas, a los
conocidos, a los centros de salud… nosotros, no podemos dar por desaparecido a
nadie hasta que no han pasado al menos 48 horas ¿comprende?... Su marido, ¿suele ausentarse?
- No señor,
bueno, a veces se demora en regresar… pero nunca más allá de las una o las dos
de la mañana, algún compromiso, tomar algo con amigos, pero, en treinta años,
jamás ha pasado una noche fuera de casa...
Se hace un
silencio, el comisario ya no está a la
conversación, hojea nervioso unos
papeles, por fin, intentando tranquilizarla, comenta.
-
Ve usted, todo dentro de la más absoluta normalidad, su marido aparecerá en
cualquier momento, solo si mañana al atardecer no hubiese aparecido, cosa muy
improbable, se pasa de nuevo por aquí e
iniciamos su búsqueda, mientras tanto, tranquilícese… haga vida normal… Tienen
ustedes una tienda ¿no es así?
- -Sí, señor, en la calle…
El comisario la interrumpe con impaciencia.
- Pues eso, abra la tienda, ya verá como todo se
arregla favorablemente…
- Ya, entendido, espero no tener que volver a
molestarle.
- Estamos para eso, no se preocupe.
- Muchas gracias…
- No hay de qué darlas, espere, es lo más sensato.
A las 10,45 Gloria
sube la trapa de la tienda y, no sin cierto temor, revisa todo minuciosamente,
no ve signo alguno que le permita pensar que ocurra algo extraño.
Al día siguiente, a
mediodía, acompañada de sus dos hijos, se presenta en la comisaría, es otro el
comisario pero parece estar al corriente de todo y los recibe con amabilidad,
tendiéndole la mano a Gloria y pidiendo, con un gesto a los dos jóvenes, que
tomen asiento.
Sobre la mesa reposa
una subcarpeta marrón con un nombre escrito en letras rojas, al sentarse, el
comisario la atrae hacía sí evitando que los dos jóvenes puedan leer el nombre
que figura en ella.
-Supongo que ustedes
son los hijos ¿no?
- Sí, señor, sí –se
apresura a responder Gloria- como su compañero me dijo ayer que…
- El
comisario Martín me ha puesto en antecedentes de su visita ayer y hemos hecho
algunas pesquisas, nada importante, es el procedimiento habitual…-duda un
instante, carraspea-… de las que se deduce que…
Raúl se impacienta interrumpiendo al
comisario con ansiedad.
- Pero… si no
se ha hecho ninguna denuncia… ¿cómo es posible que ustedes tengan… información
que no hemos…?
- Ya,
joven, pero… a veces… los
acontecimientos se precipitan y…
Es ahora Gloria la que interrumpe con
ansiedad.
- Es que ha
aparecido mi marido… ¿dónde está?
-Desgraciadamente
no, no ha aparecido, pero – el comisario duda, parece tener miedo a decir más
de lo conveniente- nos ha llegado información confidencia de la que se deduce
que su esposo tenía… relaciones, digamos peligrosas, verá, disponemos de un
documento que acredita que debe una enorme cantidad de dinero… y suponemos que…
Gloria vuelve
a interrumpir.
-¿que lo han
matado?
- No se
precipite, señora, nuestras hipótesis son que él, voluntariamente, ha
desaparecido para escapar de esas deudas, las personas con las que… digamos que
peligrosas ¿me comprende?
Raúl se abalanza sobre
la mesa con ánimo de apropiarse de los papeles que el comisario tiene entre sus
manos.
- Tranquilo,
joven, tranquilo, le daremos copia de todo… no se preocupe, mi obligación
es…informarles de cómo están las cosas y luego, ustedes pueden tomar las
medidas que, en familia, estimen más oportunas, ahí no nos podemos meter…
Carla se
lleva ambas manos a la cara y solloza.
- Pobre papá…
y yo que lo tenía por un mojigato… ¡que engañados nos tenía!
- ¿Qué cree
usted que debemos hacer? – pregunta Gloria, con entereza-
El comisario se inclina hacía adelante
en el sillón e intenta ser persuasivo, baja la voz.
-En estos
casos, nuestro aconsejo es siempre el mismo, deben ponerse en contacto con un abogado, él podrá
asesorarles sobre los pasos a seguir…
- Gracias,
comisario, eso haremos.
El comisario
se pone en píe, le tiende la mano a Gloria y despide a los jóvenes con un gesto
amistoso.
* * * * * *
A
medida que va pasando el tiempo, Gloria pierde la esperanza de volver a ver con
vida a su marido, la tienda, desatendida, deja de dar beneficios y empieza a
preocuparse por su futuro y el de sus dos hijos, pero, como todo puede
empeorar, una tarde, después de cerrar, cuando estaba haciendo arqueo, un
hombre, bien vestido golpea con los nudillos los cristales del escaparate.
Gloria, tras cerrar, precipitadamente, la caja registradora, se dirige a la
puerta y, no sin temor, abre.
-
¿Doña Gloria?
-Sí,
dígame usted.
-Puedo
pasar un instante, necesito hablar con usted…
-¿De
qué se trata?.
-Me
presentaré, -el hombre saca una tarjeta del bolsillo superior de la chaqueta-
Jaime Irrondo, Interventor de la Urbana D del Banco de Comercio Exterior… Su
esposo…
-Gloria
interrumpe a su visitante y, temerosa, se apresura a cerrar la puerta de la tienda en tanto hace
un gesto al visitante para que la acompañe a
la trastienda.
Minutos
después todo queda claro, Carlos ha establecido con el banco una Hipoteca
Inversa por la que Gloria percibirá una importante suma todos los meses a
cambio de que la vivienda pase a ser propiedad del banco a su fallecimiento.
- Lo único que falta, doña Gloria es su firma
de aceptación.
- Bien, si no hay más remedio…
Diez minutos después
de haberse marchado aquel hombre Gloria llega a la terrible conclusión de que
las cartas estan marcadas, que Carlos había previsto todo y se pregunta,
inquieta, que otras desgracias podrían presentarse en su vida.
-Definitivamente, he
vivido treinta años con un hombre del que no se absolutamente nada.
La llamada del abogado
informándole del resultad negativo de sus gestiones y la sentencia del
Procedimiento de Morosidad que la obligaba a entregar la tienda no le produjo
ni frío ni calor, ahora sabe a qué atenerse, Carlos no volvería a su vida,
tendría un techo sobre su cabeza y un dinero para subsistir,
- Hay que ser tonta,
Gloria, tonta de remate para no haberte dado cuenta de quien era el hombre que
dormía a tu lado. Bien, ahora, ya sabes lo que te espera, soledad, abandono y
vejez… ¡Ni hablar del peluquín! De lo de
la hipoteca ni una palabra a los chicos y a VIVIR. Que Raúl y Carla hagan su
vida y yo, la mía, la vida que no pude llevar antes. ¿No es eso a lo que me
condena el cabrito de Carlos? Pues nada, Sea.
Apenas han pasado un
par de semanas desde la pérdida de la tienda cuando, una noche que regresaba,
como tantas, del bingo le dio por mirar el buzón y sacó, con cierta sorpresa lo
que creyó un folleto de publicidad, al echarle una vistazo mientras esperaba
que bajase el ascensor creyó que se mareaba al leer un texto escrito con letras
mayúsculas de diferentes tamaños y colores en el que le decían:
SI DESEA VOLVER A VER CON VIDA A SU MARIDO
DEPOSITE UN PAQUETE CON VEINTE BILLETES
DE QUINIENTOS EUROS EN LA PAPELERA QUE ESTÁ FRENTE AL BAR “EL GLOBO” EL PRÓXIMO LUNES DIA 12
A LAS 14 HORAS EN PUNTO.
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