¿Fui el niño que recuerdo?
¿FUI EL NIÑO QUE RECUERDO?
PEPE RAMOS
Yo era un niño que contemplaba el
mundo con cierto asombro.
Procuraba evitar los juegos violentos a los que los chicos del barrio eran tan aficionados, me parecían unos bárbaros pero no tenía más remedio que jugar a lo que ellos querían, tenía miedo a sentirme rechazado y cedía casi siempre.
Si llegaba de clase a las cinco y media y habían organizado una "drea" entre la calle Almansa (la mía) con la calle Trafalgar solo tenía dos opciones, o participar como uno más dejando la cartera en el montón de la calle y acaparar chinas lo más grandes posible o subir, como un gallina, a casa con la excusa de la merienda de pan y chocolate Coca y, a veces, ni eso me servía porque si la batalla había empezado podía encontrarme con una china en medio del coco sin saber por qué y tenía que subir a casa, tapándome la herida con la mano mientras la camisa y los pantalones se iban cubriendo de sangre, en esos casos, la abuela Juana se encargaba de curarme con mucho cuidado y alguna regañina.
En cuanto me veía entrar en casa con las manos en la cabeza y la ropa ensangrentada, se apresuraba a buscar alcohol, tijeras, azúcar y una toalla vieja. Usar alcohol en lugar de agua oxigenada era una forma de intentar hacerme más fuerte.
La abuela me animaba siempre para que fuese valiente y fuerte, de hecho, usaba el alcohol sin contemplaciones pese a mis gritos y se esmeraba en recortar el pelo por toda la
zona que veía con sangre reseca lo que provocaba una calva considerablemente y bastante más aparatosa de lo que sería necesario porque repasaba la zona con una gasa para que no quedasen huellas de
sangre y cortaba la hemorragia con una capa de azúcar. Me hacía cambiarme de ropa y, cuando estaba listo, con una palmada en el culo me mandaba a la calle de nuevo, la intención de la abuela era evitar que al llegar mi padre, por la noche, con la cántara de la leche, se perdiese alguna bofetada que otra.
Una vez que me sentía bajar la escalera, volvía a la novela de la radio que estuviese siguiendo ese día.
Yo, volvía a la calle o me quedaba en el patio sin importarme mucho que las vecinas me viesen el "desaguisado" de la cabeza y tuviese que aguantar sus cuchicheos por la "tonsura" que se había ganado el chico de doña Feli por no andar listo. Muchas veces, esperaba haciendo como que buscaba algo en el corral hasta que llegase la hora de la sintonía de mi seríe preferida de la tarde. Matilde, Perico y Periquín.
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