HUELLA EN EL VIENTO
Huella en el viento
Jose-Luis Ramos
A veces, tumbado en el sofá,
agobiado por los calores de agosto, vienen a mi memoria los años de infancia
y quedo estupefacto.
¿Realmente han pasado setenta años? No, no es posible. ¿Dónde
está el truco?.
Aturdido, miro mis manos, las venas,
azules y abultadas, las manchas de mi frente y esa calva, ya nada
incipiente.
¿Hay más de medio siglo entre las correrias de
aquel niño que jugaba en el patio de los Padres Jesuitas y mi presente de hoy?
¿Soy el mismo niño que siguiendo el
consejo de don Dionisio se mete, como el filósofo griego, una piedra redonda y
limpia en la boca intentando una y otra vez corregir la pronunciación de la r
apoyado en el pretil del pozo que había en medio del patio evitando la
presencia de los compañeros que, un poco más allá, juegan a la pelota?
En esta duermevela que me
envuelve, veo, como en las viejas fotos de color sepia, al niño de
pantalón corto, tímido y apocado que evitaba, o procuraba evitar, que se
burlasen de él.
Y fluyen, como un
río, recuerdos que creía perdidos para siempre.
Subido a un árbol cogiendo las hojas
de morera para esos gusanos que tanto asco daban a mamá.
Eso ocurrió antes, cuando iba al colegio de mi calle, que después
fue Luis Vives y ahora ya está cerrado, ¡Qué dentera le entraba a mamá al verme
poner sobre el hule de la mesa del comedor las hojas de morera frescas y
relucientes, y sobre ellas, los gusanes de seda.
-Quita de ahí esa cosa Pepe, que me
da no-sé-qué... ¡abrase visto el niño este!...
"...Y si no nos las dan, les
rompemos un cristal". Ese era el pegadizo final del canto de las
vacaciones de Navidad.
Alborotábamos, como incipientes mitineros, nuestro canto
de rebeldía ante la posibilidad de no poder disfrutar del turrón de pobre,
las almendras y los dulces de mamá ante el portal de cartón piedra.
Las ferias de septiembre, al lado de
nuestra casa de la calle Argentina, junto a la via, la Alamedilla y
la efímera libertad de escapar de los deberes durante un rato corriendo a la
calle por la puerta de atrás para ver dar vueltas a los chocones
embobados ante el aroma a churros, el olor a azúcar tostado del almidón dulce y la música de Gloria Laso,
la escoba del tren de la bruja, los tebeos del Capitán Trueno... ¿Cómo
puede ser que todo eso ocurriese hace tantos años?.
Entonces, cuando yo era niño, todos,
padres, profesores, mayores en general, nos inculcaban que debíamos
estudiar para el día de mañana y ahora resulta que el día de mañana ese del que todos hablaban ya fue ayer y yo, tumbado aquí. revivo unas imágenes que no sé si son tiernas o tontas.
No logro entender el mundo de miedos que nos muestra la tele, de gritos, de
protestas, de luchas por algo que ya veo imposible conquistar. Me siento
estafado, tengo la impresión de que mi vida ha sido un largo y triste sueño,
que me han robado todo lo que era entonces una hermosa promesa
de felicidad, esa de la que entonces hablaban.
Debería reclamar. Pero, ¿dónde? ¿en
que comisaría? Mañana. ¿Qué pasará mañana? ¿Me
acordaré mañana de lo que estoy pensando hoy?
Ya lo decían los romanos "Vive
el momento".
No existe el
mañana. No contamos más que con este mezquino, fugaz y
escurridizo presente inmediato... el presente... ¿y los
recuerdos?, esos que surgen cuando menos se espera como un juego
cruel que lo cambia todo, que nos hace ver, quizá por compasión, que todo
ocurrió de otro modo, que un helado de entonces tenía otro sabor, que las
aventuras del Capitán Trueno eran, como la vida, hermosos momentos en los que
siempre gana el bueno, los membrillos de la señora Esmeralda siguen
dejando su mancha en la camisa de otros niños, ahora hay otros niños que
tendran otras abuelas como mi abuela Juana que laven en otra jofaina y
curarán la sangre de otras piteras con azucar lo mismo que mi abuela me
las curaba a mi recortando el pelo alredecor de la herida.
¡Será que los recuerdos cumplen la
misma función que antaño cumplieron los cuentos de la abuela para
inducirnos, como por un embudo, en brazos de Morfeo... Tengo la
esperanza de que cuando me alcance el amigo alemán, alguien querido a quien no
recordaré, me repita estos momentos que fueron, aunque no los recuerde,
fragmentos de mi fugaz paso por la tierra.
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