MIGUEL DELIBES RECUPERA SU SITIO
Miguel Delibes recupera su sitio
Pepe Ramos
En los últimos años de la
segunda década del siglo veinte apareció por Valladolid, sin pensar en
quedarse, un ingeniero que traía el encargo de hacer llegar el tren de
cercanías hasta Medina del Campo y, por esas cosas que tiene la vida, terminó
quedándose y allí, en 1920, nació Miguel y alguno más de sus hermanos.
A pesar del erial que fue
para todos los jóvenes estudiantes la Guerra Civil, Miguel sacó cátedra en Derecho Mercantil a
los veinticinco años y, como era costumbre por entonces, al año siguiente se
casó con Ángeles. Vinieron los hijos, los pluriempleos, ya tenía uno además de
la Cátedra, llevaba cinco años trabajando como caricaturista en EL NORTE DE
CASTILLA, desde 1940 y al casarse, comenzó con sus trabajos periodísticos y,
casi en secreto, emborronaba folios por las noches porque necesitaba más. Se
presentó al Premio Nadal de Novela de 47 con La sombra del ciprés es alargada y
ganó al que luego sería su mejor amigo, José Luis Martín Descalzo.
Ese año de 1947 comenzaron
a llegar los hijos, Miguel, el primero, el de carne… y el de la inteligencia LA SOMBRA DEL
CIPRÉS ES ALARGADA, Premio Nadal, después y con los niños, y para ellos
escribió EL CAMINO en 1950 y más libros, más viajes, más caza, y más cuentos, y
relatos; LA HOJA ROJA le aparecería en el librillo de la vida a mediados de los
años 90 con el nombre de cáncer, pero aún faltan muchas cosas, más libros,
muchos libros, hasta sesenta, muchas conferencias, dirigir el periódico desde
1958 a 1963 en que exhausto y harto de las presiones que recibía su línea
editorial, se vio forzado a renunciar.
Tres años después de esta
aparente derrota publicó el mejor monólogo que se ha escrito nunca sobre la
realidad de España en esa época, CINCO HORAS CON MARIO, más libros, más viajes,
más conferencias y en el 73 el ingreso en la Real Academia en reconocimiento a
su valor como estudioso del lenguaje castellano.
Esta alegría duró poco a los Delibes; al año siguiente, se
despidió Ángeles. Con la muerte de Ángeles comenzó para él una tormenta de
penas y de premios, algo que en la vida de Delibes ha ido a la par. En 1982 le
conceden el Premio Príncipe de Asturias. En 1993 el Premio Cervantes de las
Letras; y, de nuevo, la tragedia, a mediados de los noventa. Un cáncer lo
acorrala, pero no lo vence. Es operado en 1998 y el pronóstico no puede ser más
positivo, ese mismo año publica su mejor
obra de los últimos años, EL HEREJE.
No ha vuelto a cazar,
vivía con su hija en un séptimo piso, él, que odiaba los ascensores, pero
estuvo bien, resignado, ecuánime, luchador…
Ayer se marchó en busca de
descanso a los 89 años. Sus restos mortales, de los que él tanto despotricó en
los últimos años, han sido conducidos al lugar donde en Valladolid entierran a
los Hombres Ilustres y hasta allí, lo
más pronto posible, trasladarán los restos de Ángeles. Hasta aquí unas breves
pinceladas de la vida de un gigante de las letras…
Yo, tengo para mí, que
Miguel, socarrón como pocos, ahora, sin la carga de los achaques, estará
complacido, feliz, al reencontrarse con Ángeles, su SEÑORA DE ROJO SOBRE FONDO
GRIS, con su José-Luis, Martín Descalzo, que, ahora estará más tranquilo,
jugará mejor al julepe, porque allí no hay máquina que tenga que limpiarle la
sangre, ni falta que hace; con Paco Umbral, que habrá dejado atrás su bufanda
de friolero porque no tendrá frío; con Rabal, que, zumbón, le hará el monólogo
de “milana, bonita” y después, presumido, como siempre, hablará de aquel aterrizaje
forzoso que le separó de Asunción y de los chicos. Luego, se limpiará una
lágrima y seguirá, jocoso, con sus chistes.
Sí, estoy seguro de que
Miguel en el reencuentro definitivo con su Señora de Rojo con fondo gris estará
feliz como nunca y para siempre.
Peperamos60.blogspot.com
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