EL NIÑO QUE AÚN SOY
EL NIÑO QUE AÚN SOY
Por Pepe RAMOS
El niño que permanece agazapado en esta envoltura de ochenta y tantos kilos, del viejo José Luis al que le cuesta agacharse para meterse los calcetines y que acepta, a regañadientes, las normas de la vida cotidiana porque, siempre ha sido un poco rebelde, y ahora, cuando deja expresarse a Pepe, dándole participación en su vida, al niño que lleva dentro y que le susurra al oído a José Luis las cosas que le rechinan y, de vez en cuando, solo de vez en cuando, le dice al oído: Eso no, José Luis, eso no, no consientas eso, quieren atarte,, por ahí no vas bien, vuelve a lo nuestro, a las mándalas, a reescribir los cuentos infantiles y hacerlos "modernos" para que a Julia y Olmo les sirvan de guía en los tiempos que corren, no lo dudes, eso es lo tuyo, es con lo que disfrutamos los dos, lo otro, lo cotidiano, lo de ser un señor mayor debe interesarte "lo justo", ¿me oyes José Luis? Lo justo, no te dejes abrumar ahora que puedes, ahora no está mamá con el Certificado Médico de don Isidoro Juarez para que no hagas gimnasia por los kilos de más, ese papelito que tanto me abochornó entonces, ahora eres libre de ser, si quieres que los dos estemos felices y contentos, un poco excéntrico, no te preocupes del qué dirán, tú, ni caso, y así, entiéndelo bien, así, disfrutaremos los dos, Pepe y José Luis, ahora no hay que jugar de portero para que no tengas que correr, puedes olvidarte del papelito que me indujo a ser un niño retraído.
Porque José Luis, ante el ordenador, le abre las ventanas a Pepe para que sienta el orgullo de haberle ganado la partida al viejo José Luis.
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