EL POBRE -Relato que fue cierto.

 

El pobre

Pepe Ramos

 

            Hacía una tarde de perros. Lo recuerdo por mis dedos hinchados de sabañones que me picaban como pimientos de piquillo.

            Al llegar de la escuela había visita.

            En la mesa del comedor, sentado frente a mis padres, un hombre gordo, moreno y calvo, a su lado, junto a los restos de la merienda, un sombrero de fieltro negro.

            Di las buenas tardes y pasé a la cocina donde me esperaba,  sobre la mesa chica un rescaño de pan y unai tableta de chocolate Coca.

            Aprovechando que ellos estaban “a lo suyo” dejé a un lado  la cartera y  abandonando, de momento, los deberes, me quedé “de cucharon” detrás de la puerta.

            Desde allí veía perfectamente como aquel hombre se llevaba a la boca, con el dedo untado en saliva, migas de pan mientras cuchicheaba algo a mi padre y éste sonreía.

            Al rato, se había hecho oscuro y las tres figuras parecían sombras chinescas, pero no se movía nadie de la mesa. De pronto, el hombre se levantó, cogió su sombrero y se dirigió a la puerta.

            Mi padre, precipitadamente, salió tras él y mamá paso a la cocina, encendió la luz y, al verme, sonrió sin decir nada.

            Volvió a la mesa, pasó una bayeta por el hule y cuando me acerqué para  ayudarla a recoger las cosas,  volvió papá frotándose las manos, parecía muy contento.

            -Oye papá… ese hombre es un pobre ¿verdad?

            Papá y mamá se miraron en silencio y papá dijo.

            -Don Servando un pobre… ¡qué ocurrencia! A ese… bueno, a ese no le ahorcan ni por un millón de pesetas… Un pobre dice el mocoso este… ¿qué te parece Feli?

            -Nada Joaquín… nada, cosas del crío ¿qué me va a parecer?

            -Como se comía las migas…

            -Las migas y lo que sea, hijo, los ricos siempre tienen hambre, don Servando es el dueño de medio pueblo, precisamente ha venido a comprarnos las tierras del abuelo Paco, que en paz descanse… ¡Y a tocateja!... Un pobre don Servando –bromeó papá sirviéndose un vaso de vino.

            Al día siguiente comimos filetes y arroz con leche.

 

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