EL ACCIDENTE
El accidente
Pepe
Ramos
1.
Noemí está impaciente
mirando la pantalla del Aeropuerto de Barajas en la que se anuncia la llegada
del vuelo de Air-Ecuador para las 14,40.
Escucha a su vez, por
megafonía, que tiene que esperar en la Sala de
Internacional a que Jeremías retire de la cinta las valijas que ha
facturado y que saldrá por la puerta 17.
Aprieta el bolso entre sus manos, tiene
cuarenta años aunque no los aparenta, va muy bien vestida, y oculta sus ojos
verdes y rasgados bajo unas gafas de sol demasiado grandes.
Cuando, diez minutos más
tarde, ve encaminarse hacía ella a Jeremías le tiemblan las piernas, le parece
aún más atractivo que cuando lo dejó un año antes en el aeropuerto de Quito,
alto, delgado, arrastra, con cierta altanería, una maleta de ruedas, al llegar
a su altura, la deja apoyada en su pierna derecha y ambos se funden en un
apasionado abrazo, instante que aprovecha un joven que caminaba a su altura
para apoderarse de la maleta y acelerar el paso hacía la salida.
En unos segundos Jeremías
se desprende del abrazo y en dos zancadas alcanza al muchacho, le arranca la
maleta de un fuerte manotazo y con un certero golpe en el bajo vientre lo deja
gritando en el suelo ante la indiferencia de los viandantes.
Impasible, retrocede, toma
a Noemí del brazo y salen hacía el aparcamiento
como si la cosa no fuera con ellos.
2.
Lisardo pasea nervioso en
torno a la mesa en la que Patro ultima los detalles para una abundante merienda
cena.
- Lisardo, ¿quieres hacer
el favor de sentarte y no ponerme más nerviosa de lo que ya estoy?
El hombre, de unos sesenta
años, pelo entrecano y un traje gris que hace años que no se pone y le aprieta,
no responde, mira su reloj de pulsera por enésima vez y con el rabillo del ojo
vigila el amplio ventanal que da a la carretera.
-Las seis y media… No es
posible, si el vuelo llegaba a las dos y cuarenta a Barajas tenían que estar
aquí hace un buen rato… ¿no te parece Patro?
Patro, una mujer mayor,
vestida con falda larga y una blusa gris se lleva las manos al pelo, deja de
colocar los platos y se sirve un vaso de vino, después, se sienta en el otro
extremo de amplio salón y tras tomar un sorbo
responde.
-Por tiempo si que tenían
tiempo… En ese cochazo… en dos hora y cuarto les da tiempo a llegar… Vamos, a
mí Manolo le hubiese sobrado el cuarto de hora pero…
-Sí, eso, Patro, sigue
poniendo banderillas… ¿a santo de qué se te ocurre salir ahora con tu Manolo a
quien Dios confunda? Solo te decía que ya tenían que estar aquí hace un buen rato…
-No sé, no sé, como la gente
joven corre tanto… igual se han
entretenido por ahí… yo que sé, de tiendas o algo…
-Les ha pasado algo,
seguro, no es normal… no es normal…
-Ya te digo, deberían
haber llegado a Salamanca hace un buen
rato pero…
No pudo terminar la frase,
en ese instante sonó el zumbido del teléfono en la salita y Lisardo salió a
todo correr tropezando con las sillas, estuvo a punto de dar con sus huesos en
el suelo.
3.
Libres ya de miradas
indiscretas y una vez que Jeremías había colocado su equipaje en el maletero
del Mercedes que les esperaba en el aparcamiento, Jeremías se precipitó sobre
Noemí que se disponía a arrancar el vehículo.
Diez minutos mas tarde,
Noemí componiendo su indumentaria lo mejor posible se dispuso a arrancar el
vehículo y Jeremías, aún jadeante, se acomodaba a su lado.
-Creí que por acá habría
menos manguis, pero, por lo que veo…
-Abundan más en estos sitios de mucho tránsito, pero tú,
parece que estás bien acostumbrado…
-Claro mi hijita, pero como
por televisión dicen que… creía que estaba la cosa menos…
-Ni menos ni mas, pero
dime ¿cómo quedaron los niños?
-Con tu madre, le prometí
que volveríamos en un par de meses y que no les faltaría la plata… y, ya sabes,
la vieja, si hay plata…
-La vieja, tu padre, tú,
yo, y el arzobispo de Quito… La plata es lo que manda… pero ¿están lindos?
-Ya lo creo, Eufemiano pasó
a sexto de primaria, ya me llega al pecho sin alzarse y Asdrúbal entró ya en
segundo… Asdrúbal es el que más despunta en clase, al menos eso dice su
profesor ¿no te mandamos las notas del
colegio?
-Solo faltaría… con lo que
me cuesta poder enviaros tanta guita…
-Bueno, pichoncito, ahora
estoy acá, a tu lado, verás como todo se te hace más llevadero…
-Ni lo sueñes, papá, de
verás, tenemos que hacer todo lo que
hemos planeado y tú tienes tu papel ¿lo
oíste?
-Claro, mi amor, claro…
seré el más solícito de los cuñados para ese pichón que nos va a …
-Con respeto, Jeremías,
con respeto, ese pichón tiene ahora todo el derecho y tú a oír, ver, sufrir y callar ¿entendido?
El hombre se pasa la mano
derecha por el pelo y sonríe con malicia.
-Entendido, mi linda,
entendido…
Hay unos minutos de
silencio en los que Noemí maneja hábilmente el Mercedes entre el congestionado
tráfico mientras Jeremías la observa con arrobo y admiración.
- …
en cuanto liquidemos el asunto…- Jeremías se interrumpe un poco asustado de sus
propias palabras-, nos volvemos y…
-El pollo, ¿cómo te diría?
Está madurito… para mí que no pasa de un par de meses… además, contigo en la
casa… todo será más… fácil de sobrellevar.
Jeremías mira con cierta
aprensión el cuentakilómetros, le pone, como al descuido, la mano izquierda
sobre el muslo e intenta deslizarla con picardía mientras responde muy suave.
-Esperemos… si está, como
dices, muy metido en los negocios, que viaja y tal… pero, compréndelo, linda, va
a ser duro verlo a él tan acaramelado y yo pasando por hermano…
- Ya lo creo, ya, mi
Lisardo es muy… fogoso y…
-Tranquila, reina, sé lo
que nos jugamos, no cometeré errores, aunque lo de los papeles del casorio…
Noemí frena
precipitadamente, ha estado a punto de colisionar con un autobús de línea,
suspira y sonríe. Después reanuda la conversación.
-Los suyos ya están… los
míos, como comprenderás… llevo mas de
dos semanas dándole largas. Supongo que
creerá que los traes tú y habrá que inventar, se las da de muy bragado pero, en
realidad es un poco corto, otro en su lugar… ¡Quita las manos, Jere, que nos la
damos!...
-Perdona, chochito, es
que… estás tan…
-Ya habrá tiempo, pocholo,
ya habrá tiempo… A lo que iba, que no vamos a poder alargar la cosa demasiado…
tienes que pensar en algo…
El Mercedes ha tomado la
carretera general con mucha
brusquedad. Noemí ajusta la marcha
mientras empuja de un codazo a Jeremías contra el cristal.
-Chochito… ¿No podíamos
parar unas horas en algún motel?… es que, ha sido un año muy largo y yo…
Noemí, atenta al tráfico, tarda unos segundos en responder.
-Yo también… lo estoy
deseando pero…
De pronto les sobresalta la
voz del gps.
“Está superando el límite
de velocidad”.
Noemí reduce la marcha, se
vuelve a su acompañante y musita.
-…ya habrá tiempo, ya…
- ¿Seguro que no sospecha
nada…? No sé, no sé…
-Es lo más normal del
mundo que mi hermano, el padrino de la
boda, viva con nosotros, máxime viniendo de tan lejos…
-Ya, pero ¿tu crees que yo
aguantaré sin…
-Por eso, sobre todo por
eso, hay que actuar pronto… A fin de cuentas…
“Está superando el límite
de velocidad”
-Coño con el gps de los
cojones, cariño ¿puedes bajar un poco la marcha?
-No, Jere, no, nos espera
a las 6 en punto, tenemos una merienda cena de bienvenida para el hermano de
la… prometida… Debemos estar allí lo antes posible, ayudar, dar tiempo a la
conversación, Lisardo es de esos…
Un
frenazo y el estrépito de hierros fue lo últimos que vieron Noemí y Jeremias.
4.
-Sí, dígame…
Alguien hablaba
precipitadamente al otro lado. Lisardo notó que le temblaban las piernas y un
sudor frío recorría todo su cuerpo.
Patro dejo la copa a un
lado y se acercó intentando escuchar algo.
-Sí, blanco metalizado…
sí, matrícula de Salamanca, sí, del 95… sí, dos personas, mi prometida y su
hermano…
Una larga parrafada
interrumpe las explicaciones. Lisardo, señala a Patro una silla próxima, esta se
la acerca y el hombre se deja caer desmadejado, el teléfono colgando de la
pared. Se lleva las manos al rostro y estalla en un sollozo largo y aparatoso
que hace que Patro se acerque a sujetarlo temerosa de que se vaya a desmayar.
Respirando hondo, Patro
toma el teléfono y pregunta.
-Sí, dígame, ¿es algo
grave?
-Mire señora, comprendo
que don Lisardo esté afectado, ha sido un derrape ¿sabe usted? Han caído a un
precipicio… Los bomberos están liberando los dos cuerpos de los restos del
vehículo… Siniestro total… ¿Podría facilitarnos los nombres de los ocupantes
del vehículo?
-Sí, Noemí Alicia del Soto
Morales y su hermano Jeremías, que venía para la boda…
-Bien, en cuanto podamos
darles más noticias volveremos a llamar, de momento permanezcan a la espera… Es
lo mejor, ¿comprende?
-Sí, claro, señor, lo que
usted diga pero… ¿Con quién tengo el gusto…?
-Inspector Garrido, pero
no se preocupe, atienda a don Lisardo. Estaremos en contacto. De momento
ustedes no se muevan de ahí.
-Bien, gracias inspector…
Me hago cargo de que…
Al otro lado se cortó la
comunicación y con el teléfono en la mano se quedó mirando el rostro lívido de
Lisardo como si se hubiera congelado el tiempo.
Dos horas más tarde,
cuando Lisardo ya se había repuesto un poco de la impresión y tomaba su tercera
taza de tila volvió a sonar el teléfono.
Patro se precipitó hacía
él y preguntó con cierto temor.
-¿Diga… señor inspector?
Porque es usted de nuevo ¿no?
-En efecto señora y temo
que voy a darle otra mala noticia… –se hizo un largo silencio en el que solo se
sentía consultar unos papeles al otro lado, por fin, el inspector continuó
hablando-…los fallecidos son, en efecto doña Noemí Alicia del Soto Morales pero don Jeremías… es en
realidad… el esposo de la señora Noemí Alicia y, por la información que hemos
podido recabar se disponían a darle
el “timo del casorio”.
Patro suelta un taco y se
precipita a disculparse.
-Perdone señor inspector,
yo soy una vecina, una buena vecina de Lisardo y se lo venía advirtiendo de
largo, me parecía todo muy raro…
-Buena vista, señora, el
tipo del casorio consiste en que, cuando la cosa ya va a pasar a mayores, se presenta el marido en la casa como hermano
y en el periodo de estancia hasta la
presunta boda buscan la excusa para
desacreditarlo ante la sociedad y con presiones y amenazas logran sacarle al
novio como condición por su silencio alguna importante cantidad o, a ser
posible, la propiedad de algún inmueble…
Verá usted señora, ¿puedo hablar ya con
don Lisardo?
-Sí, claro, faltaría más,
se lo paso.
Lisardo, que ha escuchado
algo de la conversación, se aclara la
voz con un leve carraspeo y saluda.
-Sí, inspector, dígame.
-Verá usted señor, estos
casos, si van por la vía legal se alargan hasta el infinito pero, si usted nos autoriza a dar carpetazo al
asunto…
-No sé, perdón, no
entiendo que quiere decirme…
-Es sencillo, el coche
está perdido, siniestro total, de las personas fallecidas tras el oportuno
atestado se puede hacer cargo la embajada de su país… Sí usted nos autoriza
podemos presentar en su nombre una denuncia por robo del vehículo y usted se
desentiende del asunto y a nosotros nos simplifica mucho las cosas, no es muy
ortodoxo pero…
-Eso es… eso es correcto,
señor inspector…
-No, pero usted ha perdido el vehículo en unas
condiciones de engaño, la persona en que usted confiaba… por otra parte y por
este desgraciado accidente se ha sibrado usted de ser objeto de extorsión… Lo
sabemos usted y yo pero… estoy a sus órdenes…
Se hace el silencio, Patro
le hace señas, se acerca y le susurra al
oído.
-Denuncia el robo del
coche… No seas tonto… al fin y al cabo…
El inspector se impacienta.
-Señor Lisardo… Dígame,
¿Qué hacemos? Yo no puedo estar todo el día con este asunto. ¿Hago la denuncia?
-De acuerdo, señor, Haga
usted lo que sea… -Rompe a llorar y se abraza a Patro mientras cuelga el
teléfono.
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