LA TRAMPA
La trampa
Pepe Ramos
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Sabía que andaba mal, una no es
tonta, pero de ahí a encontrarlo hecho un pordiosero y gritando Dios sabe qué
en medio de la calle…
En
un principio pensé en uno de esos que ofrecen “La Farola”esos que, si le das un euro te bendicen como a un
pequeño dios, pero no, al acercarme, casi me doy de bruces con él, ¡pobre papá!, gritando… y la gente, cruzando a
su lado, como si fuese trasparente, quiero
creer que no me reconoció, yo, al verlo así, no sé, no fui capaz de reaccionar,
salí corriendo hacía atrás y me quedé sentada en una de las ventanas de
Caja-Duero sin saber qué hacer mientras él seguía allí, discutiendo con
alguien, irritado, gesticulando, tuve la impresión de que se le había ido la
olla y ¡quien sabe!, tenía un aspecto muy deteriorado, nunca, ni siquiera en
los peores momentos de la separación lo había visto tan mal y eso que, en aquella época, estuvo bebiendo
todo lo habido y por haber.
No
quiero eludir mi responsabilidad pero, me asustó su aspecto, en vaqueros, sin afeitar, despeinado, con las
zapatillas de footing sucias y desteñidas, … y, esa mirada…dirigiéndose al posters de Marlboro , y la gente cruzaba a
su lado fingiendo no verle, bueno ¿y yo? ¿No hice yo lo mismo?
Ahora,
en frío, reconozco que sentí vergüenza, fue una cobardía dar media vuelta y
dejarlo allí, abandonado a su suerte.
Fue
mezquino por mi parte pero sí, escapé de allí casi corriendo, ¡joder, que era
mi padre! Y solo pensaba en que no me viese ningún conocido.
Quise
acallar mi conciencia diciéndome que no podía dejar plantado a
Richard, pero… no he demostrado
querer a papá, me he comportado como mamá, ¡igual!
Ella
lo apartó de su vida y yo, cuando quiero molestar, saco el tema delante de
Javier, su novio y tengo que reconocer que casi siempre me salgo con la mía y
la pongo frenética. Y ahora ¿qué? ¿Por qué no he tenido agallas para hacerme
cargo de la situación sea esta la que sea?
Nada,
que a la hora de la verdad… Si no, ¿por qué no quiero que Richard sepa cosas de
mis padres? ¿Por qué no me atreví a contar el incidente?
Pero
Richard no es tonto, me notó retraída, dijo
que estaba, como una niña sin gusto, aún así, el pobre, estuvo tan amable
preguntándome si me gustaba eso, si me
gustaba lo otro, pero tuvo que ser él el que se encargase de comprar el socorrido móvil de la oferta y ¡listo!,
¡Veremos a ver que dice la tropa! Porque tocamos a doce euros, y eso, a algunos
les va a parecer mucho a pesar de que Mayte se va a gastar un pastón en invitarnos a
todos a comer.
No
se me cae de la cabeza el pobre papá, tengo que llamar a la pensión, necesito
ver si está bien, ¡tiene que ser muy triste su vida los fines de semana! No tener que hablar con
nadie, ni estar ocupado con los asuntos del trabajo… Se aburrirá, seguro,
porque papá no es de sentarse
en un parque y pegar la hebra con cualquiera, eso no va con él.
¡Pobre
papá! todo el día de Dios metido en la
oficina, de lunes a viernes, con los números, el teléfono, el ordenador,
hablando con los clientes pero ¿cómo va
a decirles que su mujer, bueno, el detective que contrató su mujer, le pilló in
fraganti con, la tal Carmenchu, ¡vaya
pájara!, salió del asunto saltando la tapia limpiamente, pidió el traslado y, si te he visto, no me acuerdo.
¿A
quién va a contar, con su fama de serio y formal que tiene, que una borrachera
destrozó su vida?, que su mujer le había puesto un detective y que el tal, los pilló, presentó pruebas, fotos, de
todo, que papá se limitó a decir que
había sido la primera vez y que todo había sido consecuencia de la fiesta de la
jubilación de un compañero, no pudo y quizá no quiso insistir en su inocencia,
comprendió en seguida que todo estaba en
su contra y se dejó llevar…
Cuando
papá me lo explicó, meses después, me dijo,
con los ojos brillantes por las lágrimas: “Marta, hija, tú eres la única que
merece saber la verdad, los demás… ya han tomado partido, están de parte de tu
madre y ¡lo entiendo!, yo quiero que tu sepas la verdad… para que no me odies,,
fue en la fiesta de mi compañero de la sección de contabilidad, en un
restaurante de carretera, en sitios así
se come y se bebe como cosacos,
después… el baile y todo se desbocó,
pero, te aseguro que fue el vino el que
hizo que me dejara liar, habíamos quedado en vernos todos en la Plaza Mayor
para ir a “Garamond”, ella dijo que tenía que dejar las flores en casa, …ya
sabes, las que dan a las señoras en esas fiestas, el caso es que subimos, nos quedamos allí, no
hace falta que te explique,, ¡ya me entiendes!, de pronto llaman a la puerta,
Carmenchu va a abrir… tal como estaba… y aparece el individuo ese, cámara en
mano… ¡nos tiró un carrete entero!,
hubiese tirado los que quisiera, no estabamos en condiciones de defendernos de nada, el alcohol, hija, fue el
alcohol, se lo dije al señor juez, pero tu madre no quiso atender a razones, se
limitó a insistir cada vez que la dejaron hablar: “Mire usted, señoría, yo, lo
que quiero es que salgas de casa y, si puede ser hoy mismo mejor que mañana…” Y
me fui, ¿qué podía hacer?
Cuando
me lo contó solo le faltó añadir que fue una trampa, que mamá lo había
preparado todo para librarse de él, si no, ¿por qué mandar al detective a la
casa aquel día?, yo creo que mamá se decidió a liquidar su matrimonio de la
misma forma que liquida cada día las ventas que le encargan…el jefe de mamá me
lo comentó un día que tomó café en casa:
“Tu
madre es muy expeditiva, hija, muy expeditiva.
De
todos modos, yo, desde que papá me lo contó todo creo que que le quiero menos,
como que me parece más cobarde, a mamá no, de mamá nunca he tenido buen
concepto y últimamente menos, como es natural, ¿será que soy mala?.
Hay
veces que, después de haber tenido un disgusto con Javier o con mamá, pienso
que ahora, desde que conozco mejor la situación y logro salirme con la mía es
porque sigo queriendo a papá y me duele que ande por ahí, rotado como un paria
pero, ¡vaya forma de querer! Dejarlo allí, tirado como un papel en el suelo.
Este
asunto no encaja, papá, solo, en esa pensión de mala muerte, ¡haciendo horas
extras para pasarnos una asignación a nosotras!, ¿por qué habla solo?, seguro que esta
situación lo tiene harto, y luego, ¡que le queda! Ir a la pensión o al cine, la
única afición de papá, su refugio, pero el cine… son dos horas, y luego…
Además,
tampoco podrá ir todos los días, tal vez
esta tarde sí, esta tarde es sábado, pero, ¡los demás días!, seguro que hace
horas extras para irse a dormir lo más tarde y lo más cansado posible, además, le
tiene que quedar poco dinero después de pasarnos la pensión, para el cine y el tabaco ¡rabiando!, no hay
más que ver la pinta que lleva, ¡hace meses que no se compra ropa…!
Tengo
que hablar con mamá, decirle que hablen, que se aclaren, que dejen ya esa guerra,
para mí, que papá se está volviendo “majareta”, sí, me afectó mucho verlo así, seguro que no está
bien porque papá, antes, no era así, era cariñoso, le gustaba irme a buscar al
colegio, pasear los fines de semana… Tiene que pasarle algo malo… ¿Por qué me
remuerde tanto la conciencia? ¡soy una
cobardona!, debí haberme acercado,
sacarle de allí, llevarlo, ¡que sé yo!, aunque fuera a un bar, tomar un café
con él, hablarle, ¿cuánto tiempo hace que no hablamos?, dos meses, tal vez
tres, en teoría, según el juez, tiene derecho a pasar por casa a recogerme una
tarde cada quince días, al principio, muy al principio… hace ya más de un año,
lo cumplía a rajatabla, llamaba por
teléfono, quedaba a una hora, bajaba yo y pasábamos un rato juntos, me sentaba muy mal, luego andaba
rebotada dos o tres días con mamá, a pelea diaria, al principio, sobre todo al
principio mamá decía que todo era porque él me malmetía, mamá decía que lo que
él iba buscando con tanta visita era indisponerme con ella, pero no, papá solo quería
verme, estar conmigo, aunque, ¡todo hay que decirlo!, al rato, se quedaba
pensativo, no sabía que decir, yo pedía un bocadillo de calamares y un zumo de
naranja, es la merienda que pido siempre
fuera de casa, mamá porque mamá no me deja comer fritangas,, dice que
los calamares fritos tienen mogollón de grasa, por eso, cuando salgo con papá aprovecho para pedirlos, él toma un
café solo, negro, como las calderas de Pedro Botero, sin azúcar, seguro
que no toma más por no gastar… recuerdo que antes, cuando todo iba bien,
tomaba un mini bocata de jamón,
últimamente, cuando nos vemos, no
hablamos de nosotros, me pregunta por las clases, por los chicos, por lo que
leo, a veces por mamá, que si está bien,
que si le nombra, y yo, que no, que no hablamos de él, pero ¡mentira
cochina!, al cuarto de hora de estar juntos papá empieza a estar violento, no sabe tratarme en esta nueva situación,
antes, cuando vivía en casa, repasaba
mis lecciones, hablábamos de cine, de amigas, de si salgo o entro, de mamá, de
sus cosas, de la oficina, ahora se le nota sin interés por nada, intenta que
ningún tema pueda llevarnos al pasado, para mí que está muy afectado por lo del divorcio, ¡y con
razón!, se pasaron cantidad, le pusieron
de crápula para arriba, luego, cuando se negó a declarar en su defensa le
dejaron un poco de lado, porque papá, un santo no es, pero, de ahí a que le
hayan llevado a la situación en la que está ahora … Es algo que no tiene
nombre.
Y
encima yo, que si tengo exámenes, que si salgo este fin de semana, que si el
viernes me viene muy mal, y así dos meses,
vamos, que el pobre tiene que estar… para el arrastre con mulillas.
El
último día, lo recuerdo perfectamente, cuando le estaba contando mis problemas
con la física, lo sorprendí contándose
las monedas en el bolsillo, anda
mal de cuartos…, se lo dije a mamá: “Mira mamá, yo no sé… pero, ¿y si
renunciaras a la asignación?, a papá no le alcanza… además, tú trabajas, no nos hace tanta falta”.
¡Como
se puso!, me gritó como una arrabalera: “¡Tú que sabes lo que cuesta mantener
esta casa!, ¿te ha faltado algo?, Claro, ¡cómo no has terminado de pedir y ya
te lo estoy dando…!”, Últimamente grita por cualquier cosa, y su muletilla
favorita contra papá es siempre la misma: “Que se joda!, él solito se lo ha
buscado… si no hubiera ido a buscar por ahí lo que tenía en casa, no le
ocurriría eso”,
Sí,
tengo que llamarle, disculparme por haber puesto excusas para no salir con él
últimamente, no he sido sensata, debo plantear el problema con mas firmeza, y
el caso es que con mamá no me atrevo …
sería juzgarla, darle a entender que me duele que haya buscado recambio tan
pronto, me conozco y sé que no iba a ser ecuánime. Javier es demasiado joven
para mamá, y, ¡las cosas claras!, no me gusta que duerma en casa, que termine
tratándome como si fuera mi padre, antes, cuando era solo un ligue de mamá, pase, a mamá
le venía bien sentirse capaz de gustar a los hombres, pero han pasado… ¡más de
seis meses!, si, decididamente, este
asunto no puede seguir…al menos, que papá no esté así, que tenga para vivir como es debido, ¡que se arreglen!…estas modernidades no me
gustan, mamá no tiene edad para alternar con pollitos como
Javier, porque, ¡vamos a ver!, si la deja, mal, quedará hecha unos zorros,
pero, ¿si continúa la cosa igual?. ¡A ver con que cara le presento a
Richard como el… compañero de mi madre!
De hoy no pasa que hablemos, pero, esta
vez, tiene que ser cuando no esté el “guaperas”
delante…
Justo,
con la excusa de la invitación de Mayte para que vaya este finde a su casa,
pero, tengo que esperar hasta mañana, tiene que pasársele el enfado por llegar
tarde porque, en cuando pasé a casa, ni me dejó abrir la boca: “ ¿Por qué he llegado
tarde?, ¿Es que no sabías que nosotros teníamos que salir?.
Claro
que lo sabía, pero, se me pasó, total… una “rallada” de las suyas, ¡siempre se
empeña en que me sienta culpable por lo
que hace ella!, si quiere salir, ¡que salga!, yo sé atenderme sola, no necesita
llamar a nadie para que me arrulle, se me
hizo tarde, con la despedida, la “peli”
y el empeño de Richard en acompañarme,…
pero, no es para tanto, ¿que han tardado ellos en salir pitando?. Dos minutos,
ponerse el chal y salir por la puerta fue todo uno. Lo malo es que con estas
cosas no pude explicarle lo de papá.
Siempre me da corte llamar a la
pensión. Se ha puesto Alicia, la dueña, me conoce de sobra la muy… y me pregunta que quien soy, que qué quería, que con quién
quería hablar, nada, una encuesta en toda regla, pero, por fin se puso papá,
parecía aburrido, no le salía la voz, dijo que
estaba viendo la tele pero, que se encontraba bien, me volvió a preguntar
por los exámenes, ¡como si hubiésemos estado hablando ayer por la tarde!,
no conseguí sacarle nada, que dónde
estaba mi madre, ya le dije, que con “el chico”, me pareció que carraspeaba. Y es que, es
verdad, si tiene diez años más que yo, ¿que es?, un chico.
“Y ahora, por si estaba poco jodido, me llama la niña, ya podía haber llamado antes… dos meses, ¡se dice pronto!, dos meses sin poder ver a una hija… viviendo en la misma ciudad, eso no es de padres, ni de hijas, porque… lo que es yo, ¡la de veces que la he llamado!, pero, todos los fines de semana tiene algo que hacer, que si exámenes, que si un partido de fútbol, que si el “noviete” ese, y viene a llamarme ahora, que estoy… como estoy, aunque, bien mirado ¡cómo lo va a saber la pobre!, y además, ¿qué adelanta la criatura con saber que estoy en las últimas?, que encima de verme aquí por la intransigencia de Gabriela… porque, digo yo… hablando… si se hablan las cosas…puedo comprender que en caliente no quisiera cuentas, pero, ya ha pasado tiempo suficiente para reflexionar… Que es muy fuerte tirar por la borda dieciséis años de matrimonio… ¿Qué me pillaron con Carmenchu?, claro, pero, ¡estaba borracho!, y en ese estado, uno no era dueño de sus actos… pero no, Gabriela no está por la labor de perdonar… “Que te pudras, que vaya un ejemplo para la niña, ¡como si a los quince años una niña no entendiese eso y más!, lo cierto y verdad es que estaba hasta el moño de mí, que se quiso librar, si no, ¿a santo de qué esas prisas por buscar sustituto?, que esa es otra… menudo choteo en la oficina cuando se enteraron: “Sergio, ¿sabes que a tu mujer le gustan tiernos”, “Sergio, ¿estás seguro que Carmenchu pidió el traslado para no verte?”, “Sergio… Sergio, todo el santo día de Dios, ¡cuidado que se ponen pesados…! pero lo de hoy ha sido demasiado, ¡cuando me estaba haciendo a la idea!, cuando le iba encontrando gusto a la libertad, va el tipo ese, me enreda con la correa del perro… y… el muy cabrito…¡se escapa con mi cartera! Seguro que lo hace con frecuencia, si no, ¿cómo iba a salir el perro corriendo hacía él a esa velocidad después de morderme?, amaestrado, estaba amaestrado, ¡mira que tiene narices!, enseñar a los perros a morder para robar.
Por eso no le dije nada a la niña, ¿para qué, los carnets, ¡ni me molesto en pedir otros nuevos! ¡faltaría más!, ¿a dónde voy a ir yo?, si no tengo ni humor, ni ganas, y ahora… ni dinero para ir a ningún sitio, el lunes, pido un adelanto para pasar hasta fin de mes y … ¡puerta!“Y ahora, ¡con la prisa que tengo!, que Sergio está en comisaría, no han sabido, o no han querido explicarme mas, que vaya a identificarlo, una pelea, ¡lo que le faltaba!, no, si encima estará mal alimentado, ¿por qué se habrá peleado?, ¡que motivos puede tener ese alma de cántaro para pelearse con nadie!, lo que debe hacer es vivir en paz, su trabajo, su pensión, ¡después de lo que hizo!, ¡que vergüenza, Dios!, y ahora, encima pasar por este bochorno y la niña, como siempre, ¡a su rollo!. Maldita la gracia que me hace esta complicación.
El comisario, muy simpático, muy atento, ¡que no me preocupe!, que las costas las paga el agresor… ¡que las pague!, y encima se pelea con Javier, ¿por qué demonios se habrá metido en lo nuestro? ¿quién le habrá puesto al corriente? ¡claro!, blanco y en botella, ¡la niña!, seguro que le ha ido con el cuento de que vive en casa, y el otro, que es más tonto que un higo, porque, vamos, ¡hay que ser idiota!, ¡pelearse con el novio de su mujer después de lo que hizo! no gana una para disgustos, los dos allí, como dos pasmarotes, claro, y encima Sergio explicando nuestra vida al comisario y diciendo que no le guarda rencor, que toda la culpa es suya,, ¿que le importará al comisario si es mi marido o es el vecino del cuarto?, lo que el buen hombre quería era salir de allí.
Bueno, a Sergio, le pinta, por idiota, ahora que, ya pueden ponerse de rodillas que los mando a buen sitio, los dos, ¡eh!, los dos, ¡Que vergüenza! Ahora que, después de esto, vamos, ¡
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