APOLTRONAO

 


Apoltronao

PEPE RAMOS

 

 

¡Que fácil!. Le comento a mi hijo Andrés que me siento solo, que el tiempo parece pararse en el reloj, que el recuerdo me llena de apatía, que no veo la hora de coger la cama cada noche tras mi tazón de valeriana para no seguir rememorando ese tiempo que no sé siquiera si fue o no fue feliz pero que me atormenta como imágenes de una película romántica...

Le pregunto si es verdad que su madre era tan hermosa como yo la recuerdo y el muy ladino  dice, sonriendo, que mucho más, que la foto de la boda, no le hace justicia...

¿Será perro el tío? Seguro que se burla de mi ansiedad, que el poco tiempo que pasa conmigo  se le hace  cuesta arriba, que si viene, es  por  alguna promesa que le hizo a su madre y que es por eso por lo que le cuesta tanto soportar mis cosas.

Últimamente le ha dado por decirme frases de un tal Facundo ¡vaya nombre que se gastaba el tío!, Facundo, como el tonto de Montejo... Aquel Facundo que se pasaba todo el día de Dios rondando por el pueblo en busca de lagartijas y que, al atardecer, sentado al fresco en los días buenos, y, al  alba, corriendo a por truchas al río.

 ¡Pobre Facundo! Ya de críos, mientras todos íbamos a la escuela, de buen grado o por la fuerza, él correteaba por el pueblo con el tirachinas sobre el pecho, como un escapulario, persiguiendo vencejos...

. Era ya mozo viejo  cuando murió su madre y algún alma caritativa, se rumoreó mucho que había sido Doña Clotilde, la de la Casa Grande, la que se molestó en buscarle una institución de caridad donde terminó  sus días atendido por las monjitas, ¿por qué será que los que llamamos tontos se apañan divinamente para vivir a la sopa boba... ¡Me río yo de los tontos!

 Pero, a lo que iba, por lo visto,  Facundo Cabral era un poeta argentino al que mataron de un tiro en la cabeza... ¡Hay que fastidiarse! Un hombre que se pasó la vida de acá para allá...  pregonando el amor  e intentando convencer a todos de que hay que dar infinitas gracias a  Dios por despertarnos cada mañana... Hay que tener mala prosapia, como decía la abuela, para hacer algo así.

Pues sí, Andrés viene a verme uno o dos días por semana y no sé cómo se las apaña para sacar siempre a colación el sonsonete de que hay que disfrutar el instante, que  la vida son dos días, pues claro, ¡sí lo sabré yo! Pero algunos, al menos yo, siempre me apañé para ganar un jornal y poder ir pagando el colegio de los hijos...

-¡Que sí, padre, que sí, pero ahora puedes disfrutar...!

-¡Qué disfrutar ni que niño muerto! ¿Disfrutó mucho tu pobre madre en los sesenta años que anduvo por este mundo de Dios?

Cuando la vida nos da la espalda, hay que ser muy utópico  para lanzarse a disfrutar... porque, en mis tiempos... Con las sesenta pesetas diarias que empecé ganando de jornal ¡Que coños iba yo a disfrutar!

-Debes aceptar el hecho de que mamá no va a volver por muchos cogotones que tú te des contra las paredes, se acabó y se acabó... Y encima dando gracias porque, no me digas que era plan el que tenía con el dichoso cáncer ese....

-Que sí, Andrés, que sí,  p´a ti la perra gorda, pero tu madre me hacía mucha falta, mucha...

-Y a mí, ¡no te amuela! a todos nos hacía falta pero... se acabó y se acabó, no hay otra...

-Claro, ya lo sé, ¡nos  jodió mayo..!. se me pone una cosa aquí, en el pecho... Porque, si todavía tuviese que ir a trabajar, con ese trajín de entrar y salir, ¡qué sé yo!, pero lo que es aquí, en esta Residencia de caldo de sobre, llena de vejestorios medio muertos…... ¡Todavía si  me necesitase alguien...! que no, Andrés, que no, ¿es que no notas este olor a muerto, a pis, a naftalina...? ¡No puedo conformarme, Andrés, no puedo! No me veo el tiempo que aún me quede, apoltronao  en estas butacas malolientes t´o el santo día de Dios...

 


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