¿POR QUÉ SE FUE JUAN
¿Por
qué se fue Juan?
PEPE Ramos
Al entrar Juan en casa vislumbra, tras la oscuridad que ha preparado Marta para ver la televisión como si estuviese en una sala de cine, deja la gabardina en el perchero procurando no hacer ruido y pasa a la cocina, se prepara un café de polvos frío, le refresca del largo viaje en coche. Con la taza en la mano, toma asiento junto a marta y en silencio.
Se miran y sonríen, a los pocos minutos, durante la publicidad, por decir algo, Juan, le da un beso en la mejilla, toma un sorbo de café y comenta, pensando en la trama de la película:
—Marta, cariño, ¿Tú serías capaz de
mentir para protegerme de un crimen?
Marta, acalorada por lo inesperado de la pregunta, le mira de hito
en hito y, con profunda indiferencia, responde:
— ¿Cometer tú un crimen?
¡Que disparate! un vendedor de lencería femenina... ¿Qué tripa se te ha roto?, Tú, por
no matar, no matas ni el tiempo… ¿De dónde has sacado esa estupidez?
Juan, siguiendo la broma pero algo ofendido por las palabras de su mujer y porque no le ha devuelto el beso, baja los ojos a las
rayas de los pantalones, los alisa con el índice y el pulgar de su mano derecha, deja la taza en la mesita de centro y, sin mirar a Marta, vuelve a preguntar.
-¿Serías capaz? — breve
pausa —. Necesito saberlo.
Marta, un poco molesta por la insistencia de su marido, fuera de sí, exclama con rabia:
— Pero, Juan, a tí ¿Qué te han dado? ¿Te ha ido mal el viaje y pretendes sacarme de quicio? ¿Es eso?
Juan, posa sus manos sobre las rodillas, después, se
pone en pie e insiste muy serio:
-Verás, Marta, necesito
saber si estarías dispuesta a jurar que llegué ayer mañana, que dormí contigo, que hemos pasado todo el día juntos. que no salimos, que era el aniversario de... lo que sea, el día que nos conocimos, el aniversario de... lo que sea, el caso es que pasé todo el día contigo, aquí, en casa, que no salimos, lo que sea... —ya concretaremos los detalles—, carraspea, ahora habla con más firmeza:, necesito saber si mentirías por mí… si
estoy a salvo de…
Marta interrumpe a su marido irritada.
—Paparruchas, tú estás loco, no si ya me lo dijo mi padre, que tenías fama de tarado y don nadie, y de sobra que lo he podido comprobar en estos años...
—No hace falta ofender, te estoy hablando muy en serio, cariño, verás, ayer tuve un mal día, alguien a quien he estado evitado durante años, apareció de pronto y tuve que acabar con él. Está en el maletero del coche. Si prometes que vas a ayudarme, podríamos ir al coche y…
Nueva interrupción de Marta, ahora está acalorada, se frota las manos con nerviosismo.
—... Nada de podríamos ¿Qué te
has creído? ¿Qué puedes venir aquí a
pedirme que yo… por tu cara bonita… te
ayude a…
—No, escucha, podemos hacer otra cosa, yo lo resuelvo, ahora, cuando salga, cierra con llave. En un par de horas, tres a lo sumo, cuando me haya deshecho del cuerpo, vuelvo... y luego, tranquilamente, preparamos la estrategia a seguir por si vienen por mí....
Marta, que está en pie, mirando a su marido de arriba abajo, respirando hondo para cargarse de una tranquilidad que está muy lejos de sentir, con el brazo derecho enhiesto, señala la puerta y dice, masticando muy lentamente las palabras.
— ¡Largo! no quiero saber
nunca más de ti. ¡Ah! y procura que no me pregunten, porque si depende de mí…
¡No te salva ni Dios!
Juan, se incorpora de nuevo del butacón, mira unos segundo a Marta y volviéndose, toma la gabardina, se la coloca despacio, muy despacio, mira unos segundos a su alrededor y después, se
dirige sin prisa a la puerta, ya con la mano derecha en el picaporte dice, con una voz ronca, seca, extraña:
—Nadie te preguntará por mí,
-ahora sonríe- puedes estar tranquila, pero a ti no se te olvidará jamás
esta conversación.
Sale cerrando la puerta tras de sí con sumo cuidado.
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