EL VIAJERO
El
viajero
Pepe Ramos
Yo,
estaba convencido de que Marta, cuando me viese aparecer, se ruborizaría
recordando momentos de nuestro pasado juntos, pero no. Tras unos instantes de
vacilación, con las manos en jarras, me espeto.
- O sea, que el señorito se ha cansado de
vagabundear por ahí y como la tonta de Marta sigue bebiendo los vientos por él…
- No mujer, deja que te explique… no tuve alternativa.
Me habían reclamado y… como comprenderás… ante eso…
- Te habían reclamado. Bien, pero el
teléfono se inventó hace muchos años y tú…
- Claro… tenía que haberte llamado… lo sé…
pero ¿qué podía decirte?
- La verdad, por lo general, suele ser lo
que mejor funciona. Claro que tú, según parece, no pensaste en mis
sentimientos…
- Imagina. Me llaman en medio de la noche.
Mi padre, al que creía muerto hace años… Ahora sí, ahora está de cuerpo
presente… y a quinientos kilómetros… tengo el tiempo justo de llenar una maleta
y salir corriendo al aeropuerto.
- Pero no me llamaste.
- Eran las tres de la mañana y…
- Eso no es excusa para desaparecer por
diez años y esperar que yo…
- Pero tú… me esperaste, estás aquí…
- Estoy aquí porque no salí huyendo como
otros pero… no te esperé… vivo con otra persona…
- ¿Te casaste?
- No es necesario, espera que lo llame.
Iván, ven, haz el favor…
Aparece un niño rubio, de
ojos grandes y pelo ensortijado que, sorprendido, pregunta:
-¿Quién es, mamá?
Marta mira al niño, luego me
mira a mí, por fin, tras una breve pausa, responde:
-No es nadie, cariño, un
hombre de paso que desayunará con nosotros… ¿Le apetece?
-¿Ahora me llamas de usted?
¿Y ese niño?
-Ese niño es mi hijo… solo
mío ¿sabe? Su padre está de viaje… hay padres que siempre están de viaje… ¿Lo
quiere con leche o solo?
-¿El qué? ¡Ah, sí, con
leche, por favor…
-Uno o dos terrones.
-Dos, por favor.
Comentarios
Publicar un comentario