LA VISITA DE LOS HIJOS
Los
tres coches enfilaban calle arriba hacía
la carretera general, fue Candelas la única que se despidió tirándome un beso
con la mano abierta mientras Lola, su hija, se entretenía con la NINTENDO sin mirar a nadie.
Dentro, con su eterna
sonrisa, Rocío, frota entre sus manos, un pañuelo ya deshilachado.
-Adios, papá. Cuídate
mucho, ya nos llamamos ¿vale?
-Vale, hija, vale.
Estaremos en contacto.
* * * * * *
“¡Qué barbaridad!, con la
ilusión que me había hecho su llegada, no sé por qué, quizá fueron fantasías
las que me hicieron creer que una vez aquí, viendo el panorama, tomarían cartas
en el asunto, de hecho, Candelas, la
pobre, se remangó en cuanto soltó las maletas y dejó la casa como un jaspe en
menos que se dice, ¡vale mucho esa chica! Ya lo creo, pero no, lo que he sacado
en limpio es que no son buenos ni para ellos mismos porque, con la vida que
llevan, cualquier día… Y el caso es que,
al verlos aparecer, tan alegres, llenando la casa de voces y risas… creí volver
a los años en que se criaban, pero no…
Cada uno ha desarrollado aquella
personalidad que yo veía, aún incipiente y que tanto me hacía sufrir…
Carlos, por ejemplo, es
hoy todo un señor de traje y corbata, colgado del móvil todo el día y que, a pesar de la crisis, lucha por prosperar, y eso que era el peor estudiante,
el más inseguro en todo, sin embargo, ha sido el único que, nada más llegar, se
ofreció a ayudarnos incondicionalmente.
“-Papá, ¡por lo que más
quieras!, no sé como podeís estar así, esto hay que solucionarlo, naturalmente, ,lo
ideal sería que mamá ingresase en el Centro de Alzheimer y tú, bueno, con que
viniese alguien unas horas a adecentar la casa y prepararte algo de comida… en
fin, tú veras, por mi parte…”
“-Vale, ya hablaremos… mas adelante, de momento, con que esteís –se
me hizo un nudo en la garganta-,… un poco pendientes…”
“-Un poco pendientes, Pero,
si ha faltado el canto de un duro para que tuviésemos una desgracia, menos mal
que Lola estaba en el portal y la vio
salir… No, papá, necesitáis alguien que os cuide… a ver que dicen mis hermanos
pero, si la mía vale…”
Rocío, frente a nosotros,
sonreía, se diría que estaba conforme, pero ¡quía!, se peinaba las trenzas sin comprender nada…
A la hora de la siesta no
podía dormir pensando en sus palabras, decidí bajar a ver un poco la televisión
pero, al oír las voces, me quedé escuchando oculto en el rellano de la
escalera. ¿Qué no debí hacerlo? Desde luego que no.
Carlos y Raúl se gritaban en el salón, frente
a la televisión apagada, en la esquina del sillón, como siempre, Rocío.
Lola y Candelas habían
salido a dar un paseo.
Escuché con profundo dolor
y, aún ahora, no sé como pude contenerme sin bajar a darles un par de bofetadas
como cuando eran unos crios.
“-Carlos, debes entender
que, aunque seas el mayor, eres el menos indicado para decirnos lo que debemos
o no debemos hacer con respecto a los padres, deberías haberte ocupado de tu
casa, quizá así hubieses evitado la marcha de Maruja, porque, por más corazón
que se tenga, y Maruja ha demostrado tenerlo aguantando tus… digamos
tendencias, durante tanto tiempo… otra en su lugar te hubiese tirado la maleta
por la ventana el primer día que supo que se la pegabas… nada menos que con un
hombre… si yo le hago algo así a Carmen…¡me afeita en seco! Pero vamos a lo que
importa ahora, nosotros, Carmen y yo, no podemos aportar la cantidad que tú nos
pides, estamos dispuestos a hacer un sacrificio pero…
Carlos, herido en su amor
propio, respondió airado.
“-Ya sé, ya sé, Raúl, el
santo, el buenísimo, el de mejores notas… si fueses sincero deberías admitir
que sacas a relucir tu artillería pesada y toda esa fanfarria de que si soy esto y lo otro… para
no renunciar a tus vacaciones en la playa, tus cenas de trabajo… Raúl, Raulito,
si esos quinientos euros al mes es quitarte de dos cenas al mes… y, a cambio,
ibas a tener la conciencia…
“-¡Que sabrás tú de
conciencia! Además, tanto que hablas, tus supuestos mil euros ¿quién te lo va a dar? ¿Tu amante, o su mujer?”
Carlos está rojo como la grana,
de pronto, súbitamente toma en su mano derecha una figura de piedra que había
sobre la televisión y la lanza hacía su hermano, éste, agachándose, evita el
golpe y la figura va a estrellarse contra la puerta de la calle.
Lola, que entraba en ese
momento, asustada, corre escaleras arriba, tropieza conmigo en el rellano, me
mira estupefacta y sigue corriendo hacía arriba mientras grita:
“-Yo me largo ahora mismo de esta casa de locos… ”.
Ese fue el momento que aprovechó Raúl para
salir al jardín mientras Carlos,
temblando como una hoja, se cubre la cara con las manos y estalla en un largo
sollozo.
* * * * * *
Comprendiendo que Carlos
necesitaba su tiempo para desahogarse esperé unos minutos, después entré en el
salón y aparentando una indiferencia que estaba muy lejos de sentir, me senté a
su lado y nos pusimos a hablar como si
no si allí no hubiese ocurrido nada.
Al rato entraron Carmen
y Raúl, conectaron la televisión en Antena Tres y se dispusieron a ver una
película de psicópatas hasta que Carlos, haciendo caso omiso de su presencia y
cambiando radicalmente de conversación, me dijo:
“-Papá, ellos ya lo saben
y no pensaba decírtelo, bastante tienes con lo de mamá…-parecía temeroso-, el
caso es que Maruja y yo… hemos roto… Ahora estoy…-se interrumpió y mirando
fijamente a los ojos a Raúl y Carmen continúo en un susurro-, solo pero… podéis
contar con mi ayuda…-vuelve a guardar silencio, parece avergonzado-, Raúl y yo hemos hablado del tema … en fin, si quieren, que te lo cuenten ellos…
Me pareció sincero, guardé
silencio, vinieron a mi mente otras rupturas, la de Candelas con Juanjo, ahora
eran Carlos y Maruja, menos mal que no había ningún niño por medio, luego
recordé como se le hacía la boca agua hablando de su Maruja. Que si Maruja
esto, que si Maruja lo otro… y ahora, ¿cómo había dicho Raúl? “…nada menos que
con un hombre” Dios de los Cielos, ¡un hijo mio! ¡Que vidas!… otro más que ha
destrozado su matrimonio
¿Esperaba que me confesase a mí todo lo que
había admitido a su hermano? No lo sé, jamás le preguntaré cual fue el motivo…
¡Que sea lo que Dios quiera!.
“-Vaya, hijo, ¡Cuánto lo
siento! Ya sabes el cariño que tenemos en esta casa a Maruja”
Carlos, en un de sus
famosos arranques, tan falto de sensibilidad, me replicó, mirando para otro lado:
“-Perdona que te lo diga
papá, pero, si algún día me entero de que Maruja pone los pies en esta casa… Podeis iros olvidando de mí.
Se hizo un largo silencio
que interrumpieron Candelas y Lola al bajar al salón con las maletas de la mano.
“-Bueno, nosotras nos
vamos, mañana hay que trabajar ¿no?
Unos besos apresurados,
carreras de unos y otros y media hora más tarde salían hacía los coches.
¿Y yo que creí que al
menos Candelas estaba dispuesta a venirse a vivir con nosotros? Ya había hecho
mis cábalas. Candelas podía quedarse en su antigua habitación de soltera, Lola,
en la de Carlos, que es la mejor de todas y reúne buenas condiciones para que
estudie… Pero no, se iban como habían venido, de vacío, después de otear la
carroña…
¡Que hagan lo que quieran!,
Candelas y Lola estarían infinitamente
mejor aquí que en Guijuelo y, total, con el coche, ella podía ir y venir todos
los días al trabajo, otros lo hacen ¿por qué no podía hacerlo ella? Además, así
me echaría una mano para cuidar a su madre.
Pamplinas, ensoñaciones, siempre
ha tenido razón Rocío, soy un utópico, si me hago de miel… ¡Qué no, hombre, que
no! Que sigan con sus vidas y sus negocios… Menos mal que Rocío no se ha enterado de nada…
¿O quizá sí?
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