MANUEL Y TERESA EN LA NUEVA NORMALIDAD



MANUEL Y TERESA EN LA NUEVA NORMALIDAD

Manuel rumia, hablando para sí mismo, lo que piensa proponer a Teresa, no le explicará la reunión con don Enrique, "para qué las fiestas", solo que no hay trabajo para él, sin más, que lo mejor es...
La reunión que se imaginaba iba a ser la incorporación al trabajo tras el ERTE. se desarrolló de forma desastrosa, Don Enrique, el director, le recibió sentado en su despacho y sin siquiera decirle que se sentase, tras los "Buenos días Manuel" fué todo una perorata ensayada, o quizá repetida muchas veces con los otros compañeros de trabajo, "Comprenderá usted, Manuel, que, a la vista de cómo se van desarrollando las cosas, nos vemos en la imperiosa necesidad de cerrar, -Manuel se queda blanco, sabe lo que significa aquello-, no me mire usted así, ya he dado las ordenes oportunas para que todos ustedes reciban, junto a la nomina de abril y el finiquito, una sustanciosa cantidad y los mejores informes, no podemos hacer otra cosa, tiene usted cargas familiares, eso le permitirá tener un paro más alto, pero, coño, no me mire usted asi, que no hay ninguna animosidad por nuestra parte, el Covid nos ha llevado a esto, pero, no solo a nosotros, a todos, la mayoría tendrán que ir al paro... y usted, con su curriculum... ¡Quien dijo miedo!, tranquilo Manuel, esto pasará, no se agobie, pase por Administración y allí le atenderá Rosita con todo gusto". Había sido duro mantener la mirada de Rosita, recibió sin hablar el sobre con la nómina y los complementos por un lado, y por el otro, el sobre blanco con la supuesta recomendación y salió del despacho sin atreverse a mirar a nadie, como si hubiese cometido algún delito.
Ahora, con las manos en los bolsillos del pantalón, como un desocupado cualquiera, se va fijando bien en la gente que le rodea, guantes, mascarillas, algún despistado que va a su aire y sin precauciones, por lo general, y esto le sorprende mucho, la gente no respeta la distancia social esa que dice el gobierno, se cruzan, te adelantan, te sacan de la acera para ir a lo suyo.


Sí, sin malos rollos, sin sentirse culpable, le dirá:
“Tere, vamos a tener que volver al pueblo, no nos queda otra, no me veo ofreciéndome de peón de albañil en una obra, que es lo único que funciona algo ahora, con dieciocho, cuando vine del pueblo, podía subir hasta un segundo piso un carretillo de rasillas o cemento por la rampa de tablones, pero ahora, la verdad, no me veo, y a vender pantalones no puedo ni siquiera soñar en volver, no van a llamarme, con la que está cayendo, si se mantienen los más jóvenes, es para que don Enrique se dé con un canto en los cientes… tú verás”


No se da cuenta de que va hablando solo, de pronto, como en un fotomatón, ve la cara de vinagre que pondrá Tere, -“No, al pueblo, ni atada voy al pueblo, y vivir con tu madre, que no me… en fin, de sobra sabes tú que no lidiamos, vaya”
-, “Seguro que será violento pero... pero no hay otra”,


Mete el llavín en la cerradura y Manolín y Teruca le salen al encuentro corriendo.


-Papí-grita Teruca-, ¡ya has vuelto!, qué bien, al menos tú juegas con nosotros… mamá dice que está muy atareada en la cocina pero… está sentada en la mesita del pan con las manos en la cara, ¿seguro que no os habéis enfadado?
Manolín no dice nada, se agarra de los bajos de la chaqueta de su padre y lo mira muy serio –“este niño se ha tragado a un hombre o ha crecido demasiado a prisa” piensa Manuel.
-No, ¡qué disparate!, no nos hemos enfadado, mamá está triste y punto, a veces, las personas mayores, estamos tristes por unos motivos u otros, ya lo entenderás cuando crezcas, cariño. Seguid jugando, por favor, que tengo que hablar con la mamá y ahora no puedo jugar con vosotros, no estoy…-iba a decirles que no estaba de humor, pero se contuvo-.
Los niños corrieron a su habitación y al instantes estaban gritando y riendo.

Manuel entra en la cocina y pone las dos manos en los hombros de Teresa, después, sin decir nada, se sienta sobre la encimera, frente a ella.
-La señora Rocío dice que no puede esperar, que o le pagamos este mes o nos vamos a la calle, que ella necesita el dinero, ¿qué has pensado que podemos hacer?
Teresa se quita las manos de la cara, está llorando.
-Irnos antes de que nos pongan la cara colorada y vean los niños como nos echan por no poder pagar, Don Enrique me llamó... para darme el finiquito... Ya no... ya no tengo que aparecer por allí para nada... y, para liquidar la renta a la señora Rocío había pensado en tu hermano Román, tal vez...
-Con Román no cuentes, no quiere volver a verte ni en pintura, ¡menudo disgusto!, ¿a quién se le ocurre llamarlo usurero porque cobra intereses… Eso, aunque sea verdad, no se le puede decir a nadie, cada uno vive de su trabajo, y si lo tiene, sus sudores le ha costado…
-Pues nada, lo que te digo, nos volvemos al pueblo y san se acabó, es lo mejor, llamo a mi madre y estará encantada de recibirnos…
-Sí, claro, fracasados, después de que nos negamos en redondo a traerla a casa cuando murió tu padre… ¿has pensado en qué lugar quedo yo si aparecemos en el pueblo mendigando que nos acoja en “su casa”? 
Teresa resaltó mucho ese “su casa” y Manuel bajó los ojos y guardó silencio unos instantes. Luego insistió.

-No hay otra, ¿qué trabajos puedo conseguir con cuarenta y tres años y en esta crisis? Desde luego, de dependiente no me vuelven a coger, seguro. Don Enrique se quedará con los  más jóvenes y con suerte, ¡menuda cara tenía la chiquita de Administración, esa... seguro que ya ¡está buscando. Está la cosa con esto del bichito!
-Ya lo había pensado yo, que en cualquier momento te ponían en la calle y se quedaban con la “morritos” y el guaperas… Así, "las señoras", irán por verlos y algo comprarán, porque tú, con esa cara de juez que tienes, no vendes ni una corbata… ¡abrase visto el muy…!
-Tampoco hay por qué ofender Tere, que yo solo decía que no puede recuperar más que a los más jovenes y elegirá lo que mejor le convenga…
Durante por lo menos tres o cuatro minutos no se oye en la casa más que el alboroto de los niños en su habitación.
-Tú ganas, Manolo, tú ganas, llama a tu madre, cogemos el coche y a los niños y ya avisaremos a la señora Rocío de que las llaves están en el buzón… A fin de cuentas, al que no puede… el rey le hace libre ¿no decía eso tu padre?
-¿Seguro que es eso lo que quieres?
-¡Qué no es querer, Manolo, que no es querer! Es que no hay otra, ahora hablo con los niños para que lo vean como unas vacaciones al pueblo, tu llamas a tu madre y, lo dicho, cambio de vida, ¿no dice el presidente que esto es la NUEVA NORMALIDAD?
-Sí, Tere sí, la nueva normalidad, ¡buena nos la ha montado el covid ese!
-Pues venga, que p´a luego es tarde.


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