LA NUEVA NORMALIDAD
LA
NUEVA NORMALIDAD
¡Qué
bonita frase!, ¡lo que puede llegar a conseguir una frase bien publicitada!,
alguien repite algo muchas veces y se queda, sobre todo si el que la repite es
el presidente del gobierno y sus ministros, todos estamos pendientes, preocupados,
ansiosos, hay muchas familias que dependen de lo que dicen en ese aparato
mágico, de lo que diga el presidente, de lo que diga la portavoz o Fernando
Simón, depende su futuro, su vida, su economía, en esta pandemia televisada,
dependemos de los demás más que nunca, podemos protegernos, evitar salir a la
calle, lavarnos las manos diez veces al día, salir con guantes y mascarilla
pero si un extraño se acerca a nosotros y estornuda, digas o no digas, Jesús,
puede llevarnos al hospital por el dichoso virus, y eso, el riesgo, nos hace
terriblemente vulnerables, eso y el miedo que inoculan en nuestros cerebros las
imágenes de los hospitales, las batas y las mascarillas de los sanitarios que
hablan del contagio de sus compañeros.
A
día de hoy, 7 de mayo 44 sanitarios fallecidos, y siguen los contagios, más en
los hospitales que en la calle.
Y
la televisión, el mundo de los sueños, nos vende la idea de cómo será esa nueva
normalidad, como si cambiásemos de mundo, de ambiente, de entorno, y para
muchos así será. Por ejemplo, para Manuel y Teresa.
El
número oficial de pequeños empresarios de hostelería, de tiendas de reparación
de calzado, de tintorerías, la fruterías
de barrio, de pensiones, hostales, papelerías, etc. etc. que han tenido que
dejar la actividad tras esta larga siesta del confinamiento, asciende a ciento
treinta mil.
Para
todos esos, para los que han sido etiquetados con el papel del ERE que le
dieron en la gestoría, o el ERTE o el despido por cese de actividad, para todos
esos, la NUEVA NORMALIDAD va a ser terrible, de buscar comida, de intentar
empeñar los anillos de boda, la plata, la pulsera del cumpleaños del año
pasado, para todos los que aún no saben lo que va a ser de ellos, si van a
tener trabajo porque el ERTE si les da una parte del sueldo pero, de manos
cruzados y mirando la televisión se piensa mucho, y los niños preguntan y no
hay respuestas que dar, y la tele ofrece pagar el seguro por meses y el banco,
con un compromiso, te permite aplazar tres meses el pago de la hipoteca, pero
la dueña del piso dice que no, que ella vive del alquiler y la pensión y que no
puede, y lo entiendes y bajas los ojos y das media vuelta susurrando “Sí,
señora, sí, tiene usted toda la razón, hablaré con mi cuñado a ver si me…” Y te
vuelves a casa con las manos en los bolsillos del pantalón y arrastrando los
pies, no sabes que puedes decir en casa porque, lo que está claro es que, con
lo del ERTE y encima a saber hasta cuándo durará, no puedes pagar y comer, si
comes no pagas y si pagas no comes, porque… no alcanza.
Y
un viandante te coge del brazo y te pregunta “¿Se encuentra bien?” y tú musitas entre dientes, “Sí, muy
bien, perdone, esta distraído, ya sabe, uno
se mete en sus pensamientos y no sabe ni por dónde va” “Pues… ande con
ojo, si no le sujeto, ese coche le atropella” Y te preguntas para ti, “¿Quién
sabe si esa no hubiese sido la mejor solución?” Pero no, te estiras, respiras
hondo y piensas en positivo. “Sí, hablaré con Tere, le diré lo que hay, haremos
cuentas y… nos apañaremos, sí, Manolo, sí, que siempre que ha llovido…”
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