QUE ME QUITEN LO BAILAO

 

Que me quiten lo bailao.

Pepe Ramos

 

 ¿Quién puede creerse que me subí a horcajadas a la barandilla de un quinto piso a tensar las cuerdas de la ropa? Ellos, solo ellos, que están en otra onda. ¡Mira que no darse cuenta de que ese diablo de Rubén me había dejado tocada de ala al marcharse de aquella manera!… Todo el mundo entendió que me había quedado sin ganas de vivir… Y si vas a ver, estaba justificadísimo, porque, desde que murió mi Antonio, no habían entrado en casa más pantalones que los de mi hijo y es más que probable que, conociéndola, Enriqueta temiera por la herencia con la llegada de  ese chico, porque, de la noche a la mañana, me convertí en una mujer coqueta, juguetona, alegre, que amaba la calle, las compras,  vivir la noche…

Ese  chico me tenía sorbidito el seso y los chismorreos de las vecinas me hacían gracia. ¡Como que  ponía pimienta a la vida…!Si hasta el señor Andrés me canturreo una mañana, que bajábamos juntos en el ascensor, eso de “¿Dónde se mete, la chica del 17? ¿De dónde saca, pá tanto como destaca ,,,?” y yo, sonriendo de oreja a oreja, como una quinceañera.

Esa noche, seguro que fui la comidilla del Tercero G. ¡Ya lo creo!; ese chico me quitó treinta años de encima. La pena es que al pobre se le debió hacer un poco cuesta arriba el precio que yo le imponía por la habitación, y su marcha, precipitada, terminó trayéndome aquí, porque, Mary Ángeles, ¡te pasaste con tus prisas en recuperar el tiempo perdido! Debes admitirlo, lo de Rubén era  alta tensión.

¿Que Rubén no era sincero? Y eso, ¿qué importa? Lo que cuenta es que disfruté en tres meses lo que no había podido ni soñar, y ahora,  aquí dentro, me río a carcajadas de mi nuera, que finge llorar y de mi hijo, que se traga las lágrimas por no ser capaz de decirle a su mujer qué decía la carta que dejé sobre la mesa del comedor… Y ahora, que soy más libre que nunca, le envío un hermoso corte de manga a esa mojigata sociedad, llena de mentira, que hoy  se pone de luto por Mary Ángeles Moreno y mañana se parte de risa por cualquier astracanada de la tele. Lo dicho y… ¡que me quiten lo ‘bailao’!” .

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