LA TARDE EN QUE EL GATO CON BOTAS CONOCIÓ A GEPPETTO Y PINOCHO.

 






LA TARDE EN QUE EL GATO CON BOTAS CONOCIÓ A GEPPETTO Y PINOCHO.


Cuando el Rey de la Espadaña Blanca quiso hacer un viaje para conocer todo su reino y, de paso, pasar unos días en el Castillo del PRINCIPE DE CARABÁS, invitado por su lacayo el     GATO CON BOTAS, hubo mucha fiesta por todo el reino, y la gente salía al camino para conocer a sus reyes  FACUNDO TERCERO, su esposa, la reina AGRIPINA y su bella hija la princesa LUCECITA.

El GATO CON BOTAS tuvo que salir dos días antes del inicio del viaje de los reyes para advertir a todos los vecinos del camino para que dijeses que todas aquellas tierras, rios, bosques y ciudades eran propiedad del PRINCIPE DE CARABÁS porque, les dijo el GATO CON BOTAS, de no hacerlo así, tendrían un real castigo.

El GATO CON BOTAS ya estaba muy cansado de tanto correr de un sitio para otro sin apenas parar para que no le alcanzase el carruaje del Rey cuando llegó al BOSQUE DE LOS CIPRESES VERDES, que son unos árboles muy altos, muy altos, que terminan en pico como la punta de los lapiceros.

Vio a un viejo que trabajaba lijando unas tablas a la puerta de su carpintería y hacia allí se encaminó con la intención de descansar un poco antes de proseguir el camino.

El hombre, viejito y muy delgado, que tenía el pelo muy blanco estaba inclinado sobre  la madera y levantó la vista extrañado al ver a un GATO que andaba como cansado dentro de unas BOTAS de caminero, estaba haciendo una mesa grande, la dejó contra la pared de su carpintería, se incorporó con los brazos en la cintura y esperó a ver qué es lo que quería aquel gato tan raro, vestido con aquel traje tan elegante, su pluma en el sombrero y aquellas botas que avanzaban muy deprisa, cada paso era como diez de un hombre grande, cuando el GATO CON BOTAS se acercó, le dijo al señor viejo:

-Buen hombre, ¿podría descansar un poco? Vengo de muy lejos y apenas he comido, tengo que advertir a todo el reino y no sé si me va a dar tiempo.

-¿Advertir de qué? ¿Y por qué a todo el mundo? ¿Ocurre algo malo?

-No, al contrario, la visita del REY FACUNDO es una gran noticia para todos, seguro que este año, a poco que esté contento con el recibimiento de su pueblo y los esponsales de su hija LUCECITA con el PRINCIPE DE CARABÁS que está prevista para dentro de unos días, se olvidará de cobrar los impuestos.

El carpintero se rascó la cabeza pensativo, luego dijo al GATO CON BOTAS:

-Pues descansad bien, que si el REY FACUNDO es tan bueno, no tendrá inconveniente en que no  termineís de avisar a todos de su visita. Y, ¿de qué se trata esa advertencia?

El GATO CON BOTAS se quedó mirando extrañado a aquel hombre que parecía tan sabio, pero, al final, después de pensárselo un poco dijo al carpintero.

-Bien, bien, bien, amigo carpintero, tengo que advertir a todos de que estas tierras y este bosque pertenecen al PRINCIPE de CARABÁS porque, de otro modo...

El carpintero le interrumpió algo molesto:

-Mi querido amigo GATO estas tierras pertenecen al BOSQUE DE LOS CIPRESES VERDES, ¡si lo sabré yo, que he sido alcalde del pueblo cinco años cuando joven...! Y esta casa y la carpintería y todos los cipreses que veis hasta el camino son de mi propiedad y no se los voy a dar a nadie, son el pan de mi hijo PINOCHO y el mío. ¿Cómo se os ocurre decirme semejante mamarrachada?

El GATO CON BOTAS no sabía lo que quería decir aquella palabra tan larga, pero no preguntó, solo dijo con una sonrisa un poco falsilla.

-Vereis mi amigo, es que es... una apuesta, eso es, una apuesta que tengo yo con el REY FACUNDO y por eso...

-No, no y no, os podéis sentar, ahí tenéis una tajuela, mi hijo os sacará algo de comer, la gente de esta zona somos hospitalarios y... PINOCHO -llamó al interior de la casa-, trae a este buen amigo una hogaza de pan, algo de ese queso que compramos el mes pasado... ¡ah!, y agua, que viene muy cansado y sediento y...

-Muchas gracias señor carpintero, se lo agradezco, pero ¿no va a salir al camino a dar la bienvenida al REY FACUNDO?

-No, GATO no, yo no digo mentiras y eso que me pide lo es, aunque me cueste un castigo, tengo que educar a mi hijo y ya sabrá usted que hay que predicar con el ejemplo.

-¿Con el qué...?

-Diciendo la verdad siempre.

Salió PINOCHO con un plato de madera muy grande y en él un vaso de agua, grande como una jarra, un trozo de queso tan grande como el sombrero del GATO y una hogaza de pan tan tierno tan tierno que estaba diciendo "COMEDME" y lo dejó en el suelo al lado de la tajuela dónde se había sentado el GATO CON BOTAS.

-Ya ves, hijo, ya ves, -dijo GEPPETTO a PINOCHO-, este GATO que viene a pedirnos que digamos que estas tierras, el bosque y sobre todo, mi casa y mi carpintería pertenecen a un tal PRINCIPE DE CARABÁS porque si no...

El GATO CON BOTAS, que había comenzado a comer el queso como si no hubiese comido en una semana y casi se había caído dentro del vaso del agua dijo como con miedo.

- Es solo mientras pasa el carruaje del REY FACUNDO TERCERO con su esposa y su preciosa hija la PRINCESA LUCECITA, es una pequeña mentira que no obliga a nadie a nada y que...

-NO, no y no, nosotros -dijo PINOCHO-, no podemos mentir porque si mentimos... bueno, a mí, por lo menos a mí, me crece la nariz y...

-Nada, que no,- dijo GEPPETTO -, lo único que podemos hacer es irnos de aquí, hay un río cerca y si nos vamos a pescar evitamos tener que decir mentiras y...

-No, no, por favor, al rio no, en el río precisamente tiene que parar el carruaje del REY FACUNDO está todo previsto, si no estais dispuestos a ayudarme, podeis esconderos detrás de los cipreses y ya está, es que... bueno, es una sorpresa para el REY FACUNDO que no puedo descubrir a nadie.

Al rato, cuando terminó de beberse toda el agua que había en aquel vaso grandísimo y comerse el pan y el queso, dándose golpecitos de satisfacción en la tripa, se despidió de sus amigos GEPPETTO y PINOCHO y siguió camino adelante avisando a todo el mundo.

Esto ocurrió en junio, a primeros de junio, por el 2 o el 3 y por el 15 o 16 más o menos tuvo lugar la boda de la PRINCESA LUCECITA con el PRINCIPE DE CARABAS, en el castillo que antes había sido del OGRO VANIDOSO, pero eso ya es otra historia.

Y colorín, colorado, este cuento, ha terminado.

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