El pobre




El pobre
 

            Creo recordar que fué en enero de mil novecientos cincuenta y seis. Hacía una tarde de perros. Aún queda la huella de los sabañones de aquel invierno.
            Al llegar a casa de la escuela había visita. Pasé con un "buenas tardes" rápido, camino de la cocina. Allí, como cada tarde, me esperaba la merienda. Pan con chocolate Coca.
            En la mesa del comedor, sentado frente a mis padres, había un hombre gordo, moreno y calvo, a su lado, junto a los restos de la merienda, un sombrero de fieltro negro.
            Guardaron silencio al oirme entrar y a mi paso, mamá sonrió sin decir nada. Cuando ya estaba en la cocina, siguieron con su conversación.
             Aprovechando que ellos estaban “a lo suyo” dejé a un lado  la cartera y  abandonando, de momento, los deberes, me quedé “de cucharon” detrás de la puerta.
            Desde allí veía perfectamente como aquel hombre se llevaba a la boca, con el dedo untado en saliva, migas de pan mientras cuchicheaba algo a mi padre y éste sonreía.
            Al rato, se había hecho oscuro, mamá se levantó de la mesa para encender la luz porque, antes, las tres figuras parecían sombras chinescas. Cuando el hombre se levantó, cogió su sombrero y se dirigió a la puerta. Mi padre, precipitadamente, salió tras él y mamá paso a la cocina, encendió la luz y, al verme, sonrió sin decir nada. Cogió una bayeta y volvió a la mesa del salón para pasar la bayeta humeda por el hule,  cuando me acerqué para  ayudarla a recoger las cosas,  volvió papá frotándose las manos, parecía muy contento.
            -Oye papá… ese hombre es un pobre ¿verdad?
            Papá y mamá se miraron en silencio y papá dijo.
            -Don Servando un pobre… ¡qué ocurrencia! A ese… bueno, a ese no le ahorcan ni por un millón de pesetas… Un pobre dice el mocoso este… ¿qué te parece Feli?
            -Nada Joaquín… nada, cosas del crío ¿qué me va a parecer?
            -Como se comía las migas…
            -Las migas y lo que sea, hijo, los ricos siempre tienen hambre, don Servando es el dueño de medio pueblo, precisamente ha venido a comprarnos las tierras del abuelo Paco, que en paz descanse… ¡Y a tocateja!... Un pobre don Servando –bromeó papá sirviéndose un vaso de vino.
            Al día siguiente comimos filetes y arroz con leche.

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