Vive el momento
Vive el momento
A veces, tumbado en el sofá, agobiado por los calores de agosto, vienen a mi memoria los años de infancia y quedo estupefacto.
¿Realmente han pasado mas de sesenta años?. No, no es posible. ¿Dónde está el truco?.
Aturdido, miro mis manos, las venas, azules y abultadas, las manchas y esa calva, ya nada incipiente.
¿Hay más de medio siglo entre las correrías de aquel niño que jugaba en el patio de los Padres Jesuitas y mi presente de hoy?
¿Soy el mismo niño que siguiendo el consejo de don DESIDERIO se mete, como el filósofo griego, una piedra redonda y limpia en la boca intentando una y otra vez corregir la pronunciación de la r apoyado en el pretil del pozo que había en medio del patio evitando la presencia de los compañeros que, un poco más allá, juegan a la pelota?
En esta duermevela que me envuelve, veo, como en las viejas fotos de color sepia, al niño de pantalón corto, tímido y apocado que evitaba, o procuraba evitar, que se burlaran de él.
Y fluyen, como un río, recuerdos que creía perdidos para siempre.
Subido a un árbol cogiendo las hojas de morera para esos gusanos que tanto asco daban a mamá.
Eso ocurrió antes, cuando iba al colegio de mi calle, que después fue Luis Vives y ahora es un edificio municipal sin utilidad alguna, como tantos otros. ¡Qué dentera le entraba a mamá verme poner sobre el hule de la mesa del comedor las hojas de morera frescas y relucientes, y sobre ellas, los gusanos de seda.
-Quita de ahí esa cosa Pepe, que me da no-sé-qué... ¡habrase visto el niño este!...
"...Y si no nos las dan, les rompemos un cristal". Ese era el pegadizo final del canto de las vacaciones de Navidad.
Alborotábamos, como incipientes mitineros, nuestro canto de rebeldía ante la posibilidad de no poder disfrutar del turrón de pobre, las almendras y los dulces de mamá ante el portal de cartón piedra.
Y pocos años más tarde, las ferias de septiembre, al lado de nuestra casa de la calle Argentina, junto a la via, la Alamedilla y la efímera libertad de escapar de los deberes durante un rato corriendo a la calle por la puerta de atrás para ver dar vueltas a los coches chocones embobados ante el aroma a churros, almidón dulce y la música de Gloria Laso y su "Cachito, cachito, cachito mio...", la escoba del tren de la bruja, los tebeos del Capitán Trueno... ¿Cómo puede ser que todo eso ocurriese hace tantos años?.
Entonces, cuando yo era niño, todos, padres, profesores, mayores en general, nos inculcaban que debiamos estudiar para el día de mañana y ahora resulta que el día de mañana ese fue ayer.
No logro entender el mundo de miedos que nos muestra la tele, de gritos, de protestas, de luchas por algo que ya veo imposible conquistar. Noto que me estoy enfadando, que nos han estafado, que mi vida ha sido un largo y triste sueño, que me han robado todo lo que era entonces una hermosa promesa de felicidad, esa de la que entonces hablaban.
Debería reclamar. Pero, ¿dónde? ¿en que comisaría? Mañana. ¿Qué pasará mañana? ¿Me acordaré mañana de lo que estoy pensando hoy?
Ya lo decían los romanos "Vive el momento".
No existe el mañana. No contamos más que con este mezquino, fugaz y escurridizo presente inmediato... el presente... ¿y los recuerdos?, esos que surgen, como ahora, con su juego cruel que lo cambia todo, que nos hace ver, que tal vez todo ocurrió de otro modo, que todo, entonces, tenía otro sabor, que las aventuras del Capitán Trueno eran, como la vida, hermosos momentos en los que siempre gana el bueno, los membrillos de la señora Esmeralda ¿seguirán dejando su mancha verde-amarilla en la camisa de otros niños?, ¿los niños de ahora tendran otras abuelas como mi abuela Juana que laven en otra jofaina con jabón casero la camisa para que no la vea mamá? ¿Habrá otros niños que jueguen a las "dreas" en la calle? No. Ya no hay piedras en la calle... Estos recuerdos, al menos en mí, cumplen la misma función que antaño cumplieron los cuentos de la abuela para introducirnos, como por un embudo, en brazos de Morfeo... Tengo la esperanza de que cuando me alcance el amigo alemán, alguien querido a quien no recordaré, me repita estos momentos que fueron, aunque no los recuerde, que me hable de esos fragmentos de mi fugaz paso por la tierra.
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