LA FIESTA DEL CABALLO, EL GALLO Y EL PERRO.

 

LA FIESTA DEL CABALLO, EL GALLO Y EL PERRO.

En el granero del señor Molinos hay, todos los días, actuaciones del Caballo, el Gallo y el Perro para deleite de los niños que visitan la granja.

El caballo hace cabriolas, salta, levanta las patas y se mueve al ritmo de la música.

El perro salta por aros que mueve Miguelín y el gallo canta canciones de ópera que se escuchan en la radio del señor Molinos.

Hay un patio de butacas enfrente donde un colegio de niños pequeños hace una visita al Granero Mágico.

Miguelín intenta cada día poner de acuerdo a los tres artistas para que hagan una bonita función.

Un día, el caballo, el perro y el gallo, descubrieron que el granero tenía  magia, dirigidos por Miguelín  se ponen de acuerdo para que el granero se llene de música y los músicos  de comida rica.

Pero, no siempre las cosas van bien, hay días malos en los que los artistas no quieren obedecer, se tumban a descansar y los niños, muy tristes, vuelven a su colegio sin haber podido disfrutar del espectáculo porque los artistas han decidido tumbarse a descansar, sin estar cansados, por eso, para que sean responsables, cuando hacen eso, la comida desaparece.

,Miguelín, disgustado,  insiste a los tres artistas en  que tienen que ponerse de acuerdo para todo, para comer, para descansar y para trabajar, que su obligación es  entretener a los niños que van a la granja a verlos.

Miguelín, y el señor Molinos, y los niños que van a verlos, quieren disfrutar juntos pero, no se sabe por qué, el caso es que han pasado dos días que se han negado a trabajar ante los niños y, como es natural, no ha llegado la comida al granero y eso es  porque no son trabajadores, no tienen ganas de ver disfrutar de su arte a los niños, no tienen entusiasmo para ganarse la comida y Miguelín insiste en que deben actuar y tienen que hacerlo todos juntos.

Al día siguiente, nueva visita de otro grupo de niños con sus profesores, esperan y esperan pero no aparecen los artistas, solo suena la música de la radio.

De pronto, el caballo Moreno se despereza y mirando a sus compañeros  se nombra a sí mismo jefe del grupo y comienza a hacer todos los equilibrios que sabe, sus amigos se asombran de que tenga tanta fuerza sin haber comido pero, de pronto, empieza a aparecer la comida, pero solo alfalfa para el caballo Moreno, y ocurre lo extraordinario,  como tienen tanta  hambre y ven al caballo comiendo alfalfa y bebiendo agua y se relame, dejan de bostezar y empiezan a cantar opera el gallo. El perro salta los aros de Miguelín y sigue el ritmo con entusiasmo, de pronto,  la gran mesa se va llenando de alimentos. Dejan lo que están haciendo y corren hacía la comida.

-No, no, primero hay que terminar los ejercicios que estamos haciendo ¿verdad señor Molinos? –dice Miguelín-

-Claro, hijo, claro- dice el señor Molinos y cuando los animales llegan hasta la mesa ha desaparecido la comida,  solo queda un poco de alfalfa que ha dejado el caballo Moreno.

-¿Os dais cuenta? –les dice Miguelín-, la comida es para cuando se ha terminado de actuar, no antes, venga, vamos a empezar otra vez, veréis como vuelve la comida y os dejaré descansar un ratito.

Efectivamente, cuando el caballo termina las cabriolas, el gallo canta una oda de opera y el perro sigue el ritmo de la música, vuelve a aparecer la comida.

-Hay que aprender a trabajar en equipo. No hay que ser egoístas, si no se respeta la comida y el trabajo para que la orquesta suene bien, el granero deja de ser mágico.- les explica Miguelin-, ¿Lo habeís entendido?.

Los artistas no dicen nada, solo actúan y los niños gritan y aplauden felices.

Y colorín, colorado, este cuento ha terminado.

 

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