LA GUARIDA DE LOS VALIENTES
LA GUARIDA DE LOS VALIENTES.
Aquella noche, mi nieta Julia, me pidió que,
en vez de leerle uno de los cuentos del libro LOS CUENTOS DEL ABUELO PEPE, Le
contase uno de miedo pero inventado por mí y, como es natural, no pude negarme,
ella sabe que siempre claudico ante todo lo que me pide.
-Pero si tienes un mal sueño, a mí plín, es
cosa tuya con mamá.
-Sí, abu, si, ya lo sé, como siempre. Pero,
empieza que se me caen los ojos de sueño y quiero escucharlo hasta el final
¿vale?
-Bueno. Tú te acuerdas de cuando estuvimos
este año en Villavieja?
-Sí, claro, pero, ¿eso que tiene que ver?
-Pues que el cuento va de una historia muy
antigua que ocurrió en Villavieja del Bosque.
-¡Ah!
Vale, sigue abu.
-Pues verás, en Villavieja del Bosque había
una casa con un árbol muy grande en el patio, era la casa del maestro, porque,
antes, en los pueblos había una casa del maestro…
-¿Por qué?
-Porque el maestro vivía en el pueblo, no
había coches para que te llevasen a la ciudad en un santiamén como ahora.
-¡Ah, vale, ya lo entiendo.
-Pues, verás, a ese árbol tan grande le
tenían mucho miedo los niños del pueblo porque decían que hace muchos años,
habían desaparecido niños que iban a dar “paso” con la maestra y…
-¿Qué es eso de dar paso?
-Repasar las lecciones y ayudar a estudiar…
-Ya, ya lo entiendo. Y los niños eran unos
cobardicas que no querían ir a la casa del maestro y se lo inventaron…
-Puede ser, pero el hecho es que nadie quería acercarse por la casa del
maestro para nada, aunque fuese bueno y cariñoso, que casi siempre era así,
ahora es la casa de la señora maestra que se llama doña Angustias y es, ¿cómo te
diría yo? Como una escoba del revés, delgada, sería, con el pelo color
zanahoria, y un grano rojo en la nariz…
-¡Pues sí que es guapa, abu…
-Anda, cierra los ojos y escucha.
-Y ¿qué pasó?
-Pues que un grupo de los mayores de la
escuela quisieron gastarle una broma a doña Angustias y no se les ocurrió otra
cosa que desafiar los rumores y explorar la casa del árbol.
Al atardecer, cuando la maestra se paseaba
por andén de la estación saltaron la verja. encendieron las linternas y fueron
subiendo las escaleras de madera crujientes y entraron en la oscura habitación
principal. Allí encontraron juguetes antiguos y libros polvorientos.
-Lo normal, abu, lo normal, si era la casa de
los maestros…
- Calla y escucha, que no he terminado,
De repente, escucharon un ruido escalofriante
que parece venir del ático. Asustados, se miraron unos a otros como para ver
quien era el valiente que se atrevía a subir y luego, con el corazón acelerado,
poco a poco fueron subiendo las escaleras,
Al abrir la puerta del ático, se encontraron con algo inesperado: una
familia de murciélagos que tenían su casa allí, unos saltando de viga en viga,
otros colgados por los pies,
Ahora tienen ganas de reir, pero no les sale
la risa por el miedo que han pasado.
Sin hacer caso de los niños, los murciélagos,
que estaban colgados con las alas para abajo, como para distraerlos, comienzan
a saltar de una viga a otra del techo y los niños comprenden que no tienen que
tener miedo, que los murciélagos son criaturas inofensivas y fascinantes.
Por eso, desde ese día, con el permiso de
doña Angustias, los domingos, suelen ir los niños del pueblo a jugar al desván,
han puesto una escalera desde fuera a la ventana y sin entrar en la casa, suben
y bajan a su aire, pero solo los domingos, cuando la maestra sale a su paseo de
la estación.
Desde entonces La casa del árbol es la
guarida secreta de los valientes.
-Vaya, abu, creí que me iba a dar más miedo.
¿No me cuentas otro que me dé más miedo?
No, cariño, no, que se hace tarde y mañana
hay cole. Un besito y a dormir.
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