FUE VERDAD O SOLO UN SUEÑO

 



¿FUE VERDAD O SOLO UN SUEÑO?

Aquel fue un día extraño, la niebla lo cubría todo, los funcionarios llegaban a las siete de la mañana, era la hora del relevo,  pero, al llegar se sintieron extraños al comprobar que no se abrian las puertas, sí, las puertas no respondían a las tarjetas y en las garitas no había nadie, se miraban unos a otros y no acertaban a hablar.

¿Aquello estaba ocurriendo? Sí, pero no había forma de saber el cómo ni el por qué ocurría.

¿Dónde estaban sus compañeros? Las cerraduras estaban echadas por dentro, por fin alguien dijo con voz de susto.

-No preocuparse, llamamos a alguno y nos abre.

Pero al echarse la mano derecha al bolsillo del pantalón, comprobó con susto que allí no estaba su móvil. Miró a sus compañeros y preguntó por señas si alguno había traído su móvil,  ninguno tenía su móvil. 

Como un solo hombre, todos corrieron a sus coches, entraron y ningún coche se ponía en marcha. Volvieron a las puertas de la cárcel, temerosos, inseguros... Todos podían hablar pero ninguno se atrevía.

 Golpearon las puertas hasta que les dolieron los nudillos, parecía que dentro no había nadie. Esperaron una hora, otra, otra. 

Nadie se atrevía a irse andando a casa, estaban en horario de trabajo, los coches no funcionaban, ¿dónde podían ir? Les invadió un miedo absurdo, nadie les creería si fuesen a casa diciendo lo que les había ocurrido, se reirían de ellos si decían que no eran capaces de abrir la puerta de la cárcel con sus tarjetas, porque, para ellos, las puertas siempre habían estado abiertas, vigiladas por un funcionario día y noche pero abiertas para entrar y salir introduciendo su clave y la tarjeta, todos los funcionarios y el personal de mantenimiento tenían su clave y ahora, no había funcionarios en las puertas, ni en la garita, y dentro no se oía ningún ruido.

Por fin, uno, como iluminado, habló de acercarse a la  carretera a pedir ayuda a alguien que pasase por allí, el pueblo estaba a pocos kilómetros, forzosamente tenía que pasar alguien por la carretera.

Se ofrecieron tres voluntarios,  los tres más valientes, salieron a la carretera y vieron a un hombre que venía, silbando, sentado en el baral de su carro, cargado de alpacas  de paja y tirado por un caballo viejo, le hicieron señas de que se parase y al llegar el hombre y el carro a su altura, le preguntaron.

-Buenos días, buen hombre, ¿sabe usted que ha pasado aquí? La cárcel está cerrada, parece que no hay nadie dentro?.

El hombre les miró muy sorprendido, cambió de lado en su boca el cigarro apagado y contestó con algo de rechifla.

-¿De dónde salen ustedes?, aquí hace más de veinte años que no hay cárcel,  la cerraron porque los ladrones dejaron de robar, los asesinos se murieron de viejos y al quedar vacía, las autoridades no sabían que hacer con un edificio tan grande... por eso, lo han dejado tal cual está, como recuerdo de lo que  ocurría antes, por si así se podía evitar tentaciones que nos impidan ser  felices.

Los tres funcionarios se quedaron anonadados, no sabían que hacer, ni qué decir, le dieron las gracias y volvieron a meterse en la niebla intentando localizar a sus compañeros que debían estar en algún sitio dentro de aquella espesa niebla, a medida que andaban entre aquella masa húmeda y blanca comenzaron a dudar de que pudiesen encontrarlos. Y si se reunían con ellos por fin, ¿qué iban a decirles? ¿Qué habían estado haciendo ellos durante años si la cárcel se cerró hacía más de veinte años? ¿Por qué no funcionaban los coches, y no aparecían los móviles? ¿Sería verdad lo que les había dicho aquel hombre? Empezaron a notar que sus piernas no les sostenían y que un sudor frío les cubría todo el cuerpo en medio de aquella niebla, se miraban unos a otros como a extraños, nadie sabía que hacer,  ni si saldrían alguna vez de aquella niebla. 

Comentarios

Entradas populares de este blog

EN UNA TARDE DE TORMENTA

COSI, la gatita que soñó ir a la Luna

España en 2074, filantropia o dictadura moral.