LA VIDA NOS ACHICA EL ALMA.
“La vida nos achica el alma”
José Luis
RAMOS
Y
yo, no sé por qué, me he puesto a pensar en mis sueños de niño, en mis
esperanzas de niño, en cómo veía el mundo desde mi altura de siete años u ocho,
hacía arriba y veía a los mayores fuertes, alegres, o flojitos y enfadados,
pero solo un ratito, mientras yo los miraba, luego eran otra cosa, el alegre,
el que yo veía alegre y fuerte, infinito a mis ojos, era celoso y de corazón
negro como el azabache, pero eso, en su casa, y yo no lo sabía, ¿es que me
engañaba? No, es que lo miraba con mi alma de niño, ese alma de niño que solo veía
todas las cosas bonitas, a mis ojos de entonces, la gente era buena, y una
sonrisa de mi mamá, valía más que un fin de semana en el campo o una tortilla
de espárragos.
Y
ahora, ahora todo es distinto, el mundo, los hombres, las gentes, todo, ha
perdido esa gracia, ese encanto, pero no, me equivoco, el encanto, la gracia,
la alegría de mis ojos, la que hacía
todas las cosas bellas, esa, la de mi infancia, la perdí en el camino de crecer
y crecer y crecer, para ser otro grande.
Solo
mis ojos de niño veían a la señora María, tan guapa, tan alegre, tan alta, a la
que yo quería tanto, porque me daba dulces, a escondidas de mamá, cuando íbamos
a la tahona, a meter en el horno los dulces para la fiesta de mi primera
comunión.
Fue
en ese crecer, crecer y crecer en el que escapó la utopía, como escapó el
gorrión de su jaula el día que quise ponerle el alpiste sin que me viese mamá.
Y sin saber por qué, ni cuando, me encuentro esta mañana en el espejo y era
otro, otro distinto, más feo, y más triste, y más… más viejo.
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