HOMENAJE A RAFAEL DE LEON


Homenaje a Rafael de León
 

Cuando murió en Madrid en diciembre de 1982 un señor bajito, muy amable y respetado por todos, apareció por el edificio gente muy encopetada y al día siguiente Serrat, Carmen Sevilla y Sabina contaban y no acababan hablando de su recuerdo.

Ese hombre, de 74 años largos, que había nacido el 6 de febrero de 1908, y cayó, fulminado, por un infarto mientras se afeitaba, era Rafael de León y Arias de Saavedra, marqués de Gómara, Marqués de Moscoso y Marqués del Valle de la Reina, un poeta que en aquellos años 80 se limitaba a escribir canciones de encargo para Raphael, Rocío Dúrcal, Isabel Pantoja o Rocío Jurado en colaboración con compositores como Augusto Algueró, amable, considerado con todos, tranquilo, todo le parecía bien, no se quejaba nunca de nada, entraba y salía, asistía a tertulias, se relacionaba con la gente del mundo de la farándula tanto en el Café Gijón. cuando estaba en Madrid, como en Sacromonte cuando bajaba a su Granada, no le importaba nada haber quedado en el olvido tras tantos años en los que estaba en todas las revistas del mundo músical o en los recitales de poesía romántica que en los años sesenta y setenta abundaban por toda España.
  Fué el autor de más de ochocientas canciones de la llamada "copla", sobre sus argumentos se hicieron muchas películas de los primeros años de postguerra y aún ahora, el pueblo sencillo, el que sigue escuchando a Mary Fé de Triana, Juanita Reina, Paquita Rico, Carmen Sevilla, Lola Flores, cantan sus coplas mientras hace sus tareas en casa.
-Y dígame usted, ¿que cantaban estas cantantes que menciona?
-Ya le digo,Trinia, Ojos Verdes, Ay, Mary Cruz, La Lirio, Lola la Piconera o Y sin embargo, te quiero o Ay, pena, penita, pena... Por no aburrirle con más títulos.
       Cuando Rafael de León murió en el más absoluto de los olvidos, solo hacía unos meses que España estuvo a punto de volver a la dictadura, y el pueblo, que es así, qué quiere que le diga, ni bueno ni malo, tal vez miedoso, pretendía pasar página dando al olvido el Golpe de Estado  de Antonio Tejero y mostró su  confianza en las elecciones generales dando al Partido Socialista Obrero Español, nada menos que 202 escaños, y ahí tienen ustedes a otro andaluz, Felipe González, también abogado y como Federico García Lorca, otro amigo del marquesito, moreno de verde luna.
Era la España que solo quería ver el desarrollo que traía  el éxito turístico y la ayuda de Europa.
Nadie quería traer a la memoria colectiva la condición sexual de Rafael de León, Miguel de Molina, un gran cantante de las canciones del marquesito y amigo, ni a Federico García Lorca, querían dejar atras los comportamientos depravados que hicieron que Miguel de Molina tuviese que escapar, tras una gran paliza de las fuerzas vivas de la época, más o menos las mismas que asesinaron a Federico, el pueblo decidió olvidar, ser más abierto a todo y se echó en brazos del progreso que representaba Felipe.
Las que realmento lloraron la muerte de Rafael de León fueron Lola Flores, Mary Fé de Triana,  Conchita Marquez Piquer, Rafael Farina y Carlos Cano, los otros, los que aparecieron por su casa para despertar su figura en el periódico del día siguiente, no tenían gran interés por él,  Representaba la historia en color sepia de la España de nuestros padres.

Veamos un fragmento de Requiem por Federico.

Lo mataron en Granada

Una tarde de verano
Y todo el cielo gitano
Recibió la puñalada.
Sangre en verso declamada
Poesía dulce y roja
Que toda la Vega moja
En amargo desconsuelo
“Sin paño de terciopelo
ni cáliz que lo recoja”

           
-Sí, señores, sí, el mal de España es LA ENVIDIA... Que Miguel Hernández no era bueno por ser un pobre pastor de cabras, que el marqués de Gómara tampoco porque vivir una vida distinta a la establecida y en lugar de ser un gran señorito andaluz se había ido con los gitanos y las flamencas dejando a los marqueses y, para más inrí, tenía tendencias mal vistas, lo dicho, la España caínista es ahora, fue ayer y será siempre la misma.

Sigamos recordando un fragmento del poema Pena y Alegría del amor, de su libro del mismo título.

Mira como se me pone
La piel cuando te recuerdo

Por la garganta me sube
Un río de sangre fresco
De la herida que atraviesa
De parte a parte, mi cuerpo.
Tengo clavos en las manos
Y cuchillos en los dedos.
Y en mi sien, una corona
Hecha de alfileres negros.

Mira como se me pone
La piel c´a vez que me acuerdo
Que soy un hombre casao
Y, sin embargo, te quiero.

Nuestro amor, es agonía
Luto, angustia, llanto, miedo,
Muerte, pena, sangre, vida
Luna, rosa, sol y viento.
Es morirse a cada paso
Y seguir viviendo luego
Con una espada de punta
Siempre pendiente del techo.


    



 

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