Cuando el mañana fue ayer
Cuando el mañana fue ayer
José-Luis Ramos Martín
Era un niño de pantalón corto cuando escuché decir al consejero de los Salesianos.
-Todos esperan mucho de ti, Pepito, todos, tus padres... que se sacrifican sacando de aquí y de allá los cuartos para pagar este colegio.. ¿entiendes?
-Sí, don Germán, entiendo.
-Entonces, ya sabes lo que te toca hacer a tí.
-Sí, don Germán, sacar buenas notas, pero es que las matemáticas...
-Eso no me vale, hoy son las matemáticas... y otro día será el inglés o el griego, o la historia universal, siempre tendrás delante retos, y ¿sabes como se superan?
-No, don Germán, no lo sé.
-Dedicando más tiempo a lo más difícil, así de fácil es la cosa, a costa de sacrificarte, si tienes que quitar un rato al juego, a la literatura que tanto te gusta, pues, se quita y ya está. El caso es hacer cuadrar el tiempo. ¿te queda claro?.
-Sí, don Germán, Organizar el tiempo.
-Pues a ello.
¿Dónde quedó don Germán? ¿Dónde quedaron mis padres? ¿Qué quedó de aquellos exámenes de matemáticas?
Nada, todo eso se quedó en nada, el tiempo se fué volando mientras yo intentaba, intentaba y volvía a intentar cuadrar los tiempos. Y nunca he sacado el tiempo suficiente para hacerlo todo. Nunca.
Tengo más de setenta años y todo aquello por lo que me pedían que luchara no está, ni las personas que me lo pedían, aquél niño de pantalón corto que esperaba cumplir con las promesas dadas es ahora un viejo y todo quedó atrás,
Y aquello que me dijeron de que el día de mañana, si luchaba mucho y bien sería sería... Y, el día de mañana ya fue ayer, y ahora, pesan las piernas y las penas, y las hijas, y los nietos están ahí, a la espera,
Confian en que siga saliendo, comiendo, ocupado, que no me deprima, que no caiga enfermo, se sienten tranquilos si ven que sigo, más despacio, en la brega, que entro y salgo, que me enfrento a todo, que aún, te enfrentas a todo, que aún, aunque pienso distinto de ellos y defiendo mis ideas, estoy bien, bueno, bien no, pasable.
-Entonces, ya sabes lo que te toca hacer a tí.
-Sí, don Germán, sacar buenas notas, pero es que las matemáticas...
-Eso no me vale, hoy son las matemáticas... y otro día será el inglés o el griego, o la historia universal, siempre tendrás delante retos, y ¿sabes como se superan?
-No, don Germán, no lo sé.
-Dedicando más tiempo a lo más difícil, así de fácil es la cosa, a costa de sacrificarte, si tienes que quitar un rato al juego, a la literatura que tanto te gusta, pues, se quita y ya está. El caso es hacer cuadrar el tiempo. ¿te queda claro?.
-Sí, don Germán, Organizar el tiempo.
-Pues a ello.
¿Dónde quedó don Germán? ¿Dónde quedaron mis padres? ¿Qué quedó de aquellos exámenes de matemáticas?
Nada, todo eso se quedó en nada, el tiempo se fué volando mientras yo intentaba, intentaba y volvía a intentar cuadrar los tiempos. Y nunca he sacado el tiempo suficiente para hacerlo todo. Nunca.
Tengo más de setenta años y todo aquello por lo que me pedían que luchara no está, ni las personas que me lo pedían, aquél niño de pantalón corto que esperaba cumplir con las promesas dadas es ahora un viejo y todo quedó atrás,
Y aquello que me dijeron de que el día de mañana, si luchaba mucho y bien sería sería... Y, el día de mañana ya fue ayer, y ahora, pesan las piernas y las penas, y las hijas, y los nietos están ahí, a la espera,
Confian en que siga saliendo, comiendo, ocupado, que no me deprima, que no caiga enfermo, se sienten tranquilos si ven que sigo, más despacio, en la brega, que entro y salgo, que me enfrento a todo, que aún, te enfrentas a todo, que aún, aunque pienso distinto de ellos y defiendo mis ideas, estoy bien, bueno, bien no, pasable.
Ven que te vales por tí mismo y se relajan.
-Y yo pienso que no es justo, que antes, cuando niño o adolescente, pendiente de agradar a los padres, después, cuando cuidarlos emborronó tu vida y también, con los años, estuvieron ahí los hijos.
Y cuando los padres hace años que no están, quizá a destiempo, como ha sido casi todo en tu vida, necesitas respirar hondo para seguir y aceptar... Porque sabes que ellos, las hijas, los nietos, están ahí, con sus llamadas, sus palabras, sus sensatos consejos para que tecuides, que pasees, que cantes, que escribas, que no dejes de hacer...
Consejos que encierran la advertencia de que aún están ahí, pendientes, cariñosos, tal vez preocupados aunque surcando rumbos nuevos, ellos, aunque tú no lo entiendas, ya viven otra vida...
Y cuando los padres hace años que no están, quizá a destiempo, como ha sido casi todo en tu vida, necesitas respirar hondo para seguir y aceptar... Porque sabes que ellos, las hijas, los nietos, están ahí, con sus llamadas, sus palabras, sus sensatos consejos para que tecuides, que pasees, que cantes, que escribas, que no dejes de hacer...
Consejos que encierran la advertencia de que aún están ahí, pendientes, cariñosos, tal vez preocupados aunque surcando rumbos nuevos, ellos, aunque tú no lo entiendas, ya viven otra vida...
-¿Entonces? ¿Represento una carga para ellos?
-No sé, tal vez ahora...
-¿A las hijas?
-Sí, claro, son tiempos diferentes, y debe ser triste pensar que ahora, después de haber vivido, amando, luchado y protegiendo a una familia, cuando solo has vivido para y por ellas... Después de haber sido el halcón que las proteje de los mil peligros que tú imaginabas... En fin, es que, en estos tiempos, los halcones estorban. Nadie admite tener sobre el cogote su ojo protector... Eso, ni las hijas lo entienden.
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