Tres microrrelatos barbaros



El somier

          Había llegado mi hora. Cerré los ojos y oí el chirriar de la guillotina al caer hacía mi cuello. Entonces desperté.
Un muelle del somier me atravesaba limpiamente la garganta. Intenté gritar, silencio. Resignado, esperé.

Premonición

          Lo estaban dando por la radio. Accidente mortal en la A320 con el resultado de dos muertos.
El locutor insistía en dar todo lujo de detalles. Un automóvil deportivo había saltado la mediana.
Al parecer, dos jóvenes que hacía unos minutos abandonaban la discoteca “El Paraíso” conducían drogados a gran velocidad.
Aurora sintió la muerte entrando por sus dedos al apagar el transistor y un enjambre de voces martillearon su cabeza “No me ralles, mamá, es mi vida…” “Ese chico no me gusta, hija, me han dicho que…”
Se desvaneció.

El ambigú

          El acomodador encendió su linterna. Un reguero de sangre apareció a nuestros pies. Lo seguimos hasta la sala de despiece. Trescientos cuerpos abiertos en canal encharcaban el suelo.


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