¿Cómo soy?

 

¿Cómo soy?

 

Mi nacimiento tuvo lugar en Salamanca, en el barrio de Prosperidad, mi madre fué una mujer muy luchadora que, a pesar de todo lo sufrido desde su infancia, huerfana de padre desde los cinco años y en la guerra civil, donde, embarazada, perdió a su  marido. asesinado en una cuneta por ser falangista. 

Volvió a Salamanca con su madre y su hija recién nacida tras un año de lucha por sacar adelante a su hija y sus estudios consiguío ser funcionaria en el Ayuntamiento de Salamanca por oposición cuando aún no había más que tres mujeres trabajando en las oficinas, hijas de concejales, cosa que ella tuvo siempre como un gran mérito.

Mi padre fue un hombre de pueblo que se desenvolvía muy bien entre las vacas y las tierras de su padre hasta que, por un error en las listas de los que tenían que ir al frente en la Guerra Civil fue declarado prófugo por el delito, gravísimo entonces, de tener tres nombres porque había nacido el día de Todos los Santos y a su nombre de Joaquín le habían antepuesto los de los abuelos materno y paterno con lo que, sin comerlo ni beberlo resultó que se llamaba Virgilio Justo Joaquín y el "individuo" del ayuntamiento encargado de las listas mandó ese nombre como "desconocido" y a los seis meses de comenzar la carnicería vinieron en su busca con un camión de gasógeno un sargento y dos soldados, se lo llevaron y tuvo que pasar en la guerra mil calamidades y ser mal visto por todos porque era prófugo, y en el 39 al finalizar la contienda in-civil pasó a otra lista en la que le enviaron a apoyar la reconstrucción de Barcelona y allí estuvo hasta  el año 1942 junto a otros soldados que habían sido calificados de delincuentes.

Esas dos personas fueron mis padres, con lo que se puede pensar que alegres y divertidos, como que no eran y yo, fuí, en ese ambiente, un niño taciturno, me gustaba, escuchar la radio, la radio contaba siempre cosas bonitas, y además, había música, por eso, en todos mis ratos libres estaba pendiente de los partidos de fútbol, las novelas de Guillermo Sautier Casaseca, Matilde, Perico y Periquín, Cabalgata fin de Semana y Ustedes son formidables de Alberto Oliveras.

Me gustaba todo eso, lo que menos, estudiar,  con lo justo para pasar de curso, valía, y en la calle, estaba también lo justo, un rato, comiendo la merienda, pan con chocolate COCA, membrillo, fruta o una rebanada de pan  con carne de membrillo, o nata de la leche que traía todas las noches mi padre en su cántara con el tapón de corcho.

Mi hermana era diez años mayor y estaba a lo suyo, se ocupaba bastante de la casa porque mamá llegaba a  las dos y media y había que calentar la comida que había preparado la tarde anterior. 

Siempre que podía iba a recoger a mi madre, me encantaba verla dándole a la máquina de escribir, en un visto y no visto, hacía tres copias para las matrículas de los chicos con  familia numerosa, escribía los datos, largos y difíciles de las becas, los vales para comedor a los necesitados que iban a comer a la Parroquía de San Pablo. Ese mundo del trabajo de mamá  me maravillaba.

Estudié lo justo para terminar el bachillerato y me preparé para ser profesor de Taqui-mecanografia, puse  mi querida Academia, Mary Flor, con la ayuda de mis padres que compraron el local y el nombre lo puse en honor a mi hermana, porque, eso de las teclas y los garabatos se me han dado siempre muy bien.

En los dictados de velocidad de Mecanografía y/o Taquigrafía intercalaba escritos de mi cosecha entre los textos de Delibes, Martín Gaite, Rafael Sánchez Ferlosio, su marido y de su amigo  Ignacio Aldecoa.

Todo esto fué así hasta que en 1995 me tuvieron que operar de una lesión de espalda y a partir de esa fecha comencé a dar clases también de informática, aquella informática tan rudimentaria de los comienzas con los ordenadores grandes como los televisores antiguos que tenían unas  pantallas azules que nos dejaban los ojos como pimientos morrones.

Cuando me jubilé, prematuramente, trabajé eventualmente para la Junta de Castilla y León en el Hogar Cuna, Victoria Adrados, Centro de día Salamanca, donde me mandaban y a las seis, desde 2004 me iba, y sigo yendo aún, a la Universidad Pontificia, donde descubrí que podía cantar bien en coros, escribir cuentos que premiaban y otros textos que iban saliendo en las clases de Escritura para Mayores.

Ese soy yo, taciturno a veces, irónico a ratos, con los dedos sobre las teclas, fantasioso y romántico a pesar de todos los palos que me ha dado la vida, esa vida que comencé siendo algo alocado e irresponsable para los estudios durante mi  infancia y juventud.

Bueno, pues, más o menos y a vuela pluma ese es José Luis, Pepe es otra cosa, Pepe es un soñador sin mochila y sin largas caminatas que soñando otras vidas olvida las tristuras y melancolías de Jose Luis y así espero ser hasta que me toque entregar el equipo.

Gracias por pedirme que os cuente un poco como soy.

 

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