SER CONSECUENTES
Ser consecuentes
JOSÉ
LUIS RAMOS
Se estaba colocando la
chaqueta para salir cuando sonó el teléfono. Eran las nueve y media, tenía
mucha prisa, pero, como de costumbre, Remedios no hizo caso del repiqueteo y
tuvo que descolgar malhumorado.
-¿Sí, dígame?
Al otro lado una pausa;
después, una voz de hombre, bien timbrada, habló con alguna precipitación:
-¿Es usted don José
Antonio?
-Sí, el mismo, ¿qué desea?
-Verá usted, soy el
director de la Residencia Los Olivos… Mi llamada es para informar a usted del…
bueno, será mejor que venga cuanto antes con su señora esposa porque…
-¿Le ha ocurrido algo grave
a mi padre?
-Sí, señor, sí, su padre…
ha fallecido esta noche pero, vengan ustedes, por favor, debemos hablar.
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Daniel lo tenía muy claro, no el cómo
ni el cuándo, pero sí que estaba decidido a dejar atrás todas las vejaciones de
las que era objeto en aquella dichosa Residencia de reposo pomposamente
denominada “Los Olivos”.
Consideraba
mezquino que su hijo le hubiese metido allí porque, tras la muerte de Manuela,
su mujer, se había vuelto taciturno y malhumorado.
¿No tenía motivos?
Sí, pues entonces…
De la noche a la
mañana, se vio enclaustrado en un cuchitril maloliente, conviviendo con un
viejo con el que debía compartir todo y pasar las horas muertas, observar como
dormitaban a su alrededor cerca de treinta viejos más, esperando, algunos sin
éxito, que alguien viniera un par de horas a la semana a visitarlos.
Él, que amaba sus
rutinas, sus libros, sus discos, sus paseos por el campo… supo desde el primer
momento que aquello no era para él, ese
final de okapa resignado, podía ser bueno para ellos, para los que se
aclimataban a vegetar. El no, él era un hombre libre, podía elegir e iba a
hacerlo.
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Cuando llegaron a la Residencia la
recepcionista estaba advertida.
-Pasen, por favor, a la
sala de espera… en un segundo, don Gustavo los recibirá inmediata…
No había terminado de
pronunciar la última palabra cuando se abrió la puerta del despacho y apareció
ante ellos, de negro riguroso, el director.
-Tengan la amabilidad –se
hizo a un lado para que pasasen al despacho mientras, con la mano izquierda,
indicaba a la recepcionista que se retirase.
Ya en el despacho, frente
al matrimonio, que permanecía expectante, soltó una perorata que, era evidente,
había ensayado para casos similares.
-Antes de nada –les tendió
la mano- mi más sentido pésame, su señor padre era una persona estupenda, nos
hubiese encantado atenderle muchos años, pero… –José Antonio le interrumpió
haciendo caso omiso a la mirada desaprobadora de Remedios-.
-¿Cómo es posible?... Ayer mismo estaba tan bien…incluso bromeó con
Rosina, nuestra hija, que se empeñó en traerle unos bombones…
-Eso es, exactamente, la
ingesta excesiva de bombones fue sin duda lo que provocó el fatal desenlace,
porque previamente les había inyectado insulina… ya saben, a un diabético como
él, una sobredosis de insulina, los bombones… aparte de los antidepresivos, sin
duda fueron los causantes del…
Remedios atajó al director.
-Bueno, supongo que lo más
conveniente ahora es ocuparnos de los trámites y…
-Desgraciadamente, debo
reconocer, don José Antonio, que su esposa tiene razón, debemos ser
consecuentes…
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