AL DESPERTAR...

 

Al despertar.  

                                                 Un relato de Pepe Ramos

Mis ojos, hinchados, me producen una sensación extraña, me cuesta centrar la mirada, estoy echado en una cama blanca con colcha azul, ¿Quién me ha puesto este pijama azul? ¿Por qué? ¿Dónde estoy?  Frente a mí, en la pared , veo un cuadro de marinas, la ventana está abierta, noto el frío que entra por la ventana  sobre mi cara, ¿Qué me ha ocurrido? ¿Dónde estoy? ¿Estoy en un  hospital?, ¿Por qué tengo la lengua pastosa? ¿Qué está ocurriendo?

Intento incorporarme y el somier cruje, mi cuerpo también protesta, siento dolor en los hombros, la cintura y la espalda…

Nada de lo que veo me es familiar, parece un sitio limpio, el fondo musical es suave. Me reclino en la almohada, esperaré un rato, no viene nadie, me incorporo para sentarme  en la cama, meto mis pies en una zapatillas que hay en el suelo y que me sirven como un guante, ando hacía la ventana y el rostro que refleja un espejo que antes no había visto no es el mío, ese no soy yo. Es un hombre de cierta altura, quizá 1,80, ojos verdes y barba de varios días. Miro perplejo esa imagen, extraño todo, es un lugar en el que no he estado nunca.

Desde el pasillo alguien pregunta “¿Adolfo?, ¿despertaste? ¿Cómo  te encuentras?”

 Por un momento, pienso que habla con otra persona de otra habitación, que aquel lugar es un hospital. Aparece una mujer de mediana edad, en bata y zapatillas, lleva el pelo, gris plata, bien peinado, sonríe

Adolfo no es mi nombre, no puede ser mi nombre, pero ¿Cuál es mi nombre? ¿Quién soy yo? ¿Por qué no lo recuerdo? ¿Qué ha ocurrido?

La mujer que me ha llamado Adolfo está apoyada en el quicio de la puerta, sonríe, lleva una bandeja en las manos, quiero decirle que se equivoca, que yo no soy Adolfo, pero no me atrevo, no recuerdo cómo me llamo. ¿Qué está pasando?

Ese nombre, Adolfo, resuena en mis oídos como un eco. ¡Adolfo, Adolfo, Adolfo…!

La mujer entra,  deja la bandeja a mi lado , sobre la cama, siento una extraña niebla en mi mente, intento hablar, decir a aquella mujer que no me llamo Adolfo, que ese no soy yo pero solo acierto a murmurar “Yo… no sé quién soy”

La sonrisa desaparece de los ojos de la mujer, sus labios siguen sonriendo pero advierto que en realidad es una mueca, a pesar de todo, con ternura y una voz suave dice: “No temas, Adolfo, cariño, los médicos dijeron que podrías tener estas crisis…, -baja los ojos a la alfombra-, pero… todo esta bien, estamos aquí para que te ayuden…"

Me tiende una taza de café, en la bandeja esperan unos churros, tres, y dos piezas de fruta que no acierto a identificar, la cara de la mujer no me resulta desconocida pero, mi mente es un camino de niebla y no veo nada a la orilla de ese camino, solo niebla. Me siento atrapado en un cuerpo que no reconozco, en una vida que no es la mía,

La mujer, ahora sonríe como al principio, se ha borrado su rictus de tristeza, me toma la mano izquierda, “Necesitas tiempo, el doctor dice que esto pasará. Tú solo piensa que estamos aquí para que te cures."

Me embargo, tengo un profundo desconcierto, ¿Quién soy realmente? ¿Y quién es ese 'Adolfo?”, muevo la cabeza a un lado y otro pero, me centro en la taza de café que me ha traído esa mujer, esperaré… Pero, ¿A qué?

Y tú ¿Quién eres? ¿Te conozco? ¿Me conoces? ¿Por qué estoy aquí?

La mujer me tiende la mano hacía la que sujeta la taza de café, sonríe, "Soy yo, Sonso... tu mujer, llevamos veintidos años casados, tenemos tres hijos, el mayor está en el ejercito... Manolo... -Sonso... se ríe-, Manolo vino andando a nuestra boda, desde luego, cariño, siempre has sido muy rápido para todo... Lolita está en la universidad, tiene veinte, estudia derecho... ¿no te acuerdas? Tendré que traerte fotos... pero, el doctor Gutierrez dice que esto pasará pronto... con un poco de suerte...-Me mira otra vez y guiña un ojo-, para nuestro aniversario de boda, verás como todo pasará antes de lo que piensas, fue un golpe terrible, menos mal que te cogieron a tiempo y te metieron en la UVI si no, no lo cuentas...

"¿Tú crees que lo voy a contar algún día?

-"Claro, Adolfo, claro, es cuestión de reposo y que los médicos vayan ajustando lo que ande mal ahí en tu cabecita..."

-"Conso, dice, no entiendo, hablas como si fuese un motor al que pueden poner a punto con algo de trabajo..."

-"Para ellos es así, son los mecánicos del cerebro, se llaman de otra manera muy rara pero el doctor Gutiérrez me ha dado la impresión de que sabe lo que dice y dice "Estarás bien en poco tiempo..." Anda, acaba con el café, ¿no te gusta?..." 

-"No lo sé, es todo tan raro, dices que eres mi mujer, que tengo tres hijos y solo me hablas de dos..."

Conso baja los ojos, luego, despacito y  muy suave dice: "No te hablaba de Adolfo, Adolfito... porque él conducía el coche y..."

-"¿Y qué? ¿Es que no me llevo bien con ese tal Adolfo?

Conso se precipita a afirmar: -"Sí, claro, es la niña de tus ojos, lo quieres con locura pero ahora... con lo del accidente..."

-"Oye, ¿por qué estás en bata si estamos en el hospital?" No entiendo nada...

-"Bueno, ya entenderás, nos han dado una habitación individual para que esté aquí contigo todo el día... y la noche, dice el doctor que... que la cercanía, la convivencia, el hablar de todo lo que vaya saliendo... ayudará... ayudará a que te cures.

Adolfo guarda silencio, mira a su supuesta mujer y, sin previo aviso, se da media vuelta en la cama abandonando la bandeja del desayuno que está a punto de caer a los pies de Conso.

Desde la puerta,  el doctor ha estado escuchando la conversación y hace señas a la mujer de que se tranquilice, ella mete hacía adentro la bandeja que está al borde de la mesilla  salen ambos de la habitación.

-"¿Tú crees que se ha creído algo de lo que le  he dicho? ¿He sido convincente? No sé, creo que se va a dar cuenta...

-No, mujer, es cuestión de crear ideas en su cabeza para que se vaya formando una personalidad nueva, nos jugamos mucho en este asunto, si no termina firmando el testamento ... todo se va al garete.

 

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