UN PINOCHO DE HOY.
UN PINOCHO DE HOY
PINOCHO era un niño que el carpintero GEPPETTO había hecho con un trozo que le quedaba de un árbol, y eso ¿por qué fue? Porque estaba muy solo y necesitaba compañía, por eso, cuando lo dejó encima de una banqueta en la cocina y se fue a la cama, soñó que qué bonito sería que su muñeco de madera fuese un niño de verdad, y como el carpintero GEPPETTO era muy bueno y estaba muy solo, el HADA AZUL hizo que PINOCHO dejase de ser un niño, pero solo en la cabeza de GEPPETTO que, como estaba solo, no notaba la diferencia entre lo que es verdad y lo que no lo es.
-¿Y qué paso?
-Pues que, al levantarse por la mañana y ver a PINOCHO en la cocina que le pedía el desayuno, primero dudó un poco, se frotó lo ojos, se limpió las orejas con los dedos, por si no había oído bien y luego, al ver que se movía, que hablaba, que le pedía el desayuno, preparó un tazón grande de leche de elefanta, que alimenta mucho, para que creciera y una hogaza de pan tostado, y se le quedó mirando, muy asombrado de que se lo comiese todo porque, en el fondo, GEPPETTO sabía que era de madera, que lo había hecho él, que el pelo, el traje, los ojos, eran pintados, pero, al ver que se comía el desayuno y reía y parecía tan feliz, terminó creyéndose que había habido allí un milagro y no le dio más vueltas. ¡Qué demonio!, ahora tenía un niño para preocuparse de él, enseñarle el oficio, tener compañía, sí, si señor, le enseñaría a jugar a las cartas y todo. De pronto, miró el reloj y pensó:
"Y mi PINOCHO ¿por qué no va a poder ir a la escuela? Y, ni corto ni perezoso, cuando estuvo desayunado y bien limpio, le indicó el camino de la escuela y le dijo:
-Vas y entras... Y ¿y luego qué? ¡Ah, sí,!, luego pasas a una clase y que te digan lo que tienes que hacer?
Y PINOCHO... le dice a GEPPETTO:
-¿Y si me dicen, ¡que me lo dirán!, ¿ Y quién eres tú? ¿Qué les digo?
Entonces, el viejo carpintero se rascó la cabeza pensativo y al rato, le dijo a PINOCHO,
-Le puedes decir que eres... el hijo de GEPPETTO, el carpintero, todo el mundo me conoce... -Esta vez se frotó la barba y pensó: "No se van a creer que GEPPETTO tiene un hijo tan pequeño", por eso, después de pensar otro poco, dijo a PINOCHO.
-No, mejor les dices que eres el nieto de GEPPETTO, que has venido de muy lejos, eso si se lo pueden creer... Y vete ya, que tanta conversación tanta conversación me está haciendo perder la mañana... Y tengo mucho que hacer.
Y PINOCHO, obediente, salió de la carpintería, sin cartera ni nada, camino del pueblo y en busca de la escuela pero, en el camino se encontró a otros niños que iban contentos y gastándose bromas unos a otros y que, ellos sí, iban con carteras y que le preguntaron.
-Oye, ¿Y tú quién eres? No te hemos visto nunca.
Y entonces, PINOCHO, que no sabía que decir, empezó a decir lo primero que le venía a la cabeza y a medida que hablaba empezó a crecerle, a crecerle más y más la nariz,
-Pues yo, he venido anoche de un pueblo muy bonito, donde no hay nieve como aquí, y todo el mundo está en la calle, y baila y canta, y los niños se pasan el día jugando porque... -se lo pensó un poco, pero al fin dijo-, no tienen que ir a la escuela...
Y a medida que iba hablando y diciendo más y más mentiras, le iba creciendo más y más la nariz.
-Pues nosotros, dijo uno de los chicos, hoy tampoco vamos a ir a la escuela ¿sabes? Y vamos a irnos contigo a ese pueblo donde se vive tan bien y todo el mundo se lo pasa yupiii...
PINOCHO empezó a sentir mucho miedo, no sabía como evitar que aquellos amiguitos nuevos se enterasen de que lo que había dicho era mentira y empezó tartamudeando un poco...
-Yo... me llamo... PI-NO-CHO y tampoco voy a ir a la escuela, podemos ir al PAIS DE LOS JUGUETES que está ahí, según se sube esa ladera y nos lo vamos a pasar muy bien y...
Pero, aquellos niños vieron que el tal PINOCHO era un poco mentiroso y por eso, se reían de él y empezaron a hacerle burla, se habían dado cuenta de cómo le crecía la nariz y cómo se ponía muy colorado y se quedó en un rincón del camino, solo, viendo como los niños, arrepentidos, iban camino de la escuela.
Pasó todo el día allí hasta que le entró mucho hambre y entonces volvió a la casa del carpintero y GEPPETTO se asombró mucho al ver la transformación que había tenido su muñeco PINOCHO con la nariz tan larga y unas orejas de burro y ver cómo se tuvo que agachar para poder entrar por la puerta.
Desde entonces se quedó con GEPPETTO, no fue a la escuela hasta que no aprendió todo lo que tenía que saber un niño de cinco años como él y poco a poco, a medida que dejó de decir mentiras, se le fue quedando más pequeña la nariz y fueron desapareciendo las orejas de burro según aprendía más y más y cuando supo leer, escribir, sumar, restar y muchas más cosas entonces fue cuando el carpintero, le compró una cartera de cuero negra, muy bonita, de las que se llevan a la espalda y los libros de SEGUNDO y le llevó a la escuela.
¿Y qué más pasó con PINOCHO?
-Pues eso, que se convirtió en un niño normal, como todos, que jugaba, corría, aprendía cosas y tenía muchos muchos amigos porque decía siempre la verdad y eso le hizo tener muchos amigos.
Y colorín colorado... Este cuento ha terminado.
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