EL OTRO GATO CON BOTAS

 






EL OTRO GATO CON BOTAS.


Erase que se era, un señor muy rico que tenía dos hijos que trabajaban en sus tierras y tenía una casa muy grande, con criados y cuando murió y vieron su testamento se quedaron muy asombrados, ¿Por qué?.

Pues porque el hijo mayor se quedaba como dueño de todo menos un gato grande, que tenía muchas cualidades y se anticipaba a los deseos del padre para todo, si se quería sentar en el sillón, se sentaba él primero y cuando llegaba el dueño de la casa se encontraba con que su sillón estaba calentito y confortable, por eso, ese gato que era tan listo, se lo dejó al hijo pequeño y el derecho a quedarse trabajando en la casa toda su vida si le interesaba, por eso, el dueño del gato estaba muy triste, muy triste mirando al gato y al cabo de un par de días, el gato, viendo que su amo estaba tan triste, saltó de sus rodillas y le dijo:

-No te preocupes, amo, yo te haré más rico que tu hermano, mucho más, solo tienes que confiar en mí.

El pobre dueño del gato, estuvo a punto de darle algo porque, no podía pensar que su gato supiese hablar, y menos que le propusiese aquello, pero, pensó para sus adentros; "¿Qué puedo perder?" 

-Vale, ¿Y qué vas a hacer por mí si solo eres un gato?

-Yo te demostraré lo que te digo, nada más tienes que darme, unas botas de campo, un traje alegre y un sombrero con pluma, como los señores importantes y ya verás.

-Bueno, si solo es eso, entró en la casa, buscó en el arcón y sacó unas botas muy pequeñas, un traje de disfraz y un sombrero con pluma que no servían para nada porque eran pequeños, pequeños, pero que al gato le vinieron a la medida.

Cuando estuvo vestido y calzado le dijo a su amo.

-Ahora me vas a traer un saco. Pero un saco elegante, no uno de patatas, uno que pueda llevar... cosas buenas...

-Vale, te lo traeré, no creo que a mi hermano le importe, tiene tantos...

Y cuando el gato estuvo preparado, se despidió de su amo diciéndole:

-Confía en mí y haz lo que te vaya pidiendo sin rechistar. Será siempre bueno para ti.

Y se marchó, y el joven se olvidó del gato, lo dio por perdido al igual que las cosas que le había dado. Y pasó el tiempo y mientras tanto.

El gato cogió lechugas y una zanahoria, las metió en el saco, fue al campo. Se quedó escondido  esperando y llegó un conejo, olió la zanahoria, que estaba detrás de las lechugas y al ir a morderla, se quedó dentro del saco, el gato cerró el saco y se fué con él al castillo del Rey y le dijo a los guardias de la puerta.

-Dejadme pasar, vengo, de parte del Príncipe de Carabás a traer un presente al Rey.

Los guardias sorprendidos al ver que un gato llevase un saco y hablase le dejaron pasar hasta el salón del trono y el gato dijo al Rey.

-Mi Rey, vengo, de parte del Prícipe de Carabás a traerle un presente.

El Rey muy sorprendido, preguntó por ese Principe, que si era joven, soltero, rico, etc. y el gato aprovechó para decirle al Rey que era muy rico, muy guapo, muy joven y sobre todo y lo más importante, soltero.

El gato se despidió y prometió volver con más presentes, y así lo hizo, por el mismo sistema, un día unas codornices, otro día un gallo, otro día un pato blanco, así hasta un día en que el Rey le comentó que pensaba hacer un viaje para conocer su reino y las propiedades del Principe de Carabás.

Entonces, el gato lo preparó todo, habló con todos los labradores y jornaleros del camino por el que tenía que pasar el Rey, con su esposa y LUCECITA que era el nombre de su hija, y que si no decían que todas aquellas tierras eran el Príncipe de Carabás, los castigaría y les pondría más impuestos, y todos aceptaron, todos todos.

Y el GATO CON BOTAS que ya lo tenía casi todo previsto, pensó que necesitaba un Castillo que hiciese honor al Principe y se le ocurrió que lo mejor era conseguir el Castillo del Ogro Vanidoso y, ni corto ni perezoso, se encaminó hasta allí.

El Ogro Vanidoso tenía fama en todo el reino de ser muy malo pero muy presumido y decía a todo el mundo que podía convertirse en cualquier cosa, cuando llegó, sin descansar un ratito ni nada, respiró hondo y llamó a la puerta, abrió el Ogro Vanidoso y no vio a nadie, esperó un poco y luego, enfadado, cerró la puerta con un gran portazo.

Mientras tanto, el gato se había colado entre las piernas del Ogro Vanidoso y estaba ya dentro del castillo. Le tocó en un pie con todas sus fuerzas y el Ogro Vanidoso sintió una pequeña molestia, se agachó y vio a un gato disfrazado de hombre importante, con botas, traje y sobrero con plumas y muy sorprendido preguntó:

-¿Quién eres tú, pequeñajo? ¿No te doy miedo?.

-No, Ogro Vanidoso, no me das ningún miedo, vengo porque he hecho una apuesta y la voy a ganar, la voy a ganar y la tengo que ganar...

-¿Una apuesta? ¿Qué apuesta?

-Me he apostado a que no eres capaz de convertirte en un León, que eso es muy difícil para ti, por eso voy a ganar y voy a ganar...

-¡Como que no!, tu eres un gato tonto, yo puedo hacer eso y más, mucho más, verás...

Y respiró muy fuerte, tanto tanto que se movieron las ventanas y ¡Zas! apareció un león muy grande rugiendo como si tuviese mucha hambre, el gato, con mucho miedo, se subió a la lámpara y espero que dejase de rugiendo y vuelta a rugir... Desde la lámpara, con más miedo todavía le volvió a hablar:

-Eso ha estado muy bien, voy a perder la apuesta pero ¿serías capaz de convertirte ahora en un ratón?

-En un ratón dices, -el Ogro Vanidoso pensó un poco, se rascó la cabeza, llena de bultos por los golpes que se daba y al fin dijo-, ahora verás.

Otro rugido más fuerte todavía y desapareció el león y apareció el ratón, chiquito, negro... Y ¿sabes que pasó?. Que el gato se lo comió y entonces, como ya tenía donde alojar a los reyes, fue en busca de su amo, lo agarró de la mano y lo llevó al río.

-¿Dónde me llevas? ¿Tanta prisa tienes?

-Sí, tengo prisa, viene el Rey en el carruaje real con su esposa la reina y su hija y tienes que casarte con ella, ya lo tengo todo apalabrado, ya está, nada más tienes que hacer lo que yo te diga.

Mientras tanto, en el camino, los labriegos y los jornaleros y hasta algún despistado que pasaba por allí levantaban el sombrero para saludar al Rey y gritaban.

-Estas son las tierras del Príncipe de Carabás, Estas son las tierras del Príncipe de Carabás... Y así todo el camino, por eso, la reina y la princesa, que era muy guapa pero un poco sosita, pensaron que de aquel viaje iba a salir el novio adecuado para LUCECITA y que el reino iba a tener unas fuestas de bodas que se recordarían por muchos años..

En cuanto llegaron al río, le pidió que se metiese en el agua.

-¡Qué yo no sé nadar!, pídeme otra cosa, pero eso no, ¡Que yo no sé nadar!

-Por eso, porque no sabes nadar necesitas que te salven, confía en mí.

Y cuando pasó el carruaje del Rey con sus soldados a los lados se presentó el GATO CON BOTAS muy asustado, pidiendo auxilio al Rey.

-Mi Rey y señor, ¡Que se ahora!, que se ha caído al río y se ahoga.

-Pero, ¿Quién se ahora? Decidme. -Dijo el Rey-

-Mi señor el Príncipe de Carabás... y unos ladrones le han robado la ropa... 

-Rápido, soldados, cojan los mejores ropajes que tengamos a mano y saquen al Príncipe...

Total que, cuando sacaron del agua al supuesto Príncipe de Carabás la princesita lo vió tan guapo, tan fresquito y tan... novio que en cosa de dos o tres semanas lo prepararon todos y se casaron y los novios fueron a vivir al Castillo del Ogro Vanidoso y el GATO CON BOTAS vivió con los recién casados muchos años y todos muy contentos... Y nunca, nuca se descubrió la mentira porque en los cuentos pasan cosas así, pero, solo en los cuentos.

Y Colorín colorado, este cuento ha terminado.

Comentarios

Entradas populares de este blog

EN UNA TARDE DE TORMENTA

COSI, la gatita que soñó ir a la Luna

España en 2074, filantropia o dictadura moral.