SIN FUTURO


Sin futuro

El rostro, los andares, el caminar cansino, todo en él va gritando. Por ahí camina un muerto, y es que aunque Andrés quisiera que ocuparan su mente los más tristes recuerdos, los más duros desaires, las más crudas ofensas, pero no,  todo fue tan hermoso, que la ausencia de Gloria, le tiene enajenado, solo puede pensar, que durante tres años, en su casa, con ella, todo tenía sentido, que estar con ella era un canto de armonía, de música, que habitaron un mundo en el que hasta la lluvia traia la belleza de la primavera.
Fué una existencia idílica, en los mismos lugares y con las mismas gentes y ahora, sin ella, parece otra galaxia, ahora, sin ella, se ha convertido, en las cuatro paredes y un techo en  que llorar la ausencia de su rostro, su figura y la cantarina voz de Gloria, que fueron para él, como una sinfonía, la misma que día a día, hora a hora, minuto a minuto, retumba en sus oídos y es, sin remisión,  su mayor tortura.
Cuando puede, no siempre lo consigue, trabaja hasta muy tarde, se aturde con problemas, facturas, discusiones… y cuando, casi exánime, atraviesa la puerta y se deja caer sobre la cama, y de nuevo, la mente vuelve al ritornelo en el que, cruel, le taladra el ensueño de esa vida repleta de esperanzas y proyectos, si bien, para Andrés, su vida con Gloria era solo el anhelo de seguir viendo el mundo a través de sus ojos, sentir los latidos del corazón de Gloria a través de sus manos y ver volar las noches mareándose de besos…
Pero todo cambió una mañana, apareció aquel hombre, amable, mesurado, con voz melodiosa, preguntando por ella y cuando,  dos horas más tarde, salían de la casa sin volver la cabeza. Condenando a Andrés a un mundo extraño, desconocido, en el que, una y otra vez vuelven las palabras de ese tal Juan Luis, que venía a buscarla desde su Cuba amada, y aún cuando, era indudable, que a ella, ese futuro la aterraba, se despidió llorando sin cruzar con él más de tres o cuatro palabras huecas.
Y ahora está solo, peor que solo, sin vida, porque su amor por Gloria, le impide, hasta sentir rencor.

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