CARTA DE JUAN A SUS HIJOS
Carta de Juan a sus hijos
- Cuento breve -
Sra.
Dª Carmen Santibañez González.
Ribera
del Puente s/n.
Linejos
del Rey (León)
Mi
muy querida nieta.
En
hoja aparte te mando una carta para tu papá y los tíos. Intenta que la lean, la
abuela necesita ese consuelo.
Tu
abuelo Juan.
Para
entregar a mis hijos:
Queridos hijos Juan, Tomy y Pepe.
Nunca he perdido la esperanza de veros otra vez. Nunca,
¿cuánto tiempo ha pasado? ¿dos años…? No, por los menos tres. Pero, no importa,
algún día llamareis a la puerta y todo volverá a ser como cuando la casa
parecía una feria, con voces, risas, llantos, portazos y cariño, mucho cariño…
A mamá le gustaba que se notase que somos una
familia viva, no como ahora, que solo se oye, de tarde en tarde, el sonido de
alguna televisión entrando desde el patio.
Ya sé, ya sé, que nadie espera tanto tiempo...
Nadie que no sea padre.
A veces, por si acaso, compruebo el tono del
teléfono, por si está estropeado, lo pongo alto y vuelvo a sentarme junto a la
ventana, con un libro en las manos, al
lado de mamá, que ahora está tranquila casi siempre y se pasa las horas muertas
haciendo punto, punto para regalar… un jersey para el niño de abajo, una
mañanita para Ana, que va a ser mamá, ¿No os acordáis?, si hombre, Ana, la de
Tiburcio, esa niña pecosa que tanto le gustaba a Juan hace unos años…
Se casó el verano pasado y va a tener familia, mamá
piensa que es niña, por eso, aparte de una hermosa mañanita rosa para la
mamá, prepara unos patucos blancos, así
no hay problema, si es niña, cintas rosas, si es niño, cintas verdes y ya está,
porque, ya se sabe, todo puede cambiar en el último momento…
Fíjate nosotros, los cinco, tan felices, celebrando
mi cumpleaños… y de pronto, que si uno
insulta, que si otro responde y vuelven los rencores mal curados, voces,
gritos, y en medio, el llanto sin fin de mamá, mi puño rompiendo el cristal de
la mesa y, todo se desborda, como cuando estalla la tormenta, y a los pocos
minutos, sin mediar palabra, un portazo… y hasta ahora.
Quiero pensar que vosotros también estáis deseando
perdonarme... Sabéis lo que os quiero, aunque, a veces tenga ese mal pronto, ahora,
ya sois padres y sabéis... que un hijo nunca estorba, en fin… a lo que iba, que
estamos esperando, como Anita, volver a tener algarabía en esta casa, que se
cae de silencios…
Quiero pensar que algo se ha movido en vuestros
corazones, sino, ¿a santo de qué iba a llegar la carta de la nieta contándome
sus éxitos?… “... ¿Sabes abu? Ya soy toda una señora maestra, en un pueblo
chiquito, eso si, pero, por algo hay que empezar”
Mamá, cuando le leí la carta, dejó caer unos
lagrimones como las cuentas de la lámpara del salón.
Esto del alzheimer es muy extraño, a veces pienso
que finge, que si no habla es por no discutir, otras veces… En fin, es lo que
hay… Perdonadme, lo que quería deciros es que sé, por la niña, que tú, Juan,
estás muy bien considerado en la empresa, que
Tomy, el travieso de Tomy, que siempre nos trajo con el alma en un puño,
trabaja en una importante empresa de seguros… “en un puesto importante, no os
creáis que es cualquier cosa, con
despacho y secretaria…”
No dice nada sobre Pepe, solo que, ella cree que
hace algún tiempo que no te llama, Juan,
y eso, es buena señal.
Por ahí anda la carta, no sé, imagino que mamá la
escondió... No sé, la última vez que la vi estaba entre las cosas de costura…
En fin, que os esperamos…
No me atrevo a llamaros por no estropear más las
cosas con una reacción poco pensada, pero mando esta carta a la niña con la
esperanza de que, leyéndola, juntéis las fuerzas necesarias para perdonar a
este viejo cabezota, solo por que mamá deje de pasarse las noches mirando al
techo merece la pena ¿no os parece?
Con todo el cariño de siempre.
Papá.
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