VIENDO COMO OTROS TRABAJAN.
Pedro y Luis se conocieron en la cola del Inem, hace ya dos años, y desde entonces, quedan cada tarde para dar un paseo. Hoy es 13 de agosto, la temperatura es de alrededor de treinta grados, Pedro y Luis ven que los cuatro jóvenes trabajadores están arriesgando mucho al hacer a ese ritmo un trabajo tan duro, con una temperatura así.
Los cuatro jóvenes extranjeros, no paran, solo, de vez en cuando, se secan el sudor que les cae a chorros sobre las camisetas, están haciendo una profunda zanja para empalmar los tubos rojos que están colocados a ambos lados de la tierra que van sacando, mientras, a pocos centímetros, circulan los vehículos.
Tanto Pedro como Luis entienden la urgencia de aquel trabajo pero les parece una verdadera barbaridad que tengan que trabajar a ese ritmo y con esa temperatura.
Pedro: (Mirando fijamente a los cuatro inmigrantes) Vaya, mira a esos chicos, no deben tener ni 30 años…
Luis: (Con tono pensativo) Sí, los ves tan jóvenes y trabajando bajo este calor tan asfixiante... en pleno centro de Salamanca. No sé, no lo creo humano, me da que pensar.
Pedro: (Resoplando) Hace tiempo que no veo a alguien de los nuestros haciendo un trabajo así. Yo no soy quien para juzgar, pero... ¿te acuerdas cuando teníamos trabajo y pensábamos que era para toda la vida?
Luis: (Ríe con amargura) Claro, hace 20 años. Ahora somos nosotros los que estamos parados y con nuestra edad no interesamos a nadie, no se piensa en que nuestra experiencia..., yo, los primeros meses, iba de taller en taller buscando cualquier cosa, y me conocían, vamos que no era novato, tú sabes, Pedro, que lo mismo te instalo un televisor que te arregla una plancha... Y mira, ellos están aquí, haciendo zanjas sin levantar la vista, lo que sea para sobrevivir, y dentro de nada, porque las empresas se fijan, en los jóvenes por lo menos, si no son conflictivos, si no hacen huelgas... los contratan, ¡vamos si los contratan!, pero para lo que no quieren hacer los señoritos españoles que se conforman con el subsidio y ya se verá, creo que con estos jóvenes aquí, por fuerza, se va a hablar mucho de ellos.
Pedro: ¿Sabes qué? A veces siento que tienen más... agallas que los de aquí. Trabajan como bestias y ni se quejan. Mientras nosotros... ¡Qué envidia me dan los jóvenes Luis, qué envidia! (pausa) son callados, trabajadores, amables, y encima con ese tonillo argentino, peruano, chileno... vamos, que como que te camelan y y eso que acaban de llegar...
Luis: (Mirando a los inmigrantes con una ligera inclinación de cabeza) Hay que ver, y encima, muchos dirán que "vienen a quitarnos el trabajo". Pero, ¿Cuántos de los que protestan estarían dispuestos a trabajar en esa zanja, bajo este sol de justicia? Esos chicos lo hacen por dignidad. Si nos ponemos a pensar, todos ellos, como nosotros en su día, luchan para tener el sustento para ellos y los suyos.
Pedro: (Mirando sus propias manos, y luego a los inmigrantes) ¿Sabes qué? Antes pensaba que si no trabajabas en algo “decente” no eras nadie. Pero ahora… ahora me doy cuenta de que todos los trabajos son decentes cuando te dan de comer. (Pausa) Es curioso, cuando tienes 20 años, el mundo te parece un lugar donde todo es posible. Ahora, a los 50, todo se reduce a sobrevivir.
Luis: (Suspirando) A veces, viéndolos trabajar, siento una mezcla de impotencia y respeto. Impotencia porque me gustaría tener esa capacidad para no rendirse, y respeto porque, aunque no sepamos verlo, están construyendo nuestro futuro, ese que nosotros... viviendo del subsidio de desempleo y sin perspectivas de cambio, nos permite vivir, el trabajo de estos chicos paga nuestras pensiones. Es triste ver esto desde la acera, con sombrero, agua y sombra mientras ellos se doblan como serpientes para hacer un buen trabajo.
Pedro: (Asintiendo) Sí, es triste... pero no me extrañaría que dentro de unos años, puedan ser ellos los que estén mirando desde la acera, mientras otra generación de jóvenes inmigrantes ocupa su lugar. El ciclo no cambia.
Luis: (Pensativo, mirando la zanja) El ciclo... pero es que, ¿Quién decide qué trabajos son dignos y cuáles no lo son? ¿De verdad hay una diferencia entre estar aquí con un pico y una pala o estar detrás de una mesa firmando papeles?
Pedro: (Con una sonrisa triste) No sé, a veces parece que estamos atrapados en una rueda de la que no sabemos cómo salir.
Luis: (Mirando al grupo de inmigrantes que sigue trabajando, en silencio) ¿Sabes qué? Igual la diferencia está en que, al menos ellos, lo tienen claro. Y mientras tanto, nosotros seguimos buscando el momento para salir de la rueda.
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