¡CUANDO ERA Y HOY
Primera parte: Cuando era niño
Fui un niño taciturno, hablaba poco y observaba mucho. Los otros, mis padres, mi hermana, mis maestros, decían que estaba en Babia, pero no, jugaba al futbol en la calle sin haber visto nunca un partido de fútbol, en casa no teníamos televisión, ni los otros chicos de la calle tampoco, mi trabajo era importante, era EL PORTERO y mi misión era intentar que no entrase la pelota entre las dos piedras que hacían de portería, la imaginación suplía cualquier regla, no conocíamos ninguna.
Jugaba a pico, zorro, zaina, al escondite, organizábamos carreras de chapas con la arena de la calle haciendo carreteras, montículos o puentes con pedazos de ladrillo, medíamos la puntería lanzando piedras a una lata oxidada, bebíamos agua a morro en el caño de la fuente como si fuera el mejor manantial del mundo. Subíamos a las tapias solo por coronar la altura y sentir el placer de ser el primero en conquistarla, casi nunca llegué a coronar la altura de la tapia y alguna vez que lo logré creo que fue porque me dejaron pasar primero, aún así, al sentirme integrado en el grupo, me consideraba un niño feliz.
Cuando me hice mayor, ayer tarde como quien dice, cambiaron muchas cosas. Trabajaba de cara al público, y me sentía bien en ese rol, valoraba el hecho de ser incluido en sus salidas al campo con los niños de otros padres. Participaba en los viajes organizados por el colegio, y era una persona conocida y respetada en los círculos de convivencia en los que participaba con mis hijas que aún iban al colegio. En aquel tiempo, todo parecía tener un sentido.
Pero luego, cuando ellas se fueron a cumplir sus sueños, quedó el nido vacío, la soledad de pareja.
Esos silencios que se van instalando poco a poco en los rincones de la casa. Con el tiempo, empecé a ver que incluso en esa etapa, he sabido contar cómo ha sido mi vida. Y desde la perspectiva de los casiochenta —esos miradores que me ha dado el tiempo—, La Ponty y San Juan de Mata... me hacen mucha compañía.
Hoy considero que he vivido suficiente y debo estar agradecido, incluso, si bien se mira, es como para bendecir el viaje de la vida. Y sigo caminando.
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