El muerto es el cazador

El muerto es el cazador 

                                                   PEPE RAMOS


El callejón está casi en silencio. Solo el goteo de un desagüe rompe la quietud de una noche de invierno. El cuerpo yace inerte, la sangre se mezcla con las inmundicias del suelo. El asesino, con el pulso acelerado, guarda el arma y corre, perdiéndose entre las sombras.

Pero algo ocurre.

El hombre herido se mueve, tose asmático, se va alzando con lentitud, respira hondo, tarda un par de minutos en ponerse en pie.

Su mirada busca al asesino que huye. No hay miedo en sus ojos, sonríe socarrón mirando hacía el hombre  que huye. 

Luego, empieza a caminar muy lentamente siguiendo el rastro de su verdugo, sabe perfectamente dónde encontrarlo, sabe que su presencia será la última sorpresa de Heliodoro, en estos casos, el error siempre es mortal. Ya no hay prisa, ahora es él el cazador.

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