BUSCANDO EL ÉXITO, ENCONTRÓ EL AMOR.

 



Buscando el éxito, encontró el amor.

                            Pepe Ramos

En cuando amanecía, se arreglaba cuidadosamente y tras un café con leche bien cargado, dos tostadas de pan tostado con mantequilla y la jarra de zumo de naranja que le preparaba Clara, Lucas se sumergía en sus proyectos, desafíos y aventuras. No sabía vivir más que para  su trabajo, convencido, casi obsesionado con la idea de lograr al éxito, aquel era un proyecto muy ambicioso, fruto de años de lucha pero, cuando estuviese terminado le daría suficientes beneficios como para poder vivir sin trabajar el resto de su vida.

Clara, colaboraba con él desde el principio, era, su fiel colaboradora en todo, cuando lo veía ensimismado en sus investigaciones,  lo observaba en silencio, con admiración, estaba enamorándose de aquel hombre, de su sonrisa, de sus ojos profundos, que la miraban, miopes, como buscando algo, Lucas siempre estaba buscando, sus familiares, también  estaban seguros de su gran capacidad emprendedora, había sido así siempre.

 Era imposible no contagiarse de su arrolladora energía, mezcla de ilusión y certezas, su tesón y la seguridad  absoluta de que iba a lograr todos sus  sueños era su característica fundamental.

El temor de Clara era, cuando lo observaba profundamente absorto, era que pudiese llevarle a caer enfermo y eso le produjese frustración al  no obtener el éxito esperado de tanto esfuerzo y lucha de años,  otras veces, no tenía la menor duda de que iba a llegar a la meta, que estaba predestinado al éxito.

No iba a ser fácil, ni mucho menos, pero a los cinco años de intenso trabajo logró llegar a la meta propuesta. 

Por eso, aquella noche, tras una más de sus maratonianas jornadas, cerrando ya la puerta del despacho, le advirtió:

 “Lucas, ¿alguna vez te has parado a pensar en que el día tiene solo 1440 minutos?”

Lucas, que rara vez  se paraba a reflexionar sobre el paso del tiempo, sonrió, le dio un beso en la mejilla y guardó silencio.

Clara, un poco asombrada pensó "¿Solo merezco un beso en la mejilla? ¿Me estaré equivocando? ¿Estoy segura de que Lucas me quiere?", bajó los ojos y guardó silencio.

La frase de Clara, no obstante,  caló en lo más profundo de la mente de Lucas y, desde entonces, cuando pensaba en ello, sentía como si el tiempo sonase en su cerebro como una campana de alerta. 

En esos momentos, sonreía, él, sabía lo que quería lograr, estaba seguro, aunque, a veces, notaba como el tiempo iba influyendo en él, hacía más descansos, se quedaba pensativo con más frecuencia, algunos días incluso, no podía trabajar, se notaba cansado.

Sus últimos trabajos fueron más lentos, los proyectos mucho más reflexivos, más maduros, notaba el cansancio de tantos años, solo le animaba pensar que quedaba poco para llegar a la meta.

Una tarde de otoño recibió la llamada, habían aceptado el trabajo, ya era seguro, el dinero estaba ingresado en la cuenta. Dio las gracias, colgó el teléfono, se sentó a la mesa y cerró los ojos, al fin, lo había conseguido.


 Cuando llegó Clara con el menú de la cena que le había encargado y ver la mesa de despacho completamente vacía de papeles y a Lucas con las manos vacías señalando la puerta, una extraña sensación le recorrió el cuerpo de arriba a abajo, por primera vez en todo el tiempo que llevaba con Lucas, sintió miedo.

Se quedaron mirando a los ojos. Al verla asustada, Lucas sonrió, se acercó a ella con lentitud, la tomó por la cintura y la elevó como una copa de victoria hacía el techo, la bolsa de la cena cayó al suelo y la risa de Lucas se hizo estruendosa, larga, después, cuando la depositó en el suelo, contempló sonriente la cara de asombro de Clara y se decidió a hablar.

"Hemos terminado, Clara, ¿te das cuenta? Todo se acabó, el dinero está en el banco y ya somos libres, lo hemos logrado. ¿Me entiendes, cariño? Ahora toca vivir, sí, Clara vivir, hacer de nuestra vida lo que queramos".

"¿De qué hablas? ¿Qué hemos logrado?"

"Todo, acaban de confirmármelo por teléfono, trabajo entregado, y dinerito en la cuenta del banco... y nosotros..."

"¿Nosotros qué, Lucas? Nosotros ¿Qué?.

“Sí, cariño, lo que hemos logrado juntos, todos estos años  he luchado para ti, para que seamos libres de vivir nuestro amor”

La sonrisa de Clara fue el mejor premio para Lucas, que la  miraba con arrobo, y confirmó con voz temblorosa lo que acababa de decirle.

“Lo hemos logrado los dos, Clara, los dos, yo quería ofrecerte seguridad, que pudiésemos disfrutar de nuestro éxito juntos para siempre”

Clara, con los ojos brillantes de ilusión y entre lágrimas, lo miró como nunca lo había mirado, segura y confiada de su amor hacía ella.

“Pensé que no te dabas cuenta de lo que te quiero, pensé…”

Un beso largo y tierno fue la única respuesta de Lucas.

“¿Entonces?”

“Entonces nada, hemos conseguido más de lo que podremos gastar...  nos bastará para vivir y disfrutar de nuestro amor, si es que me quieres… Porque, tú me quieres, ¿verdad Clara?”

“Sí, tonto, sí, con toda mi alma, desde el primer día.”

“Vale, entonces, ¿quieres casarte conmigo?"

Sí, Lucas, sí, lo que tú quieras.  

Clara no podía creer que todo fuese tan sencillo, tenía miedo de que todo aquello  fuese solo un sueño.

“Creo que este es el momento adecuado para comenzar dedicando los 1440 minutos diarios esos de los que me hablabas a vivir nuestro amor. ¿Estás de acuerdo?”

“Siempre, cariño, siempre estaré de acuerdo contigo en todo lo que emprendas ¿no te has dado cuenta todavía?


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