UN BICHO RARO -CUENTO-
UN BICHO RARO. Un cuento de
Pepe Ramos.
No sé por qué aquella tarde
decidí echar una siesta, son las ventajas de ser jubilado, el caso es que me
sentía apático, sin ganas de ponerme a trabajar en algo nuevo porque me agobia
la rutina.
Decía que aquella tarde
decidí tumbarme en mi sillón relax a descansar de no hacer nada.
Cuando desperté estaba todo
como boca de lobo. ¡Qué manía tan tonta esa de cambiar la hora en el otoño!.
¿No tendrán una cosa mejor en qué pensar los políticos?
El caso es que no sé si me
desperté porque ya tocaba o porque llamaban a la puerta.
Al sentir los nudillos que
sonaban me incorporé para encender la luz de la lámpara de pie, pulsé la
cadenita pero no funcionó y en la puerta, los nudillos seguían con el dichoso
sonsonete de “una copita de ojén”
-Ya va, ya va. –dije con voz
soñolienta.
Al querer avanzar hacia la
puerta del salón a obscuras, un golpe seco me hizo ver las estrellas.
-Ya me jodí el menisco-
pensé.
Era un dolor intenso en la
rodilla al querer avanzar.
Puse las manos sobre la mesa
palpando con cuidado y algo cayó al suelo con estrépito.
-El cenicero, ¡lo que me
faltaba!
Por miedo a cortarme,
intenté girar hacía la derecha tocando con cuidado la mesa para salir por el
otro lado y una a una, como pelotas de tenis, fueron cayendo todas las frutas
del frutero.
Me arrepentí de haber dejado
de fumar porque, esto, hace diez o doce años, con sacar el mechero del bolsillo
del pantalón asunto resuelto.
De pronto, siento el llavín
en la cerradura y la puerta del salón que se abre, es Pilar que me grita desde
el pasillo ahora encendido.
-¿Qué demonios estas
haciendo ahí, en el suelo y a oscuras?
¿A qué estás jugando? ¿Y qué
hace toda la fruta esparcida por el suelo? ¿Y esos cristales?. Ya podía yo
llamar. Desde luego, Pepe, cada día estás peor.
Desde dónde estoy compruebo
la luz encendida del pasillo y a Pilar, que me mira asombrada, y yo, en el
suelo, asustado y dolorido como si fuese un bicho raro en medio de aquel
desastre de fruta y cristales rotos por el suelo sin acertar a decir absolutamente
nada.
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