EL FLAUTISTA DE Hamelin
El flautista de HAMELIN.
Para Julia y Olmo de su abuelo Pepe
La ciudad de Hamelin era muy rica, sobraban los jamones, las lentejas, los melones, las sandías y hasta los melocotones. Los señores ricos eran muy muy ricos y las señoras ricas tenían tantos trajes y tantos gorros y tantos zapatos y tantas cosas que era un problema saber qué ropa se iban a poner para ir a tomar el té.
Los pobres se habían ido a otra ciudad porque les daba vergüenza verse por las calles con los señores ricos, que fumaban unos puros largos, largos como bastones y también bastones porque creían que así se veía que eran más ricos. ¡cosas de gente rara!.
Pero... un día, quisieron hacer un almacén muy grande, y tuvieron que hacer pozos en los campos para que el almacén tuviese cimientos y cuando llegaron abajo, donde estaba el agua sucia se encontraron con que en el agua había muchos ratones y claro, los albañiles se asustaron y subieron corriendo donde estaban las calles, las casas, los palacios y se olvidaron, por las prisas, de cerrar los huecos que habían hecho para bajar y detrás de los albañiles subieron las ratas y los ratones y se llenaron las calles y las plazas y los palacios, todo se quedó lleno de ratas y ratones y empezaron a comer la ropa, los trajes de las señoras ricas, los de los señores, los jamones, los chorizos...y todo eso que hacía que esa ciudad fuese tan rica.
Y los vecinos de Hamelin empezaron a asustarse cuando vieron que se comían las puertas y las ventanas y cuando se iban al campo porque hacía mucho calor, al volver tenían la casa llena de ratas y ratones y hablaron entre ellos y a uno, que decían que era el tonto, se le ocurrió que debían ir a ver al alcalde que tenía los medios para echar a las ratas de las casas y el alcalde dio un discurso y dijo:
-Ciudadanos de Hamelin, yo, os prometo que al ciudadano o la ciudadana que sea capaz de echar o hacer desaparecer las ratas de la ciudad le entregaré, del dinero del ayuntamiento, naturalmente, mil monedas de oro.
Y el pueblo, que estaba concentrado frente al alcalde gritó:
-Sí, queremos que desaparezcan las ratas y los ratones que nos están haciendo parecer pobres y nos da vergüenza salir a la calle con los pantalones roídos, y nuestras mujeres, bueno, los vestidos de nuestras mujeres...
Se oyeron muchas toses y el alcalde consideró que el pueblo estaba de acuerdo con su propuesta y puso unos carteles por toda la ciudad que decían:
"Al ciudadano o la ciudadana que haga desaparecer de HAMELIN a los ratones y a las ratas que nos invaden, será recompensado con MIL MONEDAS DE ORO al día siguiente a la desaparición de esos bichos nauseabundos Firmado: El Alcalde."
Y así estuvo el cartel por lo menos una o dos semanas hasta que un día apareció un joven que no conocía nadie en HAMELIN y pidió hablar con el alcalde. Y muy contentos le llevaron al ayuntamiento, por si el forastero era capaz de librarlos de aquellos bichos...
En cuanto se vio en el despacho ante el alcalde, se quitó el gorro y saludando con una inclinación un poco cursi dijo:
-Señor alcalde, yo me comprometo a hacer salir de la ciudad a todos los ratones y ratas en el plazo de dos horas pero usted tiene que entregarme lo prometido, de lo contrario...
El alcalde, muy emocionado, no le dejó terminar.
-No tenga usted miedo, nosotros, este alcalde y el pueblo de HAMELIN siempre hemos cumplido lo prometido.
-Bueno, mejor que así sea porque, de lo contrario...
Y el joven forastero salió a la plaza, sacó una flauta que llevaba en un bolsillo de la chaqueta y empezó a tocar mientras caminaba.
Y al sonido de la música de aquella flauta, todos le seguían, los hombres, las mujeres, los niños... ¡Y las ratas y ratones! Los ratones le seguían como si estuviesen adormilados. Ante aquel espectáculo, los vecinos no sabían que pensar, el caso es que al atardecer ya no había una sola rata en todo el territorio de Hamelín y alrededores.
El joven se fue tras saludar con el sombrero a los vecinos con una sonrisa muy grande, se sentía feliz.
Al día siguiente hubo una gran fiesta, todos bebían, comían y reían muy alegres porque se habían librado de las ratas y ratones que se lo comían todo. Ya no les preocupaban ni los pantalones rotos, ni los vestidos, ni las paredes, ni los tejados, todo eso se arreglaría fácil y pronto porque, como eran muy ricos... podían contratar a los operarios que hiciese falta en la ciudad vecina.
Por entre la muchedumbre que bailaba se abrió paso el flautista y se acercó al alcalde que fumaba y bebía muy alegre.
-Buenas tardes señor alcalde, como quedamos, vengo a buscar mis mil monedas de oro.
-El alcalde le miró de arriba a abajo, de abajo arriba y al final dijo:
-Bueno, joven, ¿de verdad cree que le vamos a dar mil monedas de oro por tocar un rato la flauta?
El flautista se puso serio y muy despacio, como masticando las palabras, dijo:
-Es lo justo,usted lo prometió y yo he cumplido, no hay una sola rata en toda la ciudad de Hamelin.
-El alcalde se quitó el puro de la boca, lo dejó despacio en un cenicero de plata y con la copa en alto y, muy serio, le dijo:
-No, no le voy a dar ese oro, puede, si le apetece, unirse a la fiesta, hay muchas muchachitas con las que bailar y divertirse, es todo lo que le voy a pagar.
-Se lo advertí, señor alcalde, se lo advertí, que si no estaba dispuesto a pagarme...
Después de aquellas palabras, que auguraban algo raro, el flautista salió muy enfadado y, nada más salir del baile comenzó a tocar la flauta y todos los niños y niñas hicieron corro a su alrededor, después se puso a caminar hasta la ciudad vecina y los niños y niñas detrás, y allí, en la ciudad vecina, donde los pobres de Hamelin se habían hecho ricos pero no tenían niños, se quedaron muy contentos porque nadie decía mentiras, ni desobedecía las normas, y querían mucho a los niños y así todos vivieron felices y nunca, nuca, se hicieron mayores,
Y COLORIN COLORADO, ESTE CUENTO SE HA ACABADO.
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