Manolita y el conejito Canela

 






MANOLITA Y EL CONEJO CANELA.

                        Para Julia con mucho cariño del abuelo Pepe

MANOLITA tiene cinco años, ha pasado el domingo en Candelario con su grupo de Colonias de Verano en la finca de EL PRADIJÓN y viene con la cara, los brazos y las piernas colorados como un tomate, la mamá le está embadurnando  de crema, Manolita protesta porque la crema le irrita los ojos.

-Jo, mamá, me pican los ojos... es que te quiero contar... y no me dejas.

-Aguanta un poco nena que estás tostada como una croqueta y no vas a poder dormir si no se te calma la piel.

-Pues verás -dice Manolita emocionada-, hemos pasado un día chupí, el señor Filin, el dueño de la finca, que es viejito viejito... como el señor Venancio, el del Tercero H, nos ha enseñado como se ordeñaban las vacas antes... con un cubo entre las piernas y tirando de las ubres, ¿sabías que se llaman ubres mamá? tiraba hacía abajo de las ubres de la vaca y salía un chorrito que al caer en el cubo sonaba y estaba caliente, aquella vaca se llamaba Torda y era de color blanco y negro aunque estaba sucia de paja y... bueno, y más cosas, por eso casi no se notaba la parte blanca, ¡tenías que haber visto como caía la leche a chorritos con un ruido sobre el cubo... y luego nos dejó probar un poco en un vaso de metal... ¡y estaba riquísima!... y sin cocer ni nada. El señor Filin dijo que bebiesemos solo un poco, solo para quitarnos la ansión. ¿Qué es la ansión, mamá?

-Las ganas, nena, las ganas, no te muevas tanto, que así no puedo darte la crema...

-...Y había una zona con alambres y allí había gallinas, y gallos... conejos, gatos... yo vi tres uno negro y los otros dos de colores y eran muy grandes y el señor Filin dijo que es para que no haya ratones pero yo vi un ratón muy grande, como Miki, el de la tele en el pajar, que estuvimos en el pajar también jugando al "Qué te pillo". aquello era precioso... animales por todas partes y un carro de madera de los que llevan un caballo, pero caballos no vi por ningún lado, ah, y un tractor y una calesa... que dice el señor Filin que él la usaba para llevar a la señora Teo cuando eran jóvenes pero que ahora ya no la usaban para nada pero que ahí está bien, aunque sea de adorno... ¡ah!, y ¿sabes como se sabe si es gallo o gallina? Pues porque los gallos son más grandes y tiene la cresta alta y roja... y

-¡Estate quieta!, ya me seguirás contando.

-... Y nos dieron pan con nata de la leche y azúcar... Y estaba... riquísima. No veas todo lo que nos dieron de comer... ¡cómo que traigo casi toda la merienda!... hasta la tortilla, luego la llevo a la cocina ¿vale?

-Vale, pero no te muevas tanto que se me cae la crema al suelo...

Aquella noche Manolita, entre el cansancio y la ilusión de la aventura apenas probó un poco de flan y espárragos con mayonesa... No podía con los ojos de tanto correr de un lado para otro todo el día.

A la mañana siguiente. Al ir a buscar en la mochila los bocadillos y la tortilla, que había olvidado dejar en la cocina la noche anterior, no encontró más que migas y manchas de grasa  y la mochila vacía. 

Miró a todas partes y no entendía nada. Pasó al baño a ducharse y ¡zas!, en medio de la ducha había un conejo de color canela que se asustó al verla y salió corriendo al dormitorio. Manolita fue tras él y lo condujo de nuevo al baño.

-Pero... ¿De dónde has salido tú conejito?  ¿cómo has llegado hasta aquí?. -De pronto lo comprendió todo-, el conejo se había escondido en la mochila y como los bultos iban en el maletero del autobús-... ¿Y ahora qué hago contigo? porque mamá no va a querer que te quedes con nosotros, eso seguro... 

-Nena, ven, ¿o es que tampoco quieres desayunar? Nos va a salir barato el que vayas a esas Colonias...

-Ya voy mamá, ya voy, es que... -Se tapó la boca, había estado a punto de delatar al pobre conejito-,"No, no y no,, si el conejito se ha venido conmigo... pues eso, santa Rita Rita, lo que se da no se quita... si se ha escapado, no estaría a gusto... "- Cerró la puerta del baño con cuidado mientras le decía, con el dedo índice en los labios al conejo- Tú no te muevas de aquí y si entra alguien, te escondes detrás de la lavadora, ¿me has entendido? que yo... te traeré comida... pero ¿qué puedo encontrar aquí para un conejo? No hay hierba, ni margaritas, ni tréboles... se lo preguntaré a alguien del grupo, seguro que algún monitor lo sabe... no, si se lo digo a un monitor se descubre todo, pensarán que yo lo he robado...

-¿Viene ya, cariño? El café se te está enfriando, tienes que ir a las Colonias y se hace tarde...

-Sí, mamá, ya voy, ya voy.

En cuanto entró Manolita en la cocina mamá advirtió que ni se había duchado, ni peinado, ni nada, que así no podía ir y era muy tarde.

-¡Pero bueno!, ¿En qué estás pensando? ¿Qué hacías tanto tiempo en el baño si ni te has lavado la cara?

-Es que...

Otra vez estuvo a punto de decir lo del conejo, se mordió el labio inferior y se sentó frente al tazón de leche y las tostadas con mermelada.

-¡Qué ricas, mami!, me encantan las tostadas con mermelada de ciruela...

-Pero, ¿qué te ocurre hoy? Si son de fresa...

-Es igual mamá, el caso es que tengo mucho apetito y... mucha prisa. Me voy.

Bebió el café que estaba casi frio de un par de sorbos y con la rebanada de pan tostado y mermelada en la mano, aprovechando que la mamá estaba fregando unos cacharros de espaldas, salió corriendo hacía la puerta de la calle.

-Sí, mamá, es que es muy tarde y mis amiguitos me esperan... luego te cuento... más cosas ¿vale?

Media hora más tarde, al entrar la mamá en el baño para ducharse dio un grito que oyeron hasta los vecinos del ático y el conejo salió corriendo hacía la puerta de la calle dejando tras de sí un reguero de papel higienico.

-"¡Esta niña me mata de un susto el día menos pensado!", dijo para sus adentros la mamá, que salió tras el conejo y al ver que se perdía calle arriba a todo correr, cerró la puerta, sonrió, y volvió al baño, era un lunes de mucho trabajo y no podía permitirse el lujo de perder mucho tiempo pensando en ese dichoso bicho.

A mediodía, nada más llegar a casa, sin decir ni media palabra, Manolita se dirigió a todo correr al baño y volvió para atrás al comprobar que allí no estaba Canela. Todo estaba limpísimo, todo, pero allí no había ni rastro del conejito.

Durante la mañana, entre juego y juego, Manolita, había estado pensando qué nombre le iría bien al conejito y, después de pensar en muchos nombres, se convenció de que Canela era el que mejor le iba, al fin y al cabo, era de color canela.

-¿Dónde está Canela? Mamá, ¿Me has guardado a Canela en algún sitio? Yo lo dejé...

Mamá se acercó a Manolita y la abrazó con mucho cariño.

-Se escapó, mi amor, se escapó, se asustó al verme y salió corriendo a la calle... como estaba la puerta abierta...

-Es verdad... Salí tan rápido... pero era muy tarde y...

- ¡A saber dónde estará ya!.

-Pues es... bueno, era... mi conejito, se vino conmigo, quería estar conmigo... yo...

La mamá se quedó unos minutos en silencio, por fin, acariciando el pelo revuelto de Manolita le dijo:

-Mira, el próximo domingo vamos papá tú y yo a esa finca tan bonita y seguro, seguro que allí estará tu conejito... Los animales saben... saben volver a casa...

-No, mamá, Canela se tiene que haber perdido en la ciudad, seguro que no sabe ir... vino en el autobús con nosotros porque se escondió en mi mochila pero...-Manolita empezó a llorar con mucha pena-, seguro que ahora... se lo habrá quedado alguien y...

-No llores reina, si es así, seguro que la persona que lo haya encontrado lo cuidará bien y si no se asusta otra vez...

-Bueno, pero ¿me prometes que iremos a ver al señor Filin y que...?

-Claro nena, en cuanto llegue papá del trabajo se lo decimos y seguro que estará de acuerdo... sabes que a papá le gustan mucho los animales... Anda, ahora vete a la ducha. ¡qué ya es hora!.

-Vale mamá... pero recuerda que me lo has prometido.

-Sí, cariño, sí... a la ducha que papá esta al caer y debes estar lista para sentarte a la mesa en cuanto aparezca.

Y colorín colorado... Este cuento ha terminado.

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