PERO¿ ESO... TAMBIÉN PASÓ?.
PERO ¿ESO TAMBIÉN PASÓ?.
Todo el tiempo del mundo... ¡ Que mentira!, el tiempo se escapa entre los dedos igual que el agua, igual.
La vida nos enseña, a trompicones, y solo al final, cuando ya te has equivocado un montón de veces, y todo ha quedado detrás, miras a tu alrededor, la estantería de libros pendientes de leer, que quedarán ahí, unos, porque ahora no te interesa el tema, otros, porque tienen la letra demasiado pequeña y la vista se cansa en exceso, otros, simplemente porque están en la estantería de arriba y ¡Qué pereza!
Te miras al espejo y no te reconoces, en cambio, caminas por la calle y te conocen por la espalda, tu andar, tu calva, tu lentitud, todo dice a los demás quien eres... ¡Quién eres!, ¿Cuántos José Luis has sido?
¿Cuatro?, ¿cinco?, si te fijas un poco, a través de las fotos antiguas ves al niño que fuiste, el niño que miraba su entorno con temor. ¿Ese eras tú?. En otra foto sepia, ves el joven que buscaba y buscaba sin saber qué, Ese también eras tú, con veintipocos años, ilusionado, luchando por ser, preocupado en llegar lejos, para los suyos, su mujer, sus hijas, su trabajo, También ese eras tú.... Y luego, cuando el trabajo acabó y las hijas están ya viviendo la vida que se han labrado, y ves que tienen su propia familia, como es natural, por eso también luchaste y ¡Ese también eres tú! y aunque el éxito se quedó en una entelequia vuelves al principio, cuando los mayores que ya no están, te dijeron aquello de: "Tienes por delante todo el tiempo del mundo..." Te inquietas, todo el tiempo del mundo, ¿para qué?.
Al llegar a este punto piensas: ¿Te engañaron? ¿Te engañaste? No, ni lo uno ni lo otro, viví empeñado en mil cosas y unas salieron bien, otras no, pero ya eso no importa, delante ves que aún queda algo más de tiempo ¿para qué? Para leer todos los libros que dejaste para otro momento porque había otras cosas más urgentes que hacer... Para estar en casa con tu mujer, para colaborar en las tareas del hogar, para vivir ese sosegado amor del otoño sin prisas ni agobios, sin premura de ningún tipo... Pero si, ahora, hacer cualquier cosa te lleva a pensar ¿Pepe, te acordarás de que tienes que...?
Puedes viajar, visitar a tus hijas, conocer sitios donde soñaste estar... aunque ahora los veas con otra mirada, desde otra perspectiva, puedes hacer alguna de las cosas que pensaste un día.
¿Qué era aquello que quería hacer? ¡Ah, sí, siempre quise aprender a tocar el acordeón... Siempre, pero... A estas alturas... No es poco que cantes en un coro de tercera división. Esa es otra, hasta la voz cambia y la respiración no acompaña cuando debe, hubo un tiempo en que cantabas en un coro rociero... ¿te acuerdas? Claro que me acuerdo, pero eso... Eso, también pasó.
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