DESDE QUE TODO ES POSIBLE




DESDE QUE TODO ES POSIBLE

Desde que todo es posible, que con un  ordenador, sin más arma que las teclas, bien utilizadas, se puede lograr todo, todo, desde dar clases, resolver un problema o provocarlo, no es necesario estar presente, te identificas, conectas con el otro y él, dando fe de quién eres, atiende tu solicitud, para bien o para mal. puedes atender una reclamación de deuda, pagar una factura desde tu cuenta o la hipoteca de tu casa, o una multa que te ha llegado ayer de tu viaje a Granada el verano pasado, comprar ropa por catálogo, comprometer el banquete de una boda...
Desde que el uso de INTERNET tomó carta de naturaleza, nos sentimos poderosos... Tan por encima de todo, nos creemos capaces de todo, emperadores de nosotros mismos y, de pronto...
De pronto, la Naturaleza se rebela y aunque al principio nadie quería creer que aquello estuviese pasando, que era una bobadita más de los chinos, que esas cosas solo le pueden pasar a ellos, porque, ya sabe usted, los chinos...
Y los chinos pararon la vida de Wuham, una ciudad tan grande como Madrid dos veces y todo el mundo iba con una mascarilla y a todas horas había alguien que les paraba para tomarles la temperatura apuntando con un aparato, como una pistola de juguete en la frente, y entonces, al ver esas imágenes en la televisión, corrieron rumores de todo tipo, hasta que la chispa saltó en muchos sitios a la vez y la OMS alertó de un virus, y todos confinados, igual que los chinos, y se paró la vida, los proyectos quedaron parados, nadie tenía libertad de movimientos sin estar debidamente autorizado, la que ganó con todo esto fue la Madre Naturaleza que respiró de la agresión de los hombres, y se redujo en un noventa por ciento el uso de los aviones, los trenes, los coches... que antes, aunque contaminaban el ambiente de las ciudades no nos importaba demasiado.
Desde el momento en que el presidente habló en televisión diciendo la gravedad del problema, las ciudades empezaron a parecer unas ciudades fantasmas, solo los animales campaban a sus anchas, cruzaban, pausadamente, sin ningún temor, las carreteras, el agua volvió por su antiguo cauce y los pájaros, las palomas, los linces, los lobos, todos los animales, corrían de aquí para allá libres como nunca.
Se acabó el atesorar de los poderosos, porque no podía ser normal  que el armamento que compraban los países para mas tarde destruirlo sin haberlo usado gracias a Dios o los alimentos que se tiraban al mar para que no bajasen los precios mientras en otra parte, los hombres se mueren de hambre. Ahora estamos en otra situación, son los parados, los que han quedado sin ningún ingreso los que van al Banco de Alimentos en busca de ayuda mientras los grandes hombres que tienen los hoteles mastodónticos vacios, los yates sin combustible despiden a los empleados que ahora, con la inmovilidad que provoca el virus, ya no necesitan. Ellos solos se apañan. Acaban de dejar atrás todo ese poder que les hacía importantes, les asusta pensar qué van a hacer con tantas propiedades que no sirven para nada, solo pueden contar con la tarjeta de crédito, no se fían de la secretaria, el chofer, los camareros ni la señora que se encarga de llevar adelante la casa, no se fían de que estén sanos, porque. ¿Y si tienen el virus?
Y todo porque un día, por sorpresa para todos, la Naturaleza se rebeló, desde ese momento esos señores tan poderosos y con el virus les invadió el miedo, porque, qué podían hacer si entraba el virus en sus orondos cuerpecitos, podrían perderlo todo, hasta la vida.
Ahora han entendido el aviso, su obsesión es que el gobierno actúe, que encuentren la vacuna porque, hay que tomar conciencia de que hay... millones de seres humanos en peligro... Además, sus hoteles vacíos sin turistas son una imagen desoladora, sí, es urgente ver la forma de encontrar una vacuna contra ese virus que nos destruye... 
Si en lugar de comprar armamento se hubiese utilizado ese dinero para que los hospitales estuviesen bien dotados... Pero, ¿quién iba a pensar en algo así? Todo estaba muy bien organizado, cada uno en su sitio, cada cual ocupado en lo suyo y todo en orden... 
Están muertos de miedo, hay caído algunos y eso es un toque de atención, antes no pasaban estas cosas... antes, en fin, nos tendremos que quedar en la finca, sin los criados, temerosos de todo, apañándose solos para todo, atentos a lo que le decían en sus flamantes equipos de televisión, pendientes de las llamadas de sus contactos... Sí, nos quedamos sin las cosas que antes llenaban nuestras vidas, ahora, es una gran suerte, un regalo, poder celebrar el cumpleaños del abuelo, las bodas de oro de unos amigos, ir a un concierto, celebrar una boda en un hotel de carretera con seis o siete invitados, viajar en el coche hasta la casa de la playa con el frasco de gel y los guantes para pasar el verano como antaño, cuando teníamos pocos años y muchos sueños.
Todo lo que teníamos hasta hace unos meses, lo que habíamos logrado en muchos años de trabajo,  nos lo quitó un bichito invisible, la salud, la esperanza, la tranquilidad, todo y ¿que podemos hacer? NADA, absolutamente nada. 
O quizá sí, tenemos la oportunidad de ser más humildes, saber que no nos queda otra que lavarnos las manos a cada paso, usar gel y caminar por la vida como bandoleros, con la mascarilla puesta, así, a lo mejor, solo a lo mejor, saldremos de esta pandemia, hasta la siguiente.

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