FERNANDO VII, el rey felón.
Fernando VII, el rey felón.
Cuando Carlos IV, hizo
las maletas y escapó a Francia con toda la familia real ante la invasión de España por parte de las tropas de Napoleón, pudo verse la debilidad de
carácter de Fernando, su hijo, al solicitar ser adoptado por Napoleón mientras José I, se
hacía con la corona de España.
Esa fué la primera demostración del caracter, o mejor, de la falta de caracter del que sería Fernando VII, rey de España.
Esa fué la primera demostración del caracter, o mejor, de la falta de caracter del que sería Fernando VII, rey de España.
Fernando VII, el Deseado. menos mal que Napoleón, comprobó la catadura de Fernando y despreció su ofrecimiento ya que ni siquiera
respondió a tan vil carta.
Mi mayor deseo es ser hijo adoptivo
de S. M. el emperador nuestro soberano. Yo me creo merecedor de esta adopción
que verdaderamente haría la felicidad de mi vida, tanto por mi amor y afecto a
la sagrada persona de S. M., como por mi sumisión y entera obediencia a sus
intenciones y deseos.
Tuvo que ser el pueblo español el
que, amotinado contra el usurpador, tras seis dolorosos años de lucha, consiguió
hacer huir al intruso tras la derrota de Arapiles.
Antes, en 1812, los más preclaros
hombres del país, habían redactado la Constitución de Cádiz, que lleva fecha de 19 de marzo de 1812, vulgarmente conocida como LA PEPA una Constitución que debía dar un aire nuevo a
esa España devastada por el invasor.
Napoleón devolvió el trono de España a Fernando, por el tratado de Valencay, el 13 de
marzo de 1814 y en cuanto entró en España, el 22 de marzo, por Gerona, se dirigió por Zaragoza hasta Valencia donde firmó el Decreto de Supresión de la Constitución de Cádiz y la restauración del absolutismo.
Naturalmente, los gobiernos formados por Fernando VII no se ajustaban, ni mucho menos, a las
necesidades del pueblo, ni lograban calmar los ánimos. No era aquello por lo que habían luchado.
Las penurias y el clamor popular animó a que en 1820 tuviese
lugar el pronunciamiento militar que restablecio la Constitución de Cádiz, ese periodo fue llamado el Trienio Liberal.
Mientras tanto. Fernando VII, intrigó y movió los hilos haciendo valer su poder hasta que consiguió, mientras aparentaba acatar el régimen
constitucional, derogar la Constitución
y volver al régimen absolutistas. Y lo logró en 1823.
Este cambio de rumbo hacía el absolutismo más extremo, que duró hasta la muerte de Fernando VII en 1833 a los 48 años, dió lugar a una época denominada La Década
Ominosa, en la que reinó con mano de hierro y con una feroz represión hacía los exaltados y disidentes, provocando un profundo descontento, incluso en los círculos absolutistas más moderados.
Estos grupos buscaron la forma de cambiar la situación y el medio que vieron fué apoyar los derechos sucesorios al trono del hermano del rey, el infante Carlos María Isidro.
Viendo como iban desarrollandose los acontecimiento y temiendo por su situación y la de su hija Isabel, la esposa de Fernando VII con las mañas de que fué capaz, consiguió que el secretario de su marido, de común acuerdo con el Consejo de Gobierno, pasase a la firma del rey, ya muy enfermo, el documento por el que se abolía la ley que prohibía reinar a las mujeres y, de esa forma, Isabel pasaba a ser sucesora a titulo de reina.
En el mismo acto del fallecimiento de Fernando VII, al hacer mención la viuda del Rey de que la heredera al trono era su hija Isabel y al ver los apoyos con que contaba en la Corte y el gobierno, los que apoyaban a Don Carlos declararon la Primera Guerra Carlista.
La llegada al trono de España de Isabel, en circunstancias tan extrañas y entre tantas intrigas, unidas al desgaste de la guerra con su tío hicieron que sus sucesivos gobiernos fuesen muy inestables y esto terminó con su destitución.
La Reina Isabel se refugió en Francia, en un palacio que le proporcionó su amiga Eugenia de Montijo, esposa de Napoleón III.
La Reina Isabel se refugió en Francia, en un palacio que le proporcionó su amiga Eugenia de Montijo, esposa de Napoleón III.
La historia describe a Fernando VII como un rey muy débil, con muy poca capacidad para enfrentarse a los
problemas que le tocó afrontar en su reinado.
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