¿Por qué se fue Juan?



¿Por qué se fué Juan?
                                               

    Es sábado por la tarde, Juan llega cansado del trabajo, son casi dos horas de coche hasta casa, no desea otra cosa que dejarse caer en el sofá y cerrar los ojos un largo rato. Suele ocurrirle a final de semana, se acumula la tensión y cerrar los temas suele agobiarle. Llueve en la calle, deja la gabardina y la cartera a la entrada, desde el recibidor oye la televisión encendida, Marta, su mujer, como cada sábado, sigue una de esas películas policiacas de Antena 3. Procurando no hacer ruido, pasa a la cocina y se prepara un café, con la taza en un platillo entra en el salón y se sienta a su lado.
    Marta, sin volverse, mira fijamente a la pantalla, le pide silencio poniendo su dedo índice de la mano derecha sobre los labios.
    Juan,  se siente molesto por el recibimiento  y por eso, para incordiar, sorbe aparatosamente el café, sabe que a Marta le molesta y durante unos minutos sigue la trama de la película, totalmente previsible, solo cuando comienza la publicidad, pregunta a Marta.
    -Marta, cariño, ¿tú serías capaz de mentir para protegerme de un crimen?
     Marta suspira profundamente y, mirando de hito en hito a su marido, con indiferencia, responde:
-¿Cometer tú un crimen? ¡Qué disparate!, ¿Te ha ocurrido algo en el trabajo?
    -Dame al menos un beso, mujer, que llevo aquí un ratito y ni me has dirigido la palabra, ni parece que te importe nada mi presencia.
    Por compormiso, sin el menor sentimiento, le busca la cara y le da un beso de refilón           
    -Qué pregunta más tonta.Tú no eres capaz de matar. Bueno, por no matar, no matas ni el tiempo… ¿De dónde has sacado esa estupidez? ¡ah!, ya, la película... Está interesante ¿verdad?
    Juan baja los ojos y se queda unos segundos mirándose los zapatos, luego, deja la taza en la mesita de centro y vuelve a preguntar.           
    -¿Serías capaz? – breve pausa -. Necesito saber...            
    Es ahora, por la insistencia de su marido, cuando Marta, fuera de sí, grita.           
    -¿Qué te han dado a ti? ¿O es que pretendes sacarme de quicio?            
    Juan, ahora muy serio,  insiste:            
    -Verás, Marta, necesito saber si estarías dispuesta a jurar. ya te contaré los detalles, que ayer pasé la noche aquí,, en casa, que no salimos, que nadie nos vio porque celebrábamos algo, lo que sea, eso no es importante… -Ahora habla con más fuerza-, quiero saber si mentirías por mí… si estoy a salvo de…
    Marta interrumpe de nuevo a su marido, irritada
  -Juan,  ayer estuviste en Madrid por el tema de la financiación esa...
    -Sí, claro, de eso se trata, necesito que digas que ayer, fíjate bien, ayer, estuve aquí todo el día, que celebramos... lo que sea, ya se nos ocurrirá algo, y que no salimos de casa...
    -Paparruchas, tú me quieres liar con el tema de la pelicula, pero no...
    La cara extremadamente seria de su marido la asusta.
    -En absoluto, cariño, verás, ayer tuve un mal día. Alguien a quien he estado evitando durante años, apareció de pronto y tuve que acabar con él. Está en el maletero del coche. Si prometes ayudarme podríamos…
    Marta, fuera de sí, grita.
     -Nada de podríamos ¿qué te has creído? ¿Qué puedes venir aquí y pedirme que yo… por tu cara bonita… te ayude a…
    -No, escucha, sé razonable, ahora, cuando salga, cierras con llave. En un par de horas, tres a lo sumo, vuelvo y ya tranquilamente, preparamos la estrategia.
    Marta, en pié, mirándole de arriba abajo y aparentando una tranquilidad que está muy lejos de sentir, señala la puerta de la calle y dice masticando muy lentamente las palabras.
    -¡Largo! No quiero saber  nada más de ti. ¡Ah! Y procura que nadie me pregunte, porque, si depende de mí… ¡No te salva ni Dios!
    Juan da media vuelta, recoge la gabardina, se la pone con calma, mira unos segundos a su alrededor y después se dirige lentamente hacía la puerta de la calle, ya con la mano derecha en el pomo, dice con firmeza:
    -Nadie te preguntará por mí, -sonríe complacido-, puedes estar tranquila, pero a ti, enterate bien, Marta, no se te olvidará jamás esta conversación.
    Sale cerrando la puerta tras de sí con un portazo.

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