La despedida -Microrrelato-
La habitación permanece en una extraña semipenumbra, Jaime, entra y siente un escalofrío al descubrir la cara, amarillenta, de su amigo, la extrema delgadez, la mirada, de perro apaleado, fija en un punto indefinido de la sala.
Desde el sillón de orejas, Tomas no dice nada, pasan unos minutos en los que solo su entrecortada respiración denota que se ha dado cuenta de la presencia de Jaime. Luego, una voz ronca, extraña para ambos, dice:
Desde el sillón de orejas, Tomas no dice nada, pasan unos minutos en los que solo su entrecortada respiración denota que se ha dado cuenta de la presencia de Jaime. Luego, una voz ronca, extraña para ambos, dice:
-Agradezco mucho tu visita Jaime, mucho, ¿quién te lo dijo?
Jaime se remueve incómodo, duda antes de responder.
-He venido porque en la oficina comentaron que...
-Tengo cáncer... y, ¿sabes? solo me apetece estar así, en penumbra... y recordar...
-¿Recordar qué?
-Todo, las cosas que debí hacer y no me atreví...¡Si tuvieramos presente que estas cosas ocurren.!.
-Lo sabemos Tomás, todos sabemos, que estamos de paso...
-Sí, vale, de acuerdo...- Jaime mira obsesionado a su amigo de siempre que ahora era solo aquel hombre calvo, flaco, escondido detrás de su bata blanca e intenta reconocer en él al hombre inteligente que siempre había sido-
-Sí, Jaime, sí, entré en la consulta pensando que tenía un problema de tabaquismo y... me dijeron la verdad, así, como el que pide un café con leche... y yo me pregunto Jaime, me pregunto... ¿Es cristiano decir a otro... que está condenado?. Con qué derecho puedes arrancarle a nadie la ilusión, las ganas, la esperanza... en aras de la honestidad médica... El muy... Según él, era conveniente informarme para que yo, con calma, reflexivamente, dejara las cosas arregladas, pudiera despedirme, cerrar asuntos... ¿Es o no es una canallada?, será una eminencia pero... a mí, Jaime, -casi llora- a mí me ha adelantado la muerte...
-Sí, Jaime, sí, entré en la consulta pensando que tenía un problema de tabaquismo y... me dijeron la verdad, así, como el que pide un café con leche... y yo me pregunto Jaime, me pregunto... ¿Es cristiano decir a otro... que está condenado?. Con qué derecho puedes arrancarle a nadie la ilusión, las ganas, la esperanza... en aras de la honestidad médica... El muy... Según él, era conveniente informarme para que yo, con calma, reflexivamente, dejara las cosas arregladas, pudiera despedirme, cerrar asuntos... ¿Es o no es una canallada?, será una eminencia pero... a mí, Jaime, -casi llora- a mí me ha adelantado la muerte...
-Cumplía con su deber Tomás, seguro que...
-¡Ah!, esa es otra... ¿te he dicho que no me entró ni frío ni calor?
-En la oficina comentaron eso, que te lo habías tomado muy bien... que hasta... estuviste cantando... Que tu hijo no se atrevía a mirarte a través del retrovisor... Seguramente pensaba que te había afectado demasiado... Como tú siempre das esas soluciones tan drásticas en tus relatos...
- ¡Y qué esperaba! Que me echase a llorar... solo porque voy a morirme... ¡qué estupidez!. Todos vamos a morirnos... yo al menos sé que no me queda tiempo que perder en tonterías...
-Sí, claro, visto así... Pero saber...
-¿Saber qué? La fecha... Tranquilo, no pienso preparar una lista de agravios, ni voy a llamar a capítulo a nadie para ajustar cuentas, sería absurdo andar con explicaciones... Llamar a los amigos o a los enemigos para pedir perdón o dar las gracias... Jugar a la lágrima... No, de eso nada, váyase lo uno por lo otro, y santas pascuas...
-Comentaron que tu hijo y tú pasais largos ratos hablando de política, de libros, ¡ah!, por cierto, ¿cómo va el libro que tienes en máquinas?
-En máquinas, tú lo has dicho... saldrá en Navidad... Demasiado tarde para mí...
-¡Quien sabe!, a veces... los médicos se equivocan...tal vez la quimioterapia...
-¡Que no, Jaime, qué no! No menosprecies mi inteligencia... en un par de semanas vendrán a visitarme los de paliativos con sus pastillitas y sus parches... Y a partir de ahí, lo mismo da dos meses que dos horas, casi mejor las horas... por lo de los dolores ¿sabes?.
-¡Pues si que tienes hoy mal día!, no debí venir...
-Perdona, tienes razón, es que ¿sabes? me sulfura ver a Pura y a los chicos ahí, esperando... con miedo a molestar, como si fuese un apestado. ¿Sabes que me recuerdan?
-No, ¿qué?
-Los soldados que se jugaban a los dados la túnica de Jesús...
-No seas bruto, Tomás, ellos te quieren... pero... ¿cómo te diría? No saben cómo estar a tu lado...
-Estando, ¡no te amuela!. ¿No han visto cómo me lo tomo? Pues eso, lo que ahora necesito es que estén aquí, mirarnos a los ojos, despedirnos... ¿O no?
Sin replicar, Jaime, se incorpora y sale de la habitación sin hacer ruido, minutos después Pura y los dos pequeños pasan a la habitación sin encender la luz.
Tomas sonríe en silencio.
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